sábado, 19 de junio de 2010

Apagar la luz

Hoy sólo se puede hablar de Saramago... y cagarse un poco en los dioses por llevárselo antes de tiempo, aunque ya no fuera un chaval.
Nunca fue mi escritor preferido y probablemente nunca lo será. Tampoco importa mucho. He leído varios de sus libros: unos me gustaron más, otros menos. El único que de verdad me entusiasmó fue una novelita corta llamada "El cuento de la isla desconocida", una joya sencilla, clara, arrumbadora, que entraba en el cenagoso terreno de la Burocracia y lloraba desconsolado para que los niños sonrieran.



Saramago, que no Sara Mago (por mucho que las luces culturales de Esperanza Aguirre pugnaran por inventarse una nueva referencia cultural) era un escritor al que las modelos anoréxicas y ricas seguían mucho, sin leerlo eso sí, pero con atención, porque su nombre sonaba en Europa como un referente ético que pocos han logrado igualar.
Como escritor, ya digo, no era para mí un referente. Como persona sí. Militó en el Partido Comunista Portugués hasta el último de sus días, siguió creyendo en que se puede conseguir un mundo mejor sin claudicar a los dictados del mercado y soportó los reveses históricos (algunos merecido y otros no) de una ideología que aún pervive, le pese a quien le pese.
Quiero hablar del Saramago comunista, del Saramago ético, del Saramago persona, porque los pocos que quedan como él se nos van muriendo, porque en pocos lustros se borrará aquello que soñaban, aquello por lo que entregaron sus mejores años.
Al igual que otro comunista muerto, otro referente moral y político (en este caso referente literario además) llamado Manuel Vázquez Montalbán cuando le preguntaban por qué seguía militando en el partido comunista, Saramago hubiera dicho que continuaba porque quería ser el último en apagar la luz. Ninguno de los dos fueron los últimos, pero se agradece el esfuerzo.



Lo último que leí de él fue el prólogo que escribió en "Decidme cómo es un árbol", el excelente libro de memorias de otro de esos referentes humanos, Marcos Ana, al que tengo el placer de conocer y llamar camarada. La injusticia los crió y ellos se juntaron. Feliz contubernio, feliz conspiración del destino.
El mundo te echará de menos, señor Saramago, porque no anda muy sobrado de gente buena. Tu luz se ha apagado, pero la llama de tus palabras y actos permanecerá siempre, o al menos hasta que otro como tú, para desgracia del mundo, apague la otra luz, la luz de la esperanza para un planeta cada día más desesperanzado, y nos vayamos a la mierda. Gracias por todo.

1 comentario:

lecorbusier dijo...

te he enlazado en mi otra pagina camarada que lo sepas y espero que tu hagas lo mismo.. jodio