jueves, 5 de abril de 2012

Según se mire

Se fue el 2011 y llegó el 2012, último año del planeta según algunas supersticiones que quizá no van del todo desencaminadas.
No digo esto porque conceda ninguna importancia real a los vaticinios catastrofistas sobre la destrucción física de la Tierra, sino por otros augurios, más políticos o economicistas, que tienen que ver con el desmantelamiento del Estado del medioestar y la aniquilación de muchas (puede que todas) de las conquistas sociales y laborales arrancadas por el movimiento obrero durante años de empeño.
El horno no está para bollos y ahora que la semana santa acerca su aliento, aparco las preocupaciones por el futuro de mi clase y me dedico a preparar las maletas para poner rumbo a la tierra paterna, Lucena, pueblo o ciudad a medio caballo entre la industria y la jornalería del olivo, que se viste en estas fiestas con la túnica de los pasos, el capirote de los penitentes y la música de las saetas, todo con regusto de fino seco y aroma de incienso espeso.
Voy allí con ganas de descansar y disfrutar de una de mis contradicciones: mi propensión estética por la imaginería católica.
Pero también, y eso es casi más importante, voy allí para pasar unos días al lado de ella, que es, con diferencia, lo mejor que me ha pasado últimamente.



Un año es mucho o poco tiempo, según se mire, pero a mí este último se me ha pasado volando entre sonrisas, complicidad y espera. No soy dado a verter aquí elementos relacionados con mi vida personal. Me parece obsceno o pornográfico, pero hoy rompo tímidamente mi norma interna para agradecer, aunque sólo sea de manera indirecta, la suerte que he tenido encontrando a Esther.
Todo el mundo debiera tener derecho a ser feliz, igual que a poseer una vivienda y un trabajo. No todos lo consiguen, no todos pueden experimentar la sensación de levantarse por las mañanas de buen humor porque existe alguien que siempre está ahí, a las duras y a las maduras, con vocación de apoyo y amuleto. Compadezo a los que no lo viven, porque es una de las cosas más hermosas que existen en la vida.
Yo estoy de suerte. Tengo vacaciones, amigos, y puedo viajar a un pueblo hermoso. Y disfrutar del rito pagano de una religión que aborrezco. Y pasear (hueco reservado en el domingo) por las calles misteriosas y secretas de Córdoba. Y reír con mis padres y sus amigos. Y un montón de cosas más.
Pero además, puedo hacerlo todo junto a ella y eso, perdonen la esperanza, es un regalo extra que la vida me ha plantado en las narices sin apenas esperarlo. Un año es poco o mucho tiempo, según se mire, pero para mí, sobre todo, ha sido un regalo que espero que no termine nunca. Que pasen todos unas felices vacaciones.

domingo, 1 de abril de 2012

El arma que nos queda

Hace tiempo ya que no me asomo por aquí. Será porque no tengo nada que decir o porque lo que tengo que decir lo digo en otras partes... o puede que sólo sea porque me da mucha pereza esto del blog.
El caso es que el jueves pasado hubo Huelga General en el estado español, supongo que se habrán enterado. Los motivos son tan evidentes que glosarlos aquí sería ridículo. Baste decir que, como dice la proclama de los sindicatos, nos lo quieren robar todo. Y yo, lógicamente, me sumé a la convocatoria y estuve en varios piquetes (desenterrado de los confines del armario el chándal que nunca uso) y en la manifestación de la tarde.
Lo pasé bien porque para mí la huelga es una fiesta de autoafirmación identitaria, el reflejo de la pertenencia a una clase social y económica que, como siempre, está a la baja y perseguida.
Me lo pasé bien, digo, porque la solidaridad contra el patrón es, en el fondo, un vibrante ejemplo de generosidad, porque salir a la calle y cortar la circulación y cerrar establecimientos y gritar contra aquellos que nos mandan hacia el negro agujero de la pobreza es mucho más que un lujo o un derecho; es una obligación moral y ciudadana.


Pinta en bastos, no cabe duda. El actual gobierno de la nación, espoleado por una mayoría absoluta que tiene su germen en una ley electoral injusta, ha tomado la determinación de arrodillarse ante nuestro acreedor alemán y dejarle vía libre para que expolie nuestros recursos, nuestra fuerza productiva y ya de paso nuestros derechos. Continúa el PP la labor iniciada por el PSOE de Zapatero, aunque profundizándola con habilidad de cirujano. Entramos pues en una nueva fase de acumulación de capital. Es el cuento de siempre, la misma mierda de todas las crisis, el runrún del miedo para justificar la atrocidad del latrocinio y la usura de esta panda de caníbales sin entrañas que con una eficacia aplastante combina a Adam Smith con Benito Mussolini. Su plan es claro y conciso: más beneficio, menos derechos.
¿Y ante esto qué hacer? Pues caña al mono y poco más. La guerra ha comenzado: carguen, apunten, fuego. La huelga es el inicio de un proceso que debe culminar con el derrocamiento del gobierno y sus políticas, con la recuperación de la soberanía robada, con la reformulación de nuestro modelo productivo, social y económico. Esto que tenemos no sirve para la gran mayoría y se empieza a comprender que es insostenible que todo el tinglado esté montado por y para cuatro cabrones que presumen de jaguar, yate y cuenta en Suiza.



Después de esta huelga han de venir muchas otras. Cada vez con más apoyo, cada vez con más fuerza, con más esperanza.
El conflicto social es el arma que nos queda y no podemos renunciar a ella. Eso sería un error de consecuencias temibles e imprevisibles, la pala definitiva para cavar la fosa de los derechos que aún hemos retenido.
La pelota tiene que estar en nuestro tejado, en el de los trabajadores y las trabajadoras de este país. Se acabó el delegar en el gobierno, el sindicato, la asociación de vecinos o el árbitro del partido. Ahora hay que implicarse, ahora hay que empaparse hasta los huesos para evitar que nos aplasten. Nosotros hemos de gobernar, nosotros hemos de marcarle la política a los sindicatos, a la asociación y al árbitro. Nosotros y sólo nosotros. La huelga fue un éxito (le pese a quien le pese) pero no será suficiente si el pueblo no persevera en su firmeza ante el ataque del poder.
Yo, que soy escéptico por naturaleza, deseo confiar hoy en nosotros, en los míos, en la clase a la que pertenezco. Me guardo para mí mis reticencias, mis miedos y mi natural desesperanza ante el compromiso ciudadano. No porque esté convencido sino porque me conviene. Porque no tengo más remedio. Porque dependemos de nosotros para cambiar esto y o creemos en nosotros o podemos darnos por jodidos, cosa que a mí, francamente, aún no me apetece. La cosa no ha hecho más que empezar. ¡Viva la Huelga General! (y muchos años, por dios).

martes, 15 de noviembre de 2011

Votaremos a Izquierda Unida, digo yo

Se acerca el 20 de noviembre, fecha mítica en que murieron dos tiranos, uno de ellos demasiado tarde. Francisco Franco, tal vez el hombre más gris, sanguinario, estúpido, ridículo y repugnante de nuestra historia como nación, dejó de respirar entre sudores de sangre en la cama de un hospital para regocijo, como decía la canción, de aquellos hombres y mujeres que desde el infierno (un infierno metafórico que no es infierno sinoparaíso de los justos) esperaban la victoria que la historia les robó.
Treinta y seis años después de tan esperada noticia se celebrarán comicios electorales para designar al partido político que habrá de conducir nuestra nave en estos tiempos tan duros. Todo parece indicar que, para desgracia de nuestro futuro, el ganador de las elecciones será el Partido Popular, que como todo el mundo sabe, es más populista que popular y más lobby que partido. Estamos aviados, aunque en honor a la verdad, entre la gestión reciente del PSOE y la que habrá de venir no existirán demasiadas diferencias.


En una sociedad como la española, tan propensa al bipartidismo estéril y a cierta comodidad intelectual, parece que la ciudadanía está condenada de por vida a elegir entre lo mismo y lo mismo. Sin embargo, un sector de la población (confío en que creciente) tiende a romper las cadenas del bipartidismo y tomar partido por otras fuerzas que representan mejor que el PP y el PSOE lo que ellos piensan y defienden.
Yo siempre he sido de esos. Me la traen floja las opciones de ganar. De hecho la victoria me parece vulgar, muy lejos de la estética y naturaleza del perdedor, que es hermosa (sí, me crié con el referente de Bogart, que casi siempre perdía). Y como soy de izquierdas, pues votaré a IU.
Creo que no seré el único y que mi organización crecerá. El PSOE es un partido que nadie se cree ya, paradigma de la traición a la izquierda y sus ideales, que rescata del cementerio de elefantes a su mamut más histriónico. Nadie puede asumir las propuestas de Rubalcaba con seriedad. Después de la pinza PP-PSOE que ha gobernado los cuatro años, el que haga un discurso teóricamente de izquierda resulta, a falta de un adjetivo mejor, esperpéntico.
UPyD por su parte, se acerca más a una organización de carácter mussoliniano que otra cosa y EQUO (verdes europeos, liberales de derechas con pecas verdes) es el enésimo intento del poder establecido para restar votos a IU cuando parece que está en fase creciente. La izquierda no tiene mucho donde elegir. IU es ahora más que nunca la opción útil.



Pero a la incomparecencia de los contrarios, se suma en este caso que votar a Izquierda Unida es un acto que puede efectuarse por primera vez en mucho tiempo sin la necesidad de taparse la nariz (con la excepción de Cataluña). La oscura etapa de Gaspar Llamazares como coordinador ya pasó. El giro a la izquierda y la ruptura con el seguidismo efectuado a Zapatero es historia. Nos hemos centrado en el discurso hacia la clase trabajadora y nos hemos alejado de la insoportable posmodernidad del gafapastismo de ICV. Cayo Lara, con sus carencias y virtudes, es un trabajador que defiende a los trabajadores y trabajadoras y piensa en lo que ese colectivo piensa. La pioridad es generar empleo y garantizar unas condiciones dignas en el mismo, reforzar lo público, eliminar el poder de la banca hasta nacionalizarla, garantizar las pensiones, etc. Y esas son hoy las prioridades de Izquierda Unida. Habrá que votarla, digo yo.

jueves, 18 de agosto de 2011

El balido de los meapilas

En Madrid hace mucho calor estos días y deambular por las calles antes de las siete de la tarde es una aventura o un desafío para el que me quedan escasas fuerzas. 
Sin embargo, el mes de agosto es tradicionalmente el mes que más me gusta en esta ciudad. El bullicio habitual y la locura de viandantes es sustituida por una plácida tranquilidad que invita al paseo nocturno. Al menos así era hasta que al jefe de estado del Vaticano se le ocurrió la brillante idea de venir a mancillar con su sotana de meapilas y su séquito de jóvenes libres de pecado esta bendita ciudad, laica y republicana.
Ahora salir y encontrarse con las juventudes hitlerianas del papado ensuciando con sus crucifijos y su doble moral las esquinas de mi barrio, es una perspectiva tan aburrida como hiriente. Me sorprende aún así (soy un ingenuo, qué le vamos a hacer) la cantidad descomunal de chavales que han vendido su cerebro a los intereses del clero. Les compadezco, aunque sólo un poco.


Como estoy molesto con tanto cura y tanta monja y tanto odio y tanta cara de virgen y tanto cántico posfascista, me he dedicado los últimos dos días a hacer un poco de activista antimeapilas. El martes salí con algunos compañeros de Izquierda Unida a pegar carteles de la campaña que puso en marcha el área federal de juventud, llamada Madridsinpapa. Repartimos octavillas, pegatinas y ¡anatema! preservativos. También me sorprendió (ingenuo, ya lo he dicho) que las hordas vaticanas se lanzaran con voracidad sobre los profilácticos del pecado, no sé si por qué eran gratis o porque hayan venido con la idea de practicar otras cosas además de la fe inquebrantable al Sumo defensor de pederastas. 
El caso es que de una caja con más de cincuenta condones, ya sólo queda el recuerdo y tal vez algún orgasmo cargado de culpa y condenado a la expiación tras doce avemarías y nueve padrenuestros.
Ayer acudí a la manifestación convocada por Europa Laica y disfruté en compañía de decenas de miles de impíos de la rebelión ciudadana y la protesta. Todo iba de maravilla, hasta que los meapilas vinieron a provocar a la Puerta del Sol.


Hoy la prensa, como es habitual, miente más que habla. Dicen que los manifestantes increpamos a los jóvenes del papa (sí, en minúscula), dicen que les intimidamos o que entramos en la provocación. Es falso, claro, pero eso en esta sociedad de la desinformación parece importar poco. La manifestación fue ejemplar, divertida, espontánea. Y eso a pesar del hartazgo porque se sufrague de nuestros bolsillos la juerga que estos impresentables se están corriendo en Madrid. 
Éramos miles de voces exigiendo respeto a aquellos que hemos decidido no creer, no comulgar con ruedas de molino, no simpatizar con una empresa que se lucra a costa de la fe y del diezmo de los pobres, de un holding que roza las costas del genocidio cuando estigmatiza el uso del condón en África y que tiene ejecutivos (como el Arzobispo de Granada) que justifican el abuso sexual si la mujer aborta. Son gentuza, siervos de un Dios verde billete, lameculos de la desvergüenza, de la estulticia, del odio a lo diferente, homófobos, ignorantes, payasos de un circo que huele a incienso, mirra y mucho oro.
Los conozco bien, he estudiado con ellos, los he sufrido. Sé de su propensión al chantaje, de su infinita capacidad para hacernos sentir culpables, de su maldad profunda amparada en la piedad y el perdón. 


Pero a todo esto hay que añadirle, además, el peloteo que les hace el poder establecido, ese partido que nos desgobierna y que día a día es más represor, más de derechas, más repugnante. El PSOE, lejos de proteger a los desvalidos que ejercen su derecho a la libertad de expresión, mandó cargar a las fuerzas del orden contra nosotros. Violencia injustificada y fuera de lugar para defender al papado. Ya está bien, oiga. Ya está bien.
Se trata de un escándalo sin precedentes y el vaso empieza a estar colmado. No hacen falta más gotas. No queremos más PSOE ni más curas ni más golfos ni más niñatos meapilas en una fila india impecablemente mussoliniana. Los madrileños pedimos que los actos de las sectas los sufraguen ellas y que se les faciliten lugares acordes a su nivel espiritual y humano, como por ejemplo las alcantarillas. Son agresivos, son estúpidos y son peligrosos.
Sí quisiera dejar claro, no obstante, que a mí me parece muy bien que la gente crea, que la gente que pueda, piense que hay un dios y que ese dios es el de Cristo, el de Mahoma o el de Maradona. Me la trae floja, pero que no se metan en mi vida, que no toquen mi dinero, que funcionen de forma autogestionado con lo que le saquen a sus ovejas. Porque empieza a ser ofensivo este motín de desclasados, este balido permanente de cafres, esta cantidad de sociópatas que, con rezar, abortar en Londres y tocar niños pretenden acceder a un cielo negado a toda gente que tiene la mala costumbre de pensar. ¡Que se vayan al Vaticano! ¡O a la mierda! Me es igual.

martes, 22 de febrero de 2011

Carretera y manta

Malí es un país donde confluyen nueve etnias. No son pocas, aunque puede que tampoco sean muchas. La característica que diferencia este país de otros con la misma ebullición de costumbres, credos y culturas es que aquí, salvo escasas excepciones históricas, los diferentes pueblos se llevan razonablemente bien. El mundo debiera tomar nota.

África entera está llena de etnias que conviven de forma irregular, a veces pacíficamente, otras veces bajo el crepitar insistente de las ametralladoras. El hombre occidental dejó una herencia que cada cual valorará: miseria, explotación, hambre, enfermedad y una división del continente trazada con escuadra y cartabón que no es una división sino una salvajada. La sangre que mana como fruto de la misma nos llega en forma de anuncios o películas en blanco y negro para ablandarnos la conciencia. Nos piden dinerito, damos dos perras gordas y volvemos a la cama con la sensación de que somos buenos ciudadanos. Así somos, y yo el primero, en el lado rico del mundo. Miramos para otro lado cuando vemos el devastador legado que hemos repartido o atendemos a la televisión para derramar una lágrima por los niños de las tripas hinchadas y las moscas ronroneantes. Luego a dormir o a ver a Belén Esteban, que estamos muy cansados.

Generalmente nos importa un comino la cultura de los pueblos o su origen, nos da lo mismo si les estamos robando los recursos o esquilmando su futuro. Belén habla de Jesulín y eso es más interesante o menos molesto, tanto da.



Les recomiendo que vengan a Malí (que es una excepción en cuanto a estabilidad política y a convivencia intercultural, ya digo) y hagan inmersión en su universo. No es bueno venir con la idea preconcebida de que tienen mucho que enseñar. Más ajustado a la realidad sería venir con ánimos de aprender. Aquí lo que das y lo que recibes está tan desequilibrado que da vértigo. Sirvan como ejemplo dos lugares que hemos visitado no hace mucho.

El otro día Jan (el profe de Foro de Creadores 2.0 que me relevará en esta aventura) y yo fuimos a Casa Teresa, un hotel restaurante regentado por la susodicha Teresa (mujer para la historia y con historia) y le pedimos que nos llevara a los Makis, los bares ocultos en que los malienses toman cerveza bajo el cobijo de una oscuridad no delatora de su infidelidad mahometana. Alucinamos. Después de internarnos por una abertura de la carretera que no parecía conducir a ningún sitio (o puede que al infierno) desembocamos en un patio transido de motos desvencijadas, construcciones a medio terminar de uralita o madera y olores entremezclados que se definían y se olvidaban a sí mismos entre el orín, la comida humeante, los vapores de las charcas y el dióxido de carbono. Ni que decir tiene que allí no había más tubabus (así nos llaman a los blancos) que nosotros ni más mujeres que Teresa (el Malí femenino generalmente vive recluido en las casas o vendiendo verduras en los puestos ambulantes). No importó; nos sentamos en tres sillas de hierro carcomidas por el óxido, pedimos cerveza, un plato de cerdo asado por valor de 1000 francos cefa y pasamos allí tres horas observando bajo la luz azulada de la luna (luz artificial no hay, ya digo) el Malí que no sale en las guías ni en las oficinas de información turística, la cara B del país que como todas las caras B siempre es más interesante o más auténtica que la otra cara. Fue como un ritual de iniciación, una ceremonia pagana cuya liturgia era la transgresión de los mandamientos religiosos y el respeto mutuo en el anonimato de la penumbra.

Todo el mundo, por muy jodido que esté, desea de vez en cuando tomar unas cervezas y renunciar a la tristeza, aunque sea por diez minutos. Los malienses también, sólo faltaría. Es como ver a Belén Esteban pero sin ver a Belén Esteban, lo cual siempre da buen resultado. Aquí está Malí… parte de él al menos, pensé. La parte urbana y masculina de una sociedad en la que la mujer araña a cada minuto un espacio civil donde desarrollarse, que esa es otra.



¿Y la parte del campo? Pues distinta. Ya había estado en Siby, una pequeña población cercana a Bamako que me impactó por su gente y sus costumbres. Nunca podré olvidar el instante en que mientras visitaba una aldea próxima a la clásica catarata tropical que hay en todos los lugares secos, se me acercó el jefe de la tribu y henchido de orgullo me enseñó sus sacos de trigo (un tesoro para él) antes de invitarme a comer con su familia. Mi gratitud de nuevo para ellos, aunque dudo mucho que lean jamás estas líneas… Pero la de Siby es una historia que contaré otro día.

Este fin de semana visitamos Sikasso. Había oído hablar del Padre Emilio Escudero, un misionero de los padres blancos canadienses que ha pasado cincuenta y un años investigando la cultura senufó, etnia que habita el sur de Malí, parte de Burkina Fasso y Costa de Marfil. Jan y yo pensamos que sería una buena idea visitar su centro, así que el sábado por la mañana madrugamos, nos plantamos en la estación de autobús y compramos dos billetes para Sikasso en la sotrama que salía a las siete de la mañana. Si quieres conocer un lugar ve a su mercado y a su estación de autobuses de bajo coste. No la describiré porque daría para una tetralogía novelesca. Que cada cual se la imagine como pueda.



Tras nueve horas de viaje (para hacer 230 kilómetros, el viaje en sí mismo fue otra aventura imposible de glosar en estas líneas) pisamos la ciudad, tomamos un taxi y aparecimos en el Centro Cultural para el estudio de la cultura Senufó. Emilio no estaba y no regresaría hasta el domingo, pero nos recibieron Zacarías y Gonzalo. El primero es la mano derecha del padre, un senufó que lo mismo traduce que lleva las cuentas que te hace el desayuno, y el segundo un español que por su cuenta y riesgo decidió ir tres meses al centro para hacer inventario fotográfico de los objetos y fetiches que se han ido apilando a través de los decenios en el museo y su almacén. 

Nos instalamos en unas habitaciones baratas, limpias y cómodas y visitamos el centro. Lo que hay allí no tiene precio. Máscaras, figuras de terracota, proverbios y cuentos orales transcritos en senufó y traducidos al francés, cintas de vídeo de costumbres populares y ritos religiosos, grabaciones magnetofónicas de entrevistas y cánticos, fetiches para el cultivo… y un largo etcétera que da buena cuenta de una cultura desconocida hasta ese instante para mí. Los senufó son un pueblo agricultor y ganadero que vive en pequeñas poblaciones, por lo general unifamiliares, y que se caracteriza por su talante pacífico y abierto. Esto lo supimos, muy por encima, de boca de Zacarías y Gonzalo. Después salimos a cenar y dar una vuelta por Sikasso, ciudad limpia y muy tranquila.



Al día siguiente llegó Emilio. Conocerlo ha sido un privilegio que es de agradecer. Es difícil encontrar a alguien con más apertura mental, con tan pocos prejuicios, tan entregado a una causa y a una idea: preservar el pasado para entender el presente y mejorar el futuro. Un sacerdote de los que quedan pocos o nunca hubo demasiados. Fue un encuentro breve pero intenso, que culminó en una charla sobre el futuro de esa obra de recopilación histórica bajo la noche tibia de Sikasso, los tres sentados en patio del jardín del centro junto a Tigri, el perro que custodia aquellos dominios. Hay que ir a Sikasso, conocer a Emilio y visitar las instalaciones del Centro para entender bien la labor que está desarrollando ahí.

Como agria reflexión apuntaré que me preocupó la idea de que todo ese trabajo, fruto de una vida de dedicación a tiempo completo, pueda perderse algún día. Compromiso de todos es poner nuestro grano de arena para que eso no ocurra. Por mi parte haré lo que pueda… y quién sabe, quizás estas líneas sirvan para que alguien ponga su ojo en esta labor y desee contribuir a su continuidad. Ojalá fuera así, todo es posible…

miércoles, 2 de febrero de 2011

La sonrisa sin zapatillas

Era un día frío en Madrid, de esos que parece que no depararán nada demasiado interesante, excepto un resfriado. De pronto el teléfono sonó… era Guillermo, el Jefe de Estudios de Foro de Creadores 2.0. Pensé que sería una llamada destinada a resolver alguna cuestión de la escuela o tal vez para diseñar un programa, puede que sólo para charlar sobre una clase o un alumno que necesitara algo. Pero me equivoqué. Me equivoqué de pleno.

Resultaba que la Fundación Voces se había puesto en contacto con la Escuela para ofrecernos un hermoso proyecto: impartir un curso en Malí de Producción Audiovisual con el objetivo de formar a nuevas generaciones y tratar de aportar así nuestro granito de arena al desarrollo del país. La idea era dar un Taller de seis meses a los alumnos de segundo, tercero y cuarto curso, para lo que deberíamos enviar a profesores de la Escuela a Malí. También se convino realizar un taller de videoclip con los alumnos de quinto año que ocuparía la primera semana de nuestra estancia allí. No nos lo pensamos demasiado y un par de días después ya habíamos dispuesto todo para que la aventura comenzara. El primer mes iría yo para impartir el taller de videoclip y un seminario sobre guión y producción audiovisual y más tarde me relevaría Jan Vilanova, profesor de montaje en la Escuela.

Lo que vino después fue tan rápido que casi no lo recuerdo. En menos de lo que canta un gallo estaba haciendo las maletas, vacunándome de cinco cosas y renovando el pasaporte para tomar dirección a Malí.

El domingo 23 de enero, bien entrada la madrugada, aterrizamos en Bamako, la capital. La expedición estaba formada por Coque, Josemi e Iñaki (tres fantásticos arquitectos del estudio Patrimonio 48 con un proyecto maravilloso para construir una escuela en la ciudad), Ana y Juan (responsables de Voces), el productor musical Fernando Montesinos, el presidente de Sony en España Carlos López, los cantantes David Summers, Ana Torroja, Edurne y Álvaro Benito, y un servidor, Director de la Escuela Foro de Creadores 2.0.

Tras una larga espera para finiquitar nuestros visados pisamos por fin Bamako y tomamos rumbo al hotel. Al día siguiente comenzaba el trabajo. Cada cual tenía sus compromisos y yo debía empezar el taller de videoclip, así que nos fuimos a dormir.



En la mañana del lunes comenzó todo. A la luz del día, Bamako se reveló como una ciudad distinta a todas cuantas había visto antes. No fue la pobreza, no fue la suciedad ni la tierra -roja como la lava- que me teñía los zapatos, no fue el caos crepuscular que invadía las calles o al menos, no fue sólo eso. Fue más que ninguna otra cosa la sonrisa en los rostros, en muchas ocasiones motivada por un secreto ignoto o por una responsabilidad hospitalaria desconocida en occidente. Fue también la sensación de estar en un sueño o en el reflejo de un sueño en el que la vida era otra cosa, no supe intuir qué, pero otra cosa en cualquier caso.

Lo primero que hicimos fue ir al Conservatorio de las Artes a conocer a los alumnos y alumnas del Taller de Videoclip. No fue sencillo encontrarlos, pero tras una ardua búsqueda pudimos comenzar. Rápidamente pude comprobar que su formación dejaba bastante que desear, pero eso es algo lógico en un país en vías de desarrollo (Cuba es un caso aparte) y para eso estábamos allí nosotros: para mejorar esa formación en la medida de nuestras posibilidades.

La tarde transcurrió más o menos normal. Les expliqué el uso básico de la cámara que les habíamos traído (la Canon D5) e hicimos algunas pruebas con ella. Al día siguiente comenzaría el rodaje del videoclip, así que también redactamos un pequeño guión técnico para que nos sirviera de guía en el proceso.

Con esas concluyó la jornada de trabajo y para celebrarlo algunos de los integrantes de la expedición acudimos a la terraza del hotel Mandé a tomar una cerveza sobre el imponente río Níger. Describir la puesta de sol desde ese lugar sería un empeño que llevaría un tiempo del que no dispongo, así que lo dejo abierto a la imaginación del lector, que espero que esté debidamente sugestionada para dicha tarea.



A la mañana siguiente iniciamos el rodaje. La canción sería una versión de Mi primer día, del grupo Los Aslándticos, cantada a varias voces por David Summers, Ana Torroja, Álvaro Benito, Edurne y algunos alumnos de la especialidad de música del Conservatorio.

Mis alumnos y yo estuvimos grabando todo el proceso de la grabación que se produjo en el estudio del Conservatorio y al terminar teníamos casi dos horas de material bruto (no está nada mal).

Luego fuimos a comer al orfanato de Kaddia, situado a pocos metros del Palais de la Culture. Ese fue, quizás, el momento más especial de todo el viaje hasta ahora. Kaddia (quizás no se escriba así, lo ignoro) es una mujer malí que tenía un puesto en la calle y que un buen día decidió dejarlo todo y abrir un orfanato y un restaurante para recoger a los niños abandonados de Bamako y cuidarlos con los pocos recursos que obtuviera del negocio. Una historia de esas que te hace recobrar la fe en el género humano.

El tiempo que pasamos en ese lugar fue de oro. Los niños nos recibieron con los brazos abiertos. De nuevo me volvió a impactar la sonrisa malí, una sonrisa descalza y sincera, rebosante de amor y de ese optimismo intuitivo que sólo puede darse en la niñez. Aún hoy se me pone la carne de gallina sólo con recordarlo. Como dice una amiga mía, en África podrás pasarlo bien o mal, llorar o reír, sentirte solo o acompañado, pero de lo que no cabe duda es de que volverás siendo mejor persona.

En el orfanato también tomamos imágenes de cara al videoclip (el trabajo es lo primero) y tras concluir fuimos al mercado de las artes a comprar unos colchones para que los niños pudieran dormir sobre ellos. Sé que es poca cosa, que no sirve de casi nada y que no es más que un parche, pero bueno… se hizo y punto. Otro día haré la lectura política, que hoy no me apetece.

Así acabó la jornada, sólo quedaba un día para terminar el taller y la cosa iba bastante bien.



El tercer día fue igual de interesante. Viajamos hasta Calabancoró y visitamos los terrenos donde se construirá la Escuela que Voces atesora como su mayor proyecto. Después nos dirigimos, entre interminables caminos de tierra caliza, a la escuela infantil de la que saldrán los niños que completarán sus estudios en la nueva escuela que se piensa levantar. Es difícil, una vez más, referir con palabras lo que uno puede sentir al descender de la furgoneta y verse en medio de un océano de niños y niñas que te dan la mano y la bienvenida, para arrastrarte después entre vítores y sonrisas hacia su patio de recreo, donde te espera una fiesta por todo lo alto en la que una mujer vestida con el traje regional canta una melodía de bienvenida y dos hombres tocan los bongos con excepcional técnica, al menos para un profano en el terreno musical como es mi caso. Cantamos, filmamos, reímos y hasta jugamos un partido de fútbol en el que los españoles no hicimos gala de nuestra condición de campeones del mundo (perdimos por 1-0 y francamente me alegro). Las imágenes que allí rodamos fueron muchas, pero las que se quedaron en el corazón fueron más.

Tras la visita se dio por concluido el taller de videoclip, que arrojó, espero, unos resultados aceptables. Dentro de poco montaremos con los alumnos las imágenes y podremos disfrutar del resultado de nuestro trabajo.

Parte de la expedición se fue esa noche, otros seguimos con esta aventura en Siby y en otros lugares… pero eso lo contaré otro día. Creo que por esta vez es suficiente.

domingo, 2 de enero de 2011

Nuevo Año. Nueva Década

Toca hacer repaso del año muriente, del 2010, quizás porque lo hago todos los primeros de enero y no es plan de faltar a la única cita que llevo a cabo en este blog con mayor o menor escrupulosidad. Habría que hacer repaso a toda una década, pero eso lo dejo para otro día que tenga ganas de análisis irrelevantes o de pajas mentales variadas.
El caso es que si algo cabe destacar de este último año es el tema del que todo el mundo habla, que se agazapa tras el cordero familiar en las mesas navideñas, en la peluquería devastada de rulos y de revistas del corazón, en la verborrea a ratos fascistoide y a ratos campechana de los taxistas de Madrid... Sí, damas y caballeros, hablamos de la crisis, de la crisis dichosa.
Y es que la dichosa crisis está en boca de todo el personal, a veces con asco, a veces con deleite y otras veces como intento un tanto banal de exorcización, como si al ser nombrada su fantasma fuera a esfumarse dejando una peste de azufre y billetera.
La crisis sí es para tanto en contra de lo que dicen los optimistas. Este sistema se ha roto por la mitad y sólo podrá salvarse a través de una reinvención obscena o de una refundación brutal que ha de conducirnos hacia el más desolador de los desfiladeros: la pérdida de libertades y de derechos laborales.
Es muy gracioso, casi todo el mundo se cabrea con los funcionarios, los vagos de los parados y con los inmigrantes. Casi nadie se caga en la puta madre de los bancos, en la degradación moral y política del PSOE, en el pavor ultraliberal del PP, en los delirios parafascistas de UPyD y en la avaricia incontenible de los empresarios. Mola más mirar al vecino y ponerlo verde. Mola más odiar a los que son como tú y hacer del desprecio y la inquina la bandera de nuestros actos.


Este ha sido un año de Huelga General (esperemos que el que viene también lo sea), un año en el que se fueron algunos de los más grandes trapecistas: Manolo Aleixandre, Luis García Berlanga, José Saramago y sobre todo, mi queridísimo Marcelino Camacho.
No me he atrevido a escribir de su muerte en este blog porque aún me duele; aún se me saltan las lágrimas al recordar a su compañera, Josefina Samper, cantando la Internacional ante miles de almas que se debatían, en un desgarrado combate, entre la tristeza y la ternura. Aún me falta el aliento cuando recuerdo aquel día, con apenas quince años, en que conocí a Marcelino y a Josefina en la sede del Partido Comunista de España en el barrio de Carabanchel. Aún se me quedan cortas las palabras o me sangran los dedos cuando trato de llevar a la pantalla la gratitud, el cariño y la admiración que me producen Josefina y Marcelino. Sólo me sale escribir "gracias". Sé que no está a la altura, pero qué le vamos a hacer.
Aquí dejo, para quien quiera verlo, un vídeo que hice sobre la capilla ardiente de Marcelino para el canal de televisión del PCE. Me hubiera gustado que la calidad fuese mejor, pero no tuvimos los medios con los que soñábamos cuando queríamos ser cineastas. Como soy un cenutrio con esto de internet, no tengo ni idea de cómo poner el vídeo directamente en el blog, así que os dejo el enlace. Sólo tenéis que pinchar sobre él.
http://www.youtube.com/watch?v=xJyugZ0Nfy0



Hubo más cosas relevantes este año. A saber... que a los fumadores nos persiguen, que la Pantoja está cerca de la trena, que Belén Esteban es la princesa de no sé qué pueblo, que los obispos vinculan el maltrato con la vida en pecado (pobres pedazos de mierda), que la TDT se ha incorporado al espacio vital de las familias, que hay una cosa que se llama Wikileaks que está poniendo en serios aprietos a la CIA, que el Barcelona le ha metido cinco a los merengues, que los controladores no están contentos, que yo qué se o que qué se yo... Muchas cosas oigan.





Y en el plano personal... pues no sé, ha sido un año raro con sus idas y venidas.
Terminé la novela, rodé reportajes, salí por la noche, paseé a la perra, reí con mi familia y mis amigos, di clases, fui a Cuba un año más, me peleé y me reencontré con el amor de siempre y disfruté en mayor o menor medida de todo lo bueno que me rodea.
Es posible que el mundo esté enfermo, pero yo me siento relativamente saludable aunque no inicie el año con Cuba (este curso dudo mucho que pueda ir, echaré de menos mi paraíso socialista). Un horizonte se abre ante mí, un nuevo año me espera, una década novísima aguarda. Y yo sólo querría, como decía en una de sus películas otro de los trapecistas que se murieron este año, el gran Leslie Nielsen, que mis descendientes pudieran vivir en un mundo en el que pudieran comerse una nutria sin vomitar.
Que tengan todos y todas ustedes un feliz año. Y lo digo de corazón.

sábado, 23 de octubre de 2010

Humanos aperrados, perros humanos

Han pasado muchas cosas los últimos días. Se murieron Labordeta y Manolo Alexandre, (al que conocía de algunas veces y al que tenía un gran aprecio), grandes cada uno en lo suyo,. También comencé las clases y el ritmo de estrés se disparó, no por las clases en sí, sino por todo lo que rodea a estas. Ayer escribí un soneto, sigo con la segunda novela, tengo sueños que sólo son quimeras, no escribo en el blog porque sé que a nadie puede importarle demasiado (y hacen bien) y salgo más de la cuenta por la noche para negar el día.
Esta mañana me despierto y miro facebook. Marruecos prepara una nueva masacre contra el pueblo sahrahui. La historia es un bucle, una puta triste o desheredada que regresa al mismo punto una y otra vez, como una ola de sangre a una orilla de cadávees anónimos. Más muertes de inocentes, esto no tiene fin.
Ando triste estos días, no por una razón concreta sino por muchas. Ninguna parece ser de mucho peso excepto una, que tampoco lo es.



Ayer tuve ensayo con mi grupo de teatro. No estuvo mal, aunque a la obra aún le queda. La cosa se alargó y no volvimos cada uno a nuestro hogar hasta las tres de la mañana. Los viernes, después de ensayar, suelo dormir en casa de mis padres, aquí en Brunete. Llegué cansado, cené algo y puse en el ordenador un capítulo de Frasier (los que me conocen saben que me reconcilia con el mundo). Al cabo de unos pocos minutos estaba profundamente dormido.
No relataré aquí los sueños o pesadillas, porque son personales y porque obedecen a una imbecilidad supina, a una falta de encaje que me resulta preocupante pero de la cual sólo yo soy responsable. El otro día me dijo una amiga que yo era un personaje de otra época y a veces pienso que pueda ser verdad... Qué importa.
El caso es que, en medio de uno de esos sueños-pesadillas, un ruido me despertó. Tardé en despabilarme, en comprender de qué se podía tratar, en descifrar ese zumbido apagado y monótono. De pronto, tas unos segundos de deliberado interés por ignorarlo, lo supe; eran las pezuñas de mi perra (mía, de mis padres y de mi hermana) que acariciaban la puerta de mi habitación con insistencia para hacerme una visita. No pude menos que sonreír.



Me levanté y abrí. Allí estaba ella, saludándome, con el rabo agitándose alocadamente y la respiración entrecortada. Me hice a un lado y pasó como un rayo al interior, del cuarto, avanzó hasta los confines de mi cama y con un salto pulcro y habilidoso se encaramó hacia la superficie. Yo me quedé mirándola largo rato. Ella hizo lo mismo. Fue un silencio prolongado de perros humanizados o de humanos aperrados. Luego me acerqué, me senté en el colchón y Betty (ese es su nombre aunque ninguno la llamemos así) se colocó boca arriba para que le rascase la panza. No pude negarme, es un buen animal.

- Gracias por venir a verme -le dije.

Me miró con comprensión, con la cabeza algo gacha, muy comprensiva. Luego me introduje entre las sábanas y cerré los ojos. Betty se acurrucó bajo mi axila y los dos nos dormimos. No tuve más pesadillas. Sólo sueños. Un poco ingenuos, tal vez, pero claramente soportables.

domingo, 8 de agosto de 2010

La casa recién pintada

Llevo un verano raro, un verano que carece de sentido práctico o que simplemente pasa de largo entre copas nocturnas y nostalgias que ya no son nostalgias sino un afán de venganza.
Me dio igual que España ganse el mundial de fútbol, es más, me dio un poco de rabia. La gente salió a la calle como si el fútbol tuviera importancia, como si no fuera más que un circo bien montado para distraer al personal de lo que se le viene encima.
Me dio igual que prohibieran las corridas en Cataluña (más por nacionalismo que por convicción) y para celebrarlo me fui de capea con unos amigos y le pegué cuatro pases a una vaquilla y una media verónica aceptable.
Me dio igual regresar al purgatorio del pasado. No me arrepiento, no me avergüenzo, pero ahora me da un poco de lástima imaginar el pasado en las manos, mucho más ágiles sin duda, de la raza inferior (el presente le llaman).



Me dio igual no tener dinero. Me dio igual viajar a Barcelona y a la Costa Brava, aunque allí lo pasé muy bien.
Me dio igual el calor, los paseos largos por Madrid, la nevera vacía, el corazón vacío a veces o la cama vacía casi siempre, aunque estuviera ocupada.
Me dio igual la humedad que cubrió mi casa, el martillo de los obreros, el cemento que todo lo ensucia o la pintura que nunca llega, porque todo el mundo sabe que pintar la casa es como empezar de nuevo.


Lo único que no me dio igual, que no me da igual ni dará igual es seguir escribiendo, haber acabado la novela y empezado una nueva, el guión de Óliver Andújar, las risas con los amigos y los libros que se salvaron de aquella humedad gracias al pasado que advirtió una noche (o un día, ya no recuerdo, las noches y los días no son más que la negación del alba o del crepúsculo) del peligro que corrían.
No me dieron igual tampoco, para qué negarlo, tres cerveazas en la Calle Fúcar esquina con Moratín ni el gintonic de luego en el Tomás, no me dio igual regresar a casa y pensar que en las paredes no había humedad sino el rastro, la baba luminosa y enferma, la esperma moribunda de una serpiente, pero me dio igual dormirme luego. Y así lo hice.
No me da igual que no llueva. No me da igual cambiar mensajes por palabras. No me da igual que el 25 la casa esté recién pintada pero el mundo siga desconchado y yo sea un año más viejo.
Me da igual. No me da igual. Hoy me he levantado sonriendo, aunque haya tenido pesadillas.

sábado, 19 de junio de 2010

Apagar la luz

Hoy sólo se puede hablar de Saramago... y cagarse un poco en los dioses por llevárselo antes de tiempo, aunque ya no fuera un chaval.
Nunca fue mi escritor preferido y probablemente nunca lo será. Tampoco importa mucho. He leído varios de sus libros: unos me gustaron más, otros menos. El único que de verdad me entusiasmó fue una novelita corta llamada "El cuento de la isla desconocida", una joya sencilla, clara, arrumbadora, que entraba en el cenagoso terreno de la Burocracia y lloraba desconsolado para que los niños sonrieran.



Saramago, que no Sara Mago (por mucho que las luces culturales de Esperanza Aguirre pugnaran por inventarse una nueva referencia cultural) era un escritor al que las modelos anoréxicas y ricas seguían mucho, sin leerlo eso sí, pero con atención, porque su nombre sonaba en Europa como un referente ético que pocos han logrado igualar.
Como escritor, ya digo, no era para mí un referente. Como persona sí. Militó en el Partido Comunista Portugués hasta el último de sus días, siguió creyendo en que se puede conseguir un mundo mejor sin claudicar a los dictados del mercado y soportó los reveses históricos (algunos merecido y otros no) de una ideología que aún pervive, le pese a quien le pese.
Quiero hablar del Saramago comunista, del Saramago ético, del Saramago persona, porque los pocos que quedan como él se nos van muriendo, porque en pocos lustros se borrará aquello que soñaban, aquello por lo que entregaron sus mejores años.
Al igual que otro comunista muerto, otro referente moral y político (en este caso referente literario además) llamado Manuel Vázquez Montalbán cuando le preguntaban por qué seguía militando en el partido comunista, Saramago hubiera dicho que continuaba porque quería ser el último en apagar la luz. Ninguno de los dos fueron los últimos, pero se agradece el esfuerzo.



Lo último que leí de él fue el prólogo que escribió en "Decidme cómo es un árbol", el excelente libro de memorias de otro de esos referentes humanos, Marcos Ana, al que tengo el placer de conocer y llamar camarada. La injusticia los crió y ellos se juntaron. Feliz contubernio, feliz conspiración del destino.
El mundo te echará de menos, señor Saramago, porque no anda muy sobrado de gente buena. Tu luz se ha apagado, pero la llama de tus palabras y actos permanecerá siempre, o al menos hasta que otro como tú, para desgracia del mundo, apague la otra luz, la luz de la esperanza para un planeta cada día más desesperanzado, y nos vayamos a la mierda. Gracias por todo.

domingo, 18 de abril de 2010

Heridas de bífidus activo

Ayer leí -en realidad me leyeron- una noticia que me fascinó. Un tipo, creo que de Granada, entró en una casa de putas de su pueblo y, pistola en mano, dijo la siguiente frase:

- Esta noche manda mi polla.

El tipo era charcutero. Pidió copas para todos los clientes, cerró la puerta por dentro y retuvo al personal durante más de dos horas sin dar ninguna explicación. Luego la emprendió a hostias con la máquina registradora y robó cien euros. A este hombre le han condenado a cuatro años de cárcel, pero no puedo creerme que fuera un ladrón; es impensable para mí que la razón que le impulsó a entrar al lupanar fuera la de desvalijar la caja. Tiene que haber algo más, estoy seguro.


Quizá este individuo, como otros muchos, se encontraba cansado, quizá no entendía nada de lo que ocurría a su alrededor... Quizá había perdido al póker, su mujer le había dejado, el perro ya no estaba y se sentía solo y furioso. Quizá lamentaba que las madres fueran responsables y ya no diesen de merendar choped a los niños, quizá se estaba lamiendo de las heridas que el actimel y el bífidus activo le hacen al pequeño comercio... O quizá es que, por esa noche, sólo por esa noche, deseaba, como en la canción de José Alfredo Jiménez, seguir siendo el Rey.
No sé cómo se llama, ni quién es, ni a quién vota... y a decir verdad me importa un carajo. Sé que el acto en sí es deleznable, que no tiene ni pizca de heroísmo, que sólo trasluce desesperación. Sin embargo, bajo mi punto de vista nadie puede quitarle la épica, y por una razón inexplicable, casi atávica, no puedo evitar que su acto me conmueva. No puedo, y para ser sinceros tampoco quiero, dejar de sentir una especie de solidaridad absurda contra algo que nadie sabría definir pero todo el mundo sabe que existe y que es algo parecido a la desolación pero tampoco es eso.
Todos, el que más y el que menos alguna vez ha deseado entrar en un rincón recóndito del mundo y gritar:

- Esta noche manda mi polla (o mi coño, según los casos).

Es humano o, al menos, eso me parece hoy.

sábado, 10 de abril de 2010

Vengarse de uno mismo

Decía no recuerdo quién, pero con mucho atino, que escribir es una forma de vengarse de los demás, del mundo y de uno mismo; decía que había que escribir con mala sangre, con furia y con la férrea voluntad de destruir el mal que nos rodea.
No estoy de acuerdo con esas palabras al cien por cien. Hay muy pocas cosas con las que estoy de acuerdo al cien por cien... diría que ninguna. Aún así comparto la visión de la escritura como un acto de venganza, siempre y cuando entendamos que la venganza no tiene por qué ser y de hecho no es en la mayoría de los casos, un sentimiento negativo sino una forma de autosuperación, el motor que a veces nos falta para poder avanzar. En otros casos, como es lógico, es un sentimiento negativo más o menos vinculado con eso que se llama rencor pero tan necesario como el pan y el vino, imprescindible para no convertirnos en estatua de sal.
Yo, a estas alturas de la vida, en que hallo el pesimismo y el optimismo como máximos ridículos y de una pesadez mortal, lo único que quiero a veces es vengarme de mí mismo, sin que ello implique nada demasiado solemne.


Vengarse de uno mismo es una liberación pelín equidistante: ni vuelcas esa furia de la que hablaba contra el resto ni la canalizas del todo hacia ti mismo. Te quedas un poco entre Pinto y Valdemoro, pero funciona. En mi caso, me sirve para no lamentar haber perdido el tiempo, que no duela más de la cuenta haber malgastado tantos años de mi vida en fuegos de artificio o en la esperanza ridícula y literaria de que la confianza no es más que un concepto vacuo y traicionado por los senadores romanos de la miseria moral y del "yo".
La culpa de lo que a uno le pasa siempre la tiene uno, ya sea por acción o por omisión. Quiero pensar que, al menos, eso tendrá relación directa con las consecuencias, que nuestros actos se verán reflejados tiempo después en el currículum y que aquellos que obran con lealtad obtendrán recompensa y aquellos que sólo saben traicionar, mentir, engañar, calumniar, serán desenmascarados.
Es lo que quiero pensar, pero fe no tengo. Nunca la he tenido hacia casi nada... Y cuando la tuve fue peor. Mira cómo estoy ahora: vengándome de mí mismo. Aún así no me quejo. Es una buena ocupación, merezco mi venganza, sólo a través de ella podré abandonar la desazón que me corroe y ante la que no quiero claudicar: que no se puede confiar en nadie. Al vengarme de mí mismo comprenderé que se puede confiar en mucha gente (ahí están la familia, los buenos amigos, etc.), y que el error siempre será depositar la confianza en quien jamás la mereció. Eso es un error propio, no de los demás. Hay que saber elegir, muchacho, esa es la clave.

domingo, 4 de abril de 2010

No es de caballeros

Concluye la Semana Santa y la rememoro corta, breve como el capricho de un niño. No he hecho otra cosa que escribir, leer y tomarme alguna copa, o dicho de otro modo, trabajando casi todo el tiempo. No está mal si, como es mi caso, se disfruta de la escritura como un placer confisacado al terreno laboral para crecimiento de uno mismo.
Por algunos acontecimientos desarrollados recientemente, pensé que estaría triste, pero no es así, para mi más absoluta sorpresa.
La vida es extraña... En estos días he percibido que aquello de lo que siempre desconfié, aquello que pensaba que podría ser doloroso, no lo es tanto si coincide con una sospecha largamente anunciada, crecida en el interior como una sombra, certificada por el silencio y cierta maldad cobijada en la culpa. La traición siempre se ve venir, aunque sea muy de lejos, agazapada en los más oscuros confines del corazón. La traición no es sino la confirmación de la duda... porque dudar en general está bien, pero en ciertas cosas no es más que un reflejo de lo que habrá de venir y, en cierto modo, el origen de la precaución y la prudencia.


Imagino que habrá quien no entienda nada de lo que estoy diciendo, pero creo que todos o casi todos, hemos sentido en algún momento esa desazón infinita de saber aquello que va a ocurrir, de predecir el siguiente paso e intuir en él el aroma del desengaño... Al menos yo me siento afortunado: la experiencia comienza (aunque todavía es muy poca) a ser un grado y me lo tomo de otra manera, con una mayor tranquilidad fruto de esa precacuión y prudencia que sirven de vacuna perfecta.
En fin, ya no estoy triste, ni desencantado siquiera, sólo perplejo de mis reacciones y revelaciones: el mundo no cambiará, los días de la revolución han acabado, las personas no son buenas ni malas sino ambiguas en su mezquindad (entre la cual me incluyo), la estirpe humana se hace daño permanentemente, nuestra raza está condenada a entenderse entre sí sin soportarse, la vida es un carrusel, una tómbola, una puta triste, un trapecista exultante, más compleja y más simple de lo que pensamos, un tostón y una alegría. Nada es negro o blanco, pero tampoco es gris. La psicodelia es un invento como el crecepelo. La Iglesia, el matrimonio, el Estado del Bienestar, los impuestos, el paro, la Semana Santa y hasta el Cristo que la fundó son conceptos vacuos que nos sirven para emplear el tiempo únicamente. Nada vale más que una sonrisa sincera; el contexto importa poco.
¿Quién es feliz? ¿Quién lo intenta? Yo no, desde luego, eso no es de caballeros. Pero trato de sonreír y no estar triste, que es mucho y es nada. Me voy a cenar.

sábado, 13 de febrero de 2010

Cagarse en los dioses (o traumas de un horizonte difuso)

Qué duro es esto de regresar a España tras el placer cubano de escribir, dar clases y deambular los fines de semana por las calles de La Habana. Se hace duro, digo, porque aquí los problemas reales te asaltan cada día, cada noche, para joder el equilibrio perfecto entre la vida que uno ha querido siempre y el exceso de humedad que conforma la Escuela de San Antonio de los Baños.
No voy a hablar de la Cuba política -este año vengo jodido porque me da la impresión de que la gente está cansada de ciertas cosas-, porque ya lo he hecho en muchas ocasiones y además no me apetece.
Únicamente diré que este ha sido el viaje que más raramente he disfrutado. Por un lado, he podido dar un arreón a mi novela que ha llegado casi a las costas de su finalización, he tomado cervezas con mi compadre Juan Madrid, he entablado una gran relación con los alumnos y las alumnas que me tocaron en suerte, fui al Decamerón, fumé un puro, tomé ron, paseé con el otro Juan por la avenida de palmeras, vi a mi buen amigo el aguador, a Jacqueline y a María Julia, a Xenia, Regla y Arturo, a Máximo y el Negro, y disfruté, como siempre, de la inmerecida y desbordada hospitalidad de mi otra familia, la de Cuba, que no es sanguínea pero como si lo fuera Rosa y famillia incluida). Eso y mucho más que aquí no cuento porque presumir de viaje está muy feo. Resumiendo... que me lo he pasado en grande. Pero hay un pero, claro. Siempre ha de haber un "pero".


Todo eso está muy bien, y sin embargo, por otro lado, este año he sentido más que nunca el irme. Estoy más triste que nunca por dejar Cuba. No me acostumbro a estar fuera de ese país, quizá porque allí soy feliz, quizá porque aquí todo resulta menos excitante, más zapateril o aznariano, más Aguirre y Tomás Gómez, menos Fidel y daiquiri, menos calor y malecones; un pelmazo, vaya.
El viaje fue raro, lleno de momentos surrealistas (uno a las puertas del cielo, que diría Bob Dylan) y, a pesar de ciertos desecuentros, vibrante, emocional y apasionado.
Hablo un poco en clave, lo sé, porque las cosas que uno vive se las cuenta a los amigos y no todos los que lean esto tienen por qué serlo.
El caso es que cuando subí al avión en el aeropuerto Martí, tuve la sensación de que no regresaría a esa tierra en mucho tiempo; es es el "pero". Mi horizonte con Cuba y sus experiencias es traumáticamente difuso.
Quizá por eso siento tanta pena, quizá por eso cada jodido segundo pienso en la Escuela, en La Lisa, en la gente estupenda que allí dejo, y me cago en todos los dioses. Luego rectifico, finjo ser un crédulo y le pido a esos dioses en los que no creo que me permitan volver el año que viene. A ellos qué más les da. Que no me jodan.

lunes, 4 de enero de 2010

Feliz 2010

Se acabó el 2009, quién nos lo iba a decir. Un año protagonizado por la crisis del capital, el Barcelona de las Seis copas, cierta sosería intelectual y unos cuantos miles de muertos asesinados por el hambre y la guerra (cómo es la estadística de dura).
En el ámbito personal diré que ha sido un año extraño, a ratos vibrante y a ratos descafeinado. No creo que dentro de treinta años se oiga a nadie decir "Qué año aquel de 2009" ni para bien ni para mal.
La Crisis económica se olvidará, el Barça de las seis copas también, la sosería igual y con los muertos ya se sabe: si no tienen dinero a quién carajo pueden importarle.



El 2010 se presenta como debe presentarse un año: con Cuba a la vista. Me voy el día 13 al país del Daiquirí, la salsa casino y el socialismo caribeño; a la isla aquella donde cualquier situación, por dura que pueda parecer, se resuelve siempre con un gag cómico.
Ya lo he dicho en este blog. En Cuba se escribe mejor que en ninguna parte, en Cuba se leen libros que siempre recordaremos, se conocen personas que nunca olvidaremos y se degusta la rara costumbre de detenerse a observar el tiempo para sacarle el jugo. Allí todo, incluidos los ciclones o la falta de carne de ternera, se toma de otra manera, con tranquilidad y sabiduría, con la certeza de que eso también pasará. quizá por eso me gusta tanto.


Tengo ganas de ver cómo le va a mi isla preferida, a la joya del Caribe, a la hija rebelde de la Madre Patria. Supongo que no tan bien como quisiera, ni tan mal como nos dicen los periódicos en su incansable voluntad de presentar a Cuba como una tierra de opresión que si se ha estado allí se descubre ficticia, fruto del interés extranjero en poder ejercer el papel opresor del que acusa con tanta mala baba.
En cualquier caso hay ganas de liar el petate y llegar al Aeropuerto José Martí y sentir ese golpe de humedad recalentada al descender del avión y ver a la gente que tanto quiero y emborracharme de ron con el Negro y Juanito y fumar cigarros sin boquilla con papel de arroz que sabe a azúcar. Ya queda menos. Feliza año 2010 a todos y todas.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El rubor de Doña Ofelia

Hacía muchísimo que no escribía. No tengo internet en casa, estoy liado en diez mil cosas que empiezan a sobrepasarme y prefiero tomarme una copa cuando tengo un rato libre.
No obstante, como es habitual en mí, regreso a estos lares internautas presa de la indignación más furibunda y presto a liberar la ira acumulada.
Hace mucho que El País me produce vomitona. Hace mucho que lo compro sólo cuando hay un DVD o un libro que me interesa. Hace mucho que más que un periódico me parece una tapadera de agentes de la T.I.A. y que Mortadelo y Filemón son sus reporteros y que El Súper es el Director y Doña Ofelia, la columnista.
Sólo hay un problema: que no tienen ni puta gracia. Es más, se han vendido tanto, y el pescado está tan podrido en sus entrañas , que cualquier persona seria se ríe a carcajadas cuando asiste a los virajes y cambios de rumbo auspiciados por la disputa con el PSOE sobre las concesiones de televisión o cuando lee el vergopnzoso seguimiento que hizo este periódico al Golpe de Estado que se produjo en Honduras. Hace tiempo que perdieron mi respeto. Demasiado tiempo...


Trato de no ser ingenuo. Todos los medios se mueven por intereses políticos, morales, religiosos, deportivos... económicos, vaya. El País no puede ser una excepción, lo sé, lo sé...
Pero hay algo que históricamente ha definido en gan medida la calidad de la prensa española: los columnistas.
El problema de contratar a Doña Ofelia, perdón, Elvira Lindo, es que si algo bueno tenía El País (ciertos columnistas de prestigio), también se lo está cargando.
Resulta que el otro día leí un artículo vergonzoso de Doña Elvira Lindo metiéndose con una compañera y camarada. El anticomunismo es algo que está muy de moda, pero sorprende que la argumentación sobre la que se erige sea tan endeble como la capacidad de venta al por menor de los tiburones de las aguas de Alfaguara. Todos los argumentos giran en torno a calificativos estúpidos, al Gulag y a Yoani Sánchez. Hasta para hacer demagogia hay que tener talento y esta pobre, si exceptuamos la habilidad para contar billetes sucios como bragas de mandriles, carece por completo de esa faceta.
Ni siquiera voy a citar el artículo por no dar publicidad a Doña Ofelia, perdón... cómo se llamaba...



Lo que sí me gustaría es decir un par de cosas:
- Me siento orgulloso de camaradas como Esther López Barcelo, a la que apenas conozco personalmente, pero cuyo comportamiento y sensatez me constan sobradamente.
- Siento vergüenza ajena de ex compañeros de viaje como Elvira Lindo que se han servido de una visión maternalista, estúpida y moralizadora del proletariado para llenarse los bolsillos con las historias de un niño de Carabanchel que no se cree nadie, que se han olvidado de dónde vienen, que ya no soportan el olor de los churros porque no lleva serigrafía de Channel y que se han apuntado al delirio parafascista de UPyD.
Siento profunda vergüenza de alguien que se pretende con la altura moral suficiente para atacar a una persona ejemplar y ganar seiscientos euros con mentiras, frases vacuas, mala leche en dósis siderales y un complejo de idiotez rampante escondido entre la supuesta brillantez de la mercenaria a sueldo del jerifalte corrupto. Que se laven la boca. coño.
Ah, por si acaso no queda claro, la URSS tuvo defectos y muchos. En la URSS se asesinó y se esclavizó, cierto. En la URSS se cometieron tropelías, la mayoría contra buenos comunistas, dicho sea de paso. Nadie lo niega. Pero tampoco se pueden negar los avances espectaculares que se produjeron con respecto a las "democracias occidentales" de entreguerras y posteriores a la II Guerra Mundial.
En cualquier caso, Doña Ofelia, dedíquese a vivir en Nueva York, enamorarse de Mortadelo, conspirar con la T.I.A., ganar mucho dinerito y molar mogollón. Lo único que se le pide es cuando pase a su lado alguien como la compañera Esther López Barceló, mire para abajo y se ruborice mirándose el ombligo, que falta le hace. Es una cuestión de altura moral y de halitosis. Cómo se nota que es anticomunista

viernes, 14 de agosto de 2009

Óxido y salmuera

Vaya verano este, qué poquita cosa. Nunca me ha importado mucho el dinero. Cuando lo tengo lo gasto y no pienso en el futuro, no le doy importancia. Supongo que porque ahorrar no sirve para nada, ya se sabe.
Pero aún así y sintiéndolo mucho, el dinero, la pasta gansa nos permite ciertos lujos que a parte de no ser muy necesarios le aportan sal y azúcar a la vida. Lo que más me jode de no tener manteca es no poder viajar, que para mí es lo más interesante de la vida. Entre Madrid, Brunete y Cebreros me voy a pasar este verano anodino e insulso (vampirismo aparte). No es que me queje, sé que hay gente que lo pasa peor, pero me jode, qué le vamos a hacer.
Aún así, de lo que empiezo a estar seguro es de que pase lo que pase, en septiembre liaré un diminuto petate y me iré a Córdoba, mi ciudad, mi paraíso en la tierra.


Iré por ocio, por política y por vengarme de mí mismo. Las fiestas del PCE, mi partido, se trasladan allí después de suspenderse el año pasado por cuestiones económicas. Cuando me enteré se me hizo un nudo en la garganta. En un principio pensé no ir, porque Córdoba me duele por razones que no vienen al caso. Sin embargo, tras pensarlo con detenimiento, tras sopesar pros y contras, tras entender que me apetecía más que nada en este mundo porque es el PCE, porque es Córdoba, porque me lo merezco, opté por hacer el viaje casi como un peregrino que se convoca a sí mismo para un acto purificador de ruptura con un pasado que le aburre y le tortura sin demasiado sentido. No permitiré que los recuerdos con sabor a metal rancio, a óxido y salmuera, me jodan un sólo minuto más. Ya está bien, coño.
Así que pelillos a la mar, allí estaré. Si alguien quiere verme me encontrará con un mojito, los ojos vidriosos y cantando la Internacional. Aunque también es posible que esté en la Calle de las Flores tomando salmorejo y flamenquines o paseando por el Paseo de Ronda, junto al molino de agua derruido, fumando un cigarro y disfrutando de la mejor de las noches, la que mejor huele, la cordobesa. Venid a la fiesta del PCE, merece la pena, palabra de honor.

jueves, 11 de junio de 2009

La sangre alterada

Los cambios de diversa índole asolan mis días. Verano nuevo, vida nueva: trabajo, soledad, copas con amigos, Auto de fe (recomiendo su lectura), escuelas de letras, mudanza, Aluche, Izquierda Unida, Partido Comunista, póker... de todo, oiga.
Debe de ser cierto aquello de que La primavera (ya muriente) la sangre altera. La sensación es que todo es una tómbola en la que el perrito piloto es el producto estrella y la mini moto (mini qué...) ha pasado a mejor vida. Quedan papeletas de la rifa, pero...
Ayer y anteayer estuve con un amigo (uno de los mejores, si no el mejor) que se halla inmerso en una mala racha pasajera. No me gusta dar consejos porque en esta tómbola cada uno quiere un producto diferente y yo no soy quién para decirle a nadie que el peluche de picachu es una mierda. Lo importante es estar, supongo.


Por eso hoy me apetece darles las gracias a aquellos que están siempre, cada uno a su manera, y les pido disculpas si en alguna ocasión no supe callarme la boca y hacer lo que se debe hacer: brindar apoyo incondicional y punto. Para eso están los amigos.
En estas fechas que anuncian el principio del verano, convocando a la memoria los veranos anteriores en los que siempre algo era distinto, uno se pregunta qué le deparará la época más viva del año. En mi caso parece que vacaciones pocas, que noches divertidas muchas (o eso espero) y que de lo demás (salud, dinero, amor, compra de vaores bursátiles, etc.) no se sabe o no se contesta.
Lo que es seguro es que habrá gente, aquellos a los que llamo amigos, que ahí estarán. A todos ellos, a todas ellas, gracias. Y a aquellos cuya sangre sea alterada por el inevitable cóctel de hormonas, feromonas y hermanos de la misma especie que desatan los efluvios veraniegos... pues paciencia y mi número de teléfono para tomar unas copas, echar unas risas y cantarle al futuro una canción optimista y vengativa con la que mandarle a la mierda en detrimento del presente.

lunes, 8 de junio de 2009

Cursos de verano en guión, narrativa, interpretación y Dirección de Cine


Desde hace algunos meses ando inmerso por completo en un proyecto que no sólo me ilusiona, sino que además supone una de las piedras angulares de mi proyecto de futuro laboral.
Recientemente he fundado junto con Julián Herraiz la Escuela "Forma y Trama. Foro de Creadores". En ella impartiremos cursos relacionados con el mundo del cine, la Literatura y el Teatro.
Si estáis interesados en cursarlos o conocéis a alguien que pueda estarlo, sólo tenéis que escribirnos a formaytrama@gmail.com.
Os dejo el enlace provisional de la escuela.


Espero que os interese.
Un saludo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Europa, Europa

Se acercan las elecciones europeas como quien no quiere la cosa, despacio, sin alterar a nadie, con una importancia sorda que los ciudadanos no estimamos demasiado. Pasamos de puntillas por estos comicios, desmotivados por una clase política a la baja y sin capacidad para articular el horizonte enrojecido que sería deseable.
Yo votaré a IU (vaya novedad) porque es lo que toca. Votaré con algo más de convencimiento que en otras ocasiones aunque me joda sobremanera el hecho de que el número dos de la lista sea de ICV, una formación con escaso perfil político más entregada al gafapastismo y el ecologismo cocopera que a los postulados de la izquierda.

En IU hemos vivido unos últimos meses convulsos: Asamblea Federal con cambio de coordinador y caída de Gaspar (ya era hora), Asamblea Regional de Madrid con salida unitaria (servidor en Presidencia), abandono de Rosa Aguilar en busca de las lentejas avinagradas, sosas e insípidas del PSOE, batacazo en el País Vasco, huida de Kechu Aramburu y un largo etcétera. Me atrevería a decir que todas estas circunstancias (incluido el descenso de voto en Euskadi) son buenas noticias. No puedo por menos que alegrarme del adiós de Rosa Aguilar, ese personaje vacío, oscuro, trepa, pancista y desleal que usaba a IU de una manera descarada para su interés personal.
También me congratulo de que Cayo Lara sea nuestra voz ante la sociedad. Su discurso, comparado con el de Llamazares reconforta a la militancia de bien y supone un soplo de aire fresco para una organización que olía a habitación húmeda y cerrada bajo la losa del gasparismo.
Aún así, preferiría otro candidato que Willy Meyer, preferiría no ir con ICV, preferiría... Pero al menos, y ya es mucho, no me pondré la pinza en la nariz cuando introduzca la papeleta en la urna.


Europa es importante y el hecho de que IU remontase lo sería más. Necesitamos un país con izquierda. El sistema bipartidista americano es una basura que huele a podrido incluso en Dinamarca. El PSOE y el PP han demostrado sobradamente ser el mismo perro con distinto collar. Nos jugamos mucho más que sacar un eurodiputado, nos jugamos que la izquierda siga existiendo. Por eso digo lo de siempre: Vota Izquierda Unida... A ti qué más te da.

Como me ha salido un artículo muy correcto políticamente, me voy a permitir hablar de un tema que me ha sentado a cuerno quemado en las últimas fechas. No es otro que el del vergonzoso intento de ilegalización de Iniciativa Internacionalista. A veces me da vergüenza la estrechez de miras y la soplapollez rampante de la que hacen gala algunos. La sola intención de ilegalizar esa formación es un insulto contra la Democracia. Pero además, para rematar la faena, se ha pretendido desde ciertos sectores criminalizar la figura de un genio, la figura de Alfonso Sastre. Qué vergüenza, no me jodas.
A lo que se agarran los indecentes es a que Iniciativa Internacionalista no condena el terrorismo de ETA. Tal vez sea cierto, ni lo sé ni me importa. Yo lo condeno, como condeno el terrorismo de estado de Israel o EEUU, pero ellos que hagan lo que quieran. ¿O es que por el hecho de pensar distinto de mí les voy a ilegalizar? Eso es fascismo, no se confundan. Yo nunca he oído a nadie del PP condenar el terrorismo, el genocidio, la dictadura atroz del asesino Francisco Franco. ¿Les vamos a ilegalizar por eso? Si mañana se decide ilegalizar la Falange alzaré mi voz en contra. Jamás les votaría pero no por ello creo que se les deba prohibir el sufragio pasivo. seamos más serios que no es tan difícil.

sábado, 11 de abril de 2009

De Madrid al cielo al ritmo del Cachorro

Me quedo en Madrid esta Semana Santa. Cosas de la vida, de la falta de liquidez y de la apatía por viajar al Sur, allá donde estas fechas cobran un significado de incienso, sangre, folclore jondo y hombros reventados por el peso plateresco de los tronos… Allá donde la cera derramada de las velas chirría al día siguiente cuando los coches derrapan por las calles.
Ya lo he dicho aquí en alguna ocasión. La Semana Santa me atrae, no puedo evitarlo. Soy ateo gracias a Dios (bendito Buñuel) y aún así, me quedo embobado con el misterio de los pasos, con el murmullo de los tambores, la pasión de las saetas y la pantomima barroca que evoca la pasión en las viejas de luto y los cofrades escondidos bajo el capuchón de penitentes tras el paso del Cachorro. Todo eso está muy bien, pero como digo, me quedo en casa, en Madrid.


Madrid, como buena capital, vive las fiestas del folclore nacional como de lejos. Le falta chicha, historia, definición cultural (y esa es su mayor virtud). La maravillosa amalgama de culturas y orígenes que confluyen en sus calles la hacen tan impersonal a los ritos ancestrales como personal y distinta en la rutina diaria.
En Madrid nos sobra Gallardón y nos falta pradera de San Isidro, que muere cada año un poco más como casi todas las costumbres endémicas de una ciudad desdibujada que renunció a las gallinejas, los entresijos, las chulapas, los barquillos, las verbenas, los cafésatertuliados y la pronunciación cheli. A cambio uno puede pasear por cualquier calle y disfrutar de la riqueza de otras culturas, que en muchas ocasiones siente más propias que costumbres absurdas (a mi juicio) como las fallas o la tira de la cabra desde el campanario.
Madrid es eso ahora: la ciudad que no pide el carnet de identidad a nadie y acoge al peregrino, la dama de los brazos abiertos, la puta barata que ha envejecido y mejorado con los años para convertirse en un a madre sabia, hermosa y cercana.


Por si no se ha notado, Madrid me encanta, sobre todo en el despoblado verano. Nací aquí y aquí me quedo, como dijo aquel. Viajar es maravilloso hasta en Semana Santa, pero si no se tiene pasta para ello la mejor opción es esta ciudad loca y nocturna que agoniza de vida y palpita de desolación. De Madrid al cielo, que debe de ser La Habana, digo yo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Bandidos

Estoy indignado. Últimamente se habla mucho de la crisis, de las repercusiones financieras de la misma, del horizonte difuso que el sistema capitalista nos arroja y de la refundación del mismo en aras de una depuración económica que permita sobrevivir al bicho neoliberal mientras medio planeta se muere de hambre y el otro medio suda la gota gorda para poder pagar la hipoteca.
En medio de todo esto, los viejos gigantes de la estafa y el pillaje se siguen llenando los bolsillos a costa de la buena fe o la imposibilidad de contestación de la gente. En medio de la proliferación de minuciosos análisis sobre cómo superar la situación actual, las compañías eléctricas abusan de su posición, de la buena fe o la ignorancia del personal y de su indiscutible poder.


Para bien o para mal vivo solo y tengo que pagar el recibo de la luz todos los meses. En enero, como a todos, me arrearon un palo considerable que me sentó mal pero no consiguió del todo moverme a tomar una decisión. Sin embargo, en febrero Unión Fenosa se ha pasado doce pueblos y me ha cobrado una cantidad astronómica que casi cuadruplica lo que había pagado en otras ocasiones. Cómo pueden ser tan vampiros, cómo pueden aprovecharse de las personas de una manera tan descarada, cómo pueden tener la desfachatez de pretender engañar al ciudadano. Todo esto fue lo que pensé en un primer momento. A los pocos segundos una sonrisa brotó en mi cara. Eran preguntas demasiado ingenuas..
Preso del cabreo más absoluto, llamé al número de atención al cliente y una señorita que seguramente estaría muy mal pagada, explotada y aburrida, me informó de que ellos no podían hacer nada más que mandar un técnico para que viese si algún vecino me robaba la luz. Tras aceptar su propuesta, le digo que de todas formas, hay algo más que no marcha, porque conozco a más gente en el mismo caso y no creo que haya habido una ola de delincuencia lumínica a escala nacional. La señorita me dice que si quiero, puedo mirar el contador y ver si ha habido algún error, porque ella no puede hacer mucho más.

Es incréible ¿no les parece? O sea que me toman el pelo, se ríen de mí y encima tengo que bajar yo al cuarto de contadores a riesgo de encontrarme una pareja desfogando sus pasiones. Qué cara hay que tener.
Informé a la señorita de que no pensaba mover un dedo por un error suyo, que ya estaba bien de tanto cachondeo y reiterándole que sabía que ella no tenía la culpa de nada, envié a la mierda a sus jefes y anuncié posibles medidas contra la usura y el descaro de Unión Fenosa.
Mañana voy a la OCU a ver qué pasa. Ya contaré, si me apetece, el desarrollo del asunto.
Sirva de todas formas esta queja para denunciar modestamente a los bandidos que pretenden, a través de medios innobles y vomitivos, aprovecharse de la gente, engañarla y contribuir con su inmundo granito de arena a que esta crisis que ellos han provocado, la paguen los de siempre, los de la clase trabajadora. Cabrones.

lunes, 2 de febrero de 2009

Premios Goya

Ayer se entregaron los premios Goya... y yo con estos pelos. Por primera vez en muchos años eran más las películas que no había visto que las que sí, por primera vez no tenía una favorita (que por cierto nunca gana) y por primera vez en bastante tiempo la gala no me pareció un tostón insufrible.
No es que fuese el paradigma de la diversión y el jolgorio padre, pero tampoco, todo hay que decirlo, estaba al paupérrimo nivel de sus más inmediatas predecesoras (por fin se han llevado a Corbacho, por Dios). La presentadora hizo de presentadora, los chistes fueron los justos (unos mejores y otros peores) y esos chicos de Muchachada Nui, sin ser santo de mi devoción, resultaron aceptables. Tratándose de una gala de premios, yo le daría un holgado aprobado.


No obstante, me gustaría lanzar una pequeña reflexión. En la entrega de premios de ayer se produjo un hecho lamentable. Cuando un tipo calvo y con perilla que había ganado el cortometraje documental se disponía a lanzar el consabido discurso de agradecimiento a papá y mamá (cosa que me parece de lo más normal, dicho sea de paso), la realización del programa decidió cortar su intervención y censurarla.Resulta intolerable que eso ocurra ¿no os parece? O sea, que si Javier Fesser, Penélope Cruz, Benicio del Toro o cualquier otro nos martirizan con nombres que ni nos van ni nos vienen no decimos nada, pero si un completo desconocido, que goza del que probablemente será su único minuto de fama en mucho tiempo, se explaya un poco, metemos la tijera, pasamos a otra cosa y si te he visto no te acuerdo. Es indecente. ¿No somos todos iguales?


He de decir que a mí me parece estupendo que TODO el mundo lance su perorata sobre la ayuda de la prima Pepi y el tito Lolo. Una gala es una gala. Al que no le guste, que cambie de canal. Pero lo que no es de recibo es medir las intervenciones con doble rasero, máxime cuando los que necesitan promoción no son las vacas sagradas precisamente, sino la gente que está empezando. Los Goya se crearon para publicitar el cine español y le hacemos un flaco favor a la industria cuando censuramos a nuestras voces, por muy anónimas que estas sean.
Para terminar, diré que me encantó el discurso de Jesús Franco (enorme personaje) y que vi a Penélope Cruz muy seria. ¿Por qué será, será?

sábado, 17 de enero de 2009

El último encuentro

Hace más o menos un mes, una buena amiga me dejó un libro titulado El último encuentro. El autor era Sandor Marai, un escritor húngaro que pasó de puntillas por el panorama literario durante casi toda su vida, y cuyas obras alcanzaron renombre y notoriedad tras el suicidio del autor unos meses antes de que cayese el Muro. Cuando tomé el libro tenía mucha lectura pendiente, así que lo dejé en la maleta (estaba de viaje) con la intención de leerlo más adelante. A la noche siguiente, antes de ir a dormir, decidí hojearlo para enterarme un poco de qué iba a ir la cosa. Rápidamente el libro me atrapó; ya no supe o no quise dejarlo.


La historia no puede ser más sencilla: dos íntimos amigos se reencuentran tras cuarenta años para cenar juntos, tal vez por última vez, en un viejo caserón de la Hungría imperial. Son ahora dos ancianos que se han mantenido vivos con el único pretexto de encontrarse y vivir la conversación final, el duelo a muerte dialéctico en el que el pasado y la mujer que ambos compartieron se erigen en la espada con la que herir y asesinar al otro.
La novela me impactó. Ha sido una de las sorpresas más gratas con las que me he encontrado en mucho tiempo. En ella Sandor Marai disecciona sin pudor, exento de tapujos y muros morales, la búsqueda de la verdad con mayúsculas, la relación erótica que implica la amistad entre dos personas, el vampirismo casi endémico que sopla su vela, el motor que impulsa la envidia, los celos, la pasión, el amor, la posesión y las pasiones bajas e instintivas del animal humano. Una conversación le basta. La asfixia y la tensión creciente surcan el libro como presencia constante, casi oscura, hasta convertir el relato en un ejercicio insoportable de sinceridad y desnudez. El hombre aparece como una animal sangriento, cazador, que se reconoce en las bestias que aniquila en el campo, que aspira al asesinato y la usurpación como meta vital. Es demoledor.
Recomiendo a cualquiera la lectura de esta enorme obra que a parte de estar cojonudamente escrita, somete al lector a la brutal sacudida de sus cimientos morales. Quizá lo más importante en una novela (además de tener calidad literaria) es provocar preguntas sin respuesta, invitar a la investigación interior, derruir los castillos de naipes que presiden nuestra conducta, conseguir que al cerrar el libro experimentemos una sensación, cualquiera que sea, y sintamos que hemos aprendido algo nuevo del mundo y de nosotros mismos. El último encuentro lo consigue con creces. Me quito el sombrero.