miércoles, 28 de mayo de 2008

La letra pequeña

Todos los contratos traen letra pequeña: todos, es inevitable. Tendemos -al menos yo- a no leerla por pura vaguería en ocasiones o por simple pragmatismo en otras, puesto que su lectura podría implicar arrepentimiento, miedo, incertidumbre, etc. Con los contratos es mejor vivir en la ignorancia y llevarse una sorpresa de vez en cuando que, es cierto, te puede amargar el día o la semana pero no mucho más.
El contrato que lleva consigo mayor cantidad de disposiciones adicionales en forma de diminutos párrafos a pie de página es el de la vida; porque la vida es un contrato, lo queramos o no, y bastante exigente, opaco, jodido y hermoso.
Es en las cosas importantes de verdad, en aquellas que nos proporcionan buenos y malos momentos en las que menos miramos la letra pequeña. La razón es sencilla: si lo hiciésemos no las llevaríamos a cabo y nuestra existencia se convertiría en un auténtico coñazo.


De esta manera llego a donde quería llegar, al tema por antonomasia, al diapasón que late en el pecho, al brillo intenso en los ojos del muchacho y la muchacha: al amor.
Este blog se llama La puta y el trapecista por la teoría en torno al amor que ya expliqué. Hasta la vida de un célibe es convulsa en amores, en la era contemporánea nos sobra tanto tiempo que caemos en las redes del amor sin leer las contrapartidas y nos arrebatamos y perdemos el juicio y padecemos y vibramos y somos felices y desdichados.
Yo no quiero y nunca quise ser puta, quiero ser trapecista, trapecista sin red; quiero saltar al vacío y confiar en los dedos, en las manos -manos de actriz- de mi consorte trapecista. Y en estos tiempos tan apretados de aburriento, de impuestos, crisis financieras, culebrones de partidos, muertes, terremotos, incendios y sequía, reivindico el saltar sin red y el esperar -no demasiado- a aclarar lo difuso en aras de la felicidad y por qué no, de otra oportunidad de avanzar hacia la sernidad de amar y ser amado.
Y si el contrato del amor trae letra pequeña, suprimirla y vivir, que es tan difícil que tal vez merezca la pena.

4 comentarios:

andresfg dijo...

Me ha encantado este post. Todavía no he leído el post en el que explicaste lo de la relación entre el título y tu teoría sobre el amor, pero según he leído éste, creo que es como si ya lo hubiese leído.

Tienes mucha razón, es mejor ser trapecista.

Eva dijo...

Te suscribo, Andrés, y me voy corriendo a buscar ese otro post.

En una semana de algunas dudas y titubeos, me has hecho sentir que no me estoy equivocando, y en una semana harto lluviosa, ¡me has alegrado el día!.

Salud, República (y algo de sol y amor, por Zeus).

guionistaconrayban dijo...

Camarada, ¿estás recibiendo mis mails o, como sospecho, están cayendo en el abismo del "correo no deseado"?.

Anónimo dijo...

Yo estoy harta de ser trapecista,estoy harta de tirarme al vacio y que nadie sea trapecista conmigo,prefiero ser puta...la puta no ama,el trapecista es puro amor...asi que yo prefiero ser puta amigo.