miércoles, 12 de marzo de 2008

Vértigo

No voy a hablar de las elecciones, para qué. Los resultados son los resultados y en cierto modo, no me sorprenden, más bien al contrario, casi me seducen en el sentido de que abren un futuro incierto e interesante para la izquierda anticapitalista del estado. Ya veremos.
En otro desorden de cosas, sí quisiera hablar del chikichiki, esa canción absurda y desquiciada que anda sembrando la polémica en todas las cafeterías del país.
Debo de decir que a mí me parece estupendo que de una vez por todas nos tomemos con el choteo debido el espanto hortera que es Eurovisión, que por fin nos demos cuenta de que hay que acabar con las reuniones familiares en torno al Lá-lá-lá de Massiel y que entendamos -ya era hora- que la imagen de nuestra nación (¿qùé es eso?) no queda manchada porque presentemos a un tipo que va para allá a hacer el ridículo y bastante bien, por cierto.

No se me malinterprete, yo no soy un purista de la televisión. Consumo mucha basura, la cual recibo a través de la caja tonta y de otros miles de emisores de idiotez, entre ellos, por supuesto, este blog. La basura me gusta en la medida en que mi cuerpo la tolera. Por eso veo el programa de Curri Valenzuela o escucho de vez en cuando a Fede Jiménez Losantos (una dosis de cabreo e indignación siempre es recomendable), por eso leo los periódicos, por eso veo la televisión y el fútbol, por eso veo en ocasiones contadas algún programa de corazón, por eso me enganché a Hotel Glam y por eso he votado y me emborracho muchas noches. La frivolidad es un grado, no lo olvidemos. Quien no es capaz de ser frívolo es idiota, triste y sobre todo, peligroso.
Sin embargo, como en todo, hay grados. Y lo que mi frivolidad nunca ha sido capaz de tolerar son los concursos de talentos y sobre todo, ese género de programas de triunfo y fama que empezaron con OT y que en los últimos tiempos han experimentado un espeluznante ascenso. Esa basura, ese estiércol infame rebasa con creces mi límite y me produce los escalofríos del que sabe que se están creando monstruos que algún día se nos escaparán de las manos.


Por todo ello, la irrupción del chikichiki me parece una buena noticia que, además, posee una altura musical infinitamente mayor que la canción aquella de Rosa de España y demás chirigotas triunfitas. No se puede aceptar que desde la todopoderosa televisión se perpetúe un mensaje poco menos que aborrecible, como el de que en esta vida lo importante son los "sueños" laborales, el triunfo económico y la fama televisiva. Da vértigo ¿no?
Es el momento por tanto de acabar con Eurovisión, Miss España y el resto de concursos de mediocridad. Y a aquellos que piensan que el chikichiki va a dar una imagen penosa de España les sugiero que reflexionen y se den cuenta de que Eurovisión no representa nada, entre otras muchas cosas porque nadie ni nada puede representar a España, que ya se sabe, es al igual que el resto de países, una palabra hueca y asesina para nombrar un pedazo de tierra y separar de paso a unos de otros con el único fin de competir, esa palabra tan asesina o más que la anterior y a la que algún día, le dedicaré un post de este caótico y telebasuril blog. Que ustedes lo pasen bien.

1 comentario:

Marc Miró dijo...

La puta y el trapecista, que flipada!

andaba yo buscando un entreno para trapecistas, quizás se me contagie, y ZAS aparece en el goggle este blog. ¿Es fantastico no cres?. Que libertad de alma disfrutas; la conozco pues de la misma yo también gozo.

Estos últimos días he vuelto a volar libre, creo que algo tan bueno ha de ser pecado mortal pues disfruto de cada momento de esta nueva libertad.

Vuelvo a crear, aunque sólo sea en las libretas de notas o en el cuaderno de dibujo, pero vuelvo a notar ese hormigeo en los dedos y el corazón que me dice que ADELANTE.

Ahora mismo asi lo siento, y es cochinamente verdad que es en estos momentos cuando uno vive la vida en el más serio de los sentidos.

Bueno ya está dicho, hasta pronto

amor y libertad

Marc