sábado, 19 de junio de 2010

Apagar la luz

Hoy sólo se puede hablar de Saramago... y cagarse un poco en los dioses por llevárselo antes de tiempo, aunque ya no fuera un chaval.
Nunca fue mi escritor preferido y probablemente nunca lo será. Tampoco importa mucho. He leído varios de sus libros: unos me gustaron más, otros menos. El único que de verdad me entusiasmó fue una novelita corta llamada "El cuento de la isla desconocida", una joya sencilla, clara, arrumbadora, que entraba en el cenagoso terreno de la Burocracia y lloraba desconsolado para que los niños sonrieran.



Saramago, que no Sara Mago (por mucho que las luces culturales de Esperanza Aguirre pugnaran por inventarse una nueva referencia cultural) era un escritor al que las modelos anoréxicas y ricas seguían mucho, sin leerlo eso sí, pero con atención, porque su nombre sonaba en Europa como un referente ético que pocos han logrado igualar.
Como escritor, ya digo, no era para mí un referente. Como persona sí. Militó en el Partido Comunista Portugués hasta el último de sus días, siguió creyendo en que se puede conseguir un mundo mejor sin claudicar a los dictados del mercado y soportó los reveses históricos (algunos merecido y otros no) de una ideología que aún pervive, le pese a quien le pese.
Quiero hablar del Saramago comunista, del Saramago ético, del Saramago persona, porque los pocos que quedan como él se nos van muriendo, porque en pocos lustros se borrará aquello que soñaban, aquello por lo que entregaron sus mejores años.
Al igual que otro comunista muerto, otro referente moral y político (en este caso referente literario además) llamado Manuel Vázquez Montalbán cuando le preguntaban por qué seguía militando en el partido comunista, Saramago hubiera dicho que continuaba porque quería ser el último en apagar la luz. Ninguno de los dos fueron los últimos, pero se agradece el esfuerzo.



Lo último que leí de él fue el prólogo que escribió en "Decidme cómo es un árbol", el excelente libro de memorias de otro de esos referentes humanos, Marcos Ana, al que tengo el placer de conocer y llamar camarada. La injusticia los crió y ellos se juntaron. Feliz contubernio, feliz conspiración del destino.
El mundo te echará de menos, señor Saramago, porque no anda muy sobrado de gente buena. Tu luz se ha apagado, pero la llama de tus palabras y actos permanecerá siempre, o al menos hasta que otro como tú, para desgracia del mundo, apague la otra luz, la luz de la esperanza para un planeta cada día más desesperanzado, y nos vayamos a la mierda. Gracias por todo.

domingo, 18 de abril de 2010

Heridas de bífidus activo

Ayer leí -en realidad me leyeron- una noticia que me fascinó. Un tipo, creo que de Granada, entró en una casa de putas de su pueblo y, pistola en mano, dijo la siguiente frase:

- Esta noche manda mi polla.

El tipo era charcutero. Pidió copas para todos los clientes, cerró la puerta por dentro y retuvo al personal durante más de dos horas sin dar ninguna explicación. Luego la emprendió a hostias con la máquina registradora y robó cien euros. A este hombre le han condenado a cuatro años de cárcel, pero no puedo creerme que fuera un ladrón; es impensable para mí que la razón que le impulsó a entrar al lupanar fuera la de desvalijar la caja. Tiene que haber algo más, estoy seguro.


Quizá este individuo, como otros muchos, se encontraba cansado, quizá no entendía nada de lo que ocurría a su alrededor... Quizá había perdido al póker, su mujer le había dejado, el perro ya no estaba y se sentía solo y furioso. Quizá lamentaba que las madres fueran responsables y ya no diesen de merendar choped a los niños, quizá se estaba lamiendo de las heridas que el actimel y el bífidus activo le hacen al pequeño comercio... O quizá es que, por esa noche, sólo por esa noche, deseaba, como en la canción de José Alfredo Jiménez, seguir siendo el Rey.
No sé cómo se llama, ni quién es, ni a quién vota... y a decir verdad me importa un carajo. Sé que el acto en sí es deleznable, que no tiene ni pizca de heroísmo, que sólo trasluce desesperación. Sin embargo, bajo mi punto de vista nadie puede quitarle la épica, y por una razón inexplicable, casi atávica, no puedo evitar que su acto me conmueva. No puedo, y para ser sinceros tampoco quiero, dejar de sentir una especie de solidaridad absurda contra algo que nadie sabría definir pero todo el mundo sabe que existe y que es algo parecido a la desolación pero tampoco es eso.
Todos, el que más y el que menos alguna vez ha deseado entrar en un rincón recóndito del mundo y gritar:

- Esta noche manda mi polla (o mi coño, según los casos).

Es humano o, al menos, eso me parece hoy.

sábado, 10 de abril de 2010

Vengarse de uno mismo

Decía no recuerdo quién, pero con mucho atino, que escribir es una forma de vengarse de los demás, del mundo y de uno mismo; decía que había que escribir con mala sangre, con furia y con la férrea voluntad de destruir el mal que nos rodea.
No estoy de acuerdo con esas palabras al cien por cien. Hay muy pocas cosas con las que estoy de acuerdo al cien por cien... diría que ninguna. Aún así comparto la visión de la escritura como un acto de venganza, siempre y cuando entendamos que la venganza no tiene por qué ser y de hecho no es en la mayoría de los casos, un sentimiento negativo sino una forma de autosuperación, el motor que a veces nos falta para poder avanzar. En otros casos, como es lógico, es un sentimiento negativo más o menos vinculado con eso que se llama rencor pero tan necesario como el pan y el vino, imprescindible para no convertirnos en estatua de sal.
Yo, a estas alturas de la vida, en que hallo el pesimismo y el optimismo como máximos ridículos y de una pesadez mortal, lo único que quiero a veces es vengarme de mí mismo, sin que ello implique nada demasiado solemne.


Vengarse de uno mismo es una liberación pelín equidistante: ni vuelcas esa furia de la que hablaba contra el resto ni la canalizas del todo hacia ti mismo. Te quedas un poco entre Pinto y Valdemoro, pero funciona. En mi caso, me sirve para no lamentar haber perdido el tiempo, que no duela más de la cuenta haber malgastado tantos años de mi vida en fuegos de artificio o en la esperanza ridícula y literaria de que la confianza no es más que un concepto vacuo y traicionado por los senadores romanos de la miseria moral y del "yo".
La culpa de lo que a uno le pasa siempre la tiene uno, ya sea por acción o por omisión. Quiero pensar que, al menos, eso tendrá relación directa con las consecuencias, que nuestros actos se verán reflejados tiempo después en el currículum y que aquellos que obran con lealtad obtendrán recompensa y aquellos que sólo saben traicionar, mentir, engañar, calumniar, serán desenmascarados.
Es lo que quiero pensar, pero fe no tengo. Nunca la he tenido hacia casi nada... Y cuando la tuve fue peor. Mira cómo estoy ahora: vengándome de mí mismo. Aún así no me quejo. Es una buena ocupación, merezco mi venganza, sólo a través de ella podré abandonar la desazón que me corroe y ante la que no quiero claudicar: que no se puede confiar en nadie. Al vengarme de mí mismo comprenderé que se puede confiar en mucha gente (ahí están la familia, los buenos amigos, etc.), y que el error siempre será depositar la confianza en quien jamás la mereció. Eso es un error propio, no de los demás. Hay que saber elegir, muchacho, esa es la clave.

domingo, 4 de abril de 2010

No es de caballeros

Concluye la Semana Santa y la rememoro corta, breve como el capricho de un niño. No he hecho otra cosa que escribir, leer y tomarme alguna copa, o dicho de otro modo, trabajando casi todo el tiempo. No está mal si, como es mi caso, se disfruta de la escritura como un placer confisacado al terreno laboral para crecimiento de uno mismo.
Por algunos acontecimientos desarrollados recientemente, pensé que estaría triste, pero no es así, para mi más absoluta sorpresa.
La vida es extraña... En estos días he percibido que aquello de lo que siempre desconfié, aquello que pensaba que podría ser doloroso, no lo es tanto si coincide con una sospecha largamente anunciada, crecida en el interior como una sombra, certificada por el silencio y cierta maldad cobijada en la culpa. La traición siempre se ve venir, aunque sea muy de lejos, agazapada en los más oscuros confines del corazón. La traición no es sino la confirmación de la duda... porque dudar en general está bien, pero en ciertas cosas no es más que un reflejo de lo que habrá de venir y, en cierto modo, el origen de la precaución y la prudencia.


Imagino que habrá quien no entienda nada de lo que estoy diciendo, pero creo que todos o casi todos, hemos sentido en algún momento esa desazón infinita de saber aquello que va a ocurrir, de predecir el siguiente paso e intuir en él el aroma del desengaño... Al menos yo me siento afortunado: la experiencia comienza (aunque todavía es muy poca) a ser un grado y me lo tomo de otra manera, con una mayor tranquilidad fruto de esa precacuión y prudencia que sirven de vacuna perfecta.
En fin, ya no estoy triste, ni desencantado siquiera, sólo perplejo de mis reacciones y revelaciones: el mundo no cambiará, los días de la revolución han acabado, las personas no son buenas ni malas sino ambiguas en su mezquindad (entre la cual me incluyo), la estirpe humana se hace daño permanentemente, nuestra raza está condenada a entenderse entre sí sin soportarse, la vida es un carrusel, una tómbola, una puta triste, un trapecista exultante, más compleja y más simple de lo que pensamos, un tostón y una alegría. Nada es negro o blanco, pero tampoco es gris. La psicodelia es un invento como el crecepelo. La Iglesia, el matrimonio, el Estado del Bienestar, los impuestos, el paro, la Semana Santa y hasta el Cristo que la fundó son conceptos vacuos que nos sirven para emplear el tiempo únicamente. Nada vale más que una sonrisa sincera; el contexto importa poco.
¿Quién es feliz? ¿Quién lo intenta? Yo no, desde luego, eso no es de caballeros. Pero trato de sonreír y no estar triste, que es mucho y es nada. Me voy a cenar.

sábado, 13 de febrero de 2010

Cagarse en los dioses (o traumas de un horizonte difuso)

Qué duro es esto de regresar a España tras el placer cubano de escribir, dar clases y deambular los fines de semana por las calles de La Habana. Se hace duro, digo, porque aquí los problemas reales te asaltan cada día, cada noche, para joder el equilibrio perfecto entre la vida que uno ha querido siempre y el exceso de humedad que conforma la Escuela de San Antonio de los Baños.
No voy a hablar de la Cuba política -este año vengo jodido porque me da la impresión de que la gente está cansada de ciertas cosas-, porque ya lo he hecho en muchas ocasiones y además no me apetece.
Únicamente diré que este ha sido el viaje que más raramente he disfrutado. Por un lado, he podido dar un arreón a mi novela que ha llegado casi a las costas de su finalización, he tomado cervezas con mi compadre Juan Madrid, he entablado una gran relación con los alumnos y las alumnas que me tocaron en suerte, fui al Decamerón, fumé un puro, tomé ron, paseé con el otro Juan por la avenida de palmeras, vi a mi buen amigo el aguador, a Jacqueline y a María Julia, a Xenia, Regla y Arturo, a Máximo y el Negro, y disfruté, como siempre, de la inmerecida y desbordada hospitalidad de mi otra familia, la de Cuba, que no es sanguínea pero como si lo fuera Rosa y famillia incluida). Eso y mucho más que aquí no cuento porque presumir de viaje está muy feo. Resumiendo... que me lo he pasado en grande. Pero hay un pero, claro. Siempre ha de haber un "pero".


Todo eso está muy bien, y sin embargo, por otro lado, este año he sentido más que nunca el irme. Estoy más triste que nunca por dejar Cuba. No me acostumbro a estar fuera de ese país, quizá porque allí soy feliz, quizá porque aquí todo resulta menos excitante, más zapateril o aznariano, más Aguirre y Tomás Gómez, menos Fidel y daiquiri, menos calor y malecones; un pelmazo, vaya.
El viaje fue raro, lleno de momentos surrealistas (uno a las puertas del cielo, que diría Bob Dylan) y, a pesar de ciertos desecuentros, vibrante, emocional y apasionado.
Hablo un poco en clave, lo sé, porque las cosas que uno vive se las cuenta a los amigos y no todos los que lean esto tienen por qué serlo.
El caso es que cuando subí al avión en el aeropuerto Martí, tuve la sensación de que no regresaría a esa tierra en mucho tiempo; es es el "pero". Mi horizonte con Cuba y sus experiencias es traumáticamente difuso.
Quizá por eso siento tanta pena, quizá por eso cada jodido segundo pienso en la Escuela, en La Lisa, en la gente estupenda que allí dejo, y me cago en todos los dioses. Luego rectifico, finjo ser un crédulo y le pido a esos dioses en los que no creo que me permitan volver el año que viene. A ellos qué más les da. Que no me jodan.

lunes, 4 de enero de 2010

Feliz 2010

Se acabó el 2009, quién nos lo iba a decir. Un año protagonizado por la crisis del capital, el Barcelona de las Seis copas, cierta sosería intelectual y unos cuantos miles de muertos asesinados por el hambre y la guerra (cómo es la estadística de dura).
En el ámbito personal diré que ha sido un año extraño, a ratos vibrante y a ratos descafeinado. No creo que dentro de treinta años se oiga a nadie decir "Qué año aquel de 2009" ni para bien ni para mal.
La Crisis económica se olvidará, el Barça de las seis copas también, la sosería igual y con los muertos ya se sabe: si no tienen dinero a quién carajo pueden importarle.



El 2010 se presenta como debe presentarse un año: con Cuba a la vista. Me voy el día 13 al país del Daiquirí, la salsa casino y el socialismo caribeño; a la isla aquella donde cualquier situación, por dura que pueda parecer, se resuelve siempre con un gag cómico.
Ya lo he dicho en este blog. En Cuba se escribe mejor que en ninguna parte, en Cuba se leen libros que siempre recordaremos, se conocen personas que nunca olvidaremos y se degusta la rara costumbre de detenerse a observar el tiempo para sacarle el jugo. Allí todo, incluidos los ciclones o la falta de carne de ternera, se toma de otra manera, con tranquilidad y sabiduría, con la certeza de que eso también pasará. quizá por eso me gusta tanto.


Tengo ganas de ver cómo le va a mi isla preferida, a la joya del Caribe, a la hija rebelde de la Madre Patria. Supongo que no tan bien como quisiera, ni tan mal como nos dicen los periódicos en su incansable voluntad de presentar a Cuba como una tierra de opresión que si se ha estado allí se descubre ficticia, fruto del interés extranjero en poder ejercer el papel opresor del que acusa con tanta mala baba.
En cualquier caso hay ganas de liar el petate y llegar al Aeropuerto José Martí y sentir ese golpe de humedad recalentada al descender del avión y ver a la gente que tanto quiero y emborracharme de ron con el Negro y Juanito y fumar cigarros sin boquilla con papel de arroz que sabe a azúcar. Ya queda menos. Feliza año 2010 a todos y todas.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El rubor de Doña Ofelia

Hacía muchísimo que no escribía. No tengo internet en casa, estoy liado en diez mil cosas que empiezan a sobrepasarme y prefiero tomarme una copa cuando tengo un rato libre.
No obstante, como es habitual en mí, regreso a estos lares internautas presa de la indignación más furibunda y presto a liberar la ira acumulada.
Hace mucho que El País me produce vomitona. Hace mucho que lo compro sólo cuando hay un DVD o un libro que me interesa. Hace mucho que más que un periódico me parece una tapadera de agentes de la T.I.A. y que Mortadelo y Filemón son sus reporteros y que El Súper es el Director y Doña Ofelia, la columnista.
Sólo hay un problema: que no tienen ni puta gracia. Es más, se han vendido tanto, y el pescado está tan podrido en sus entrañas , que cualquier persona seria se ríe a carcajadas cuando asiste a los virajes y cambios de rumbo auspiciados por la disputa con el PSOE sobre las concesiones de televisión o cuando lee el vergopnzoso seguimiento que hizo este periódico al Golpe de Estado que se produjo en Honduras. Hace tiempo que perdieron mi respeto. Demasiado tiempo...


Trato de no ser ingenuo. Todos los medios se mueven por intereses políticos, morales, religiosos, deportivos... económicos, vaya. El País no puede ser una excepción, lo sé, lo sé...
Pero hay algo que históricamente ha definido en gan medida la calidad de la prensa española: los columnistas.
El problema de contratar a Doña Ofelia, perdón, Elvira Lindo, es que si algo bueno tenía El País (ciertos columnistas de prestigio), también se lo está cargando.
Resulta que el otro día leí un artículo vergonzoso de Doña Elvira Lindo metiéndose con una compañera y camarada. El anticomunismo es algo que está muy de moda, pero sorprende que la argumentación sobre la que se erige sea tan endeble como la capacidad de venta al por menor de los tiburones de las aguas de Alfaguara. Todos los argumentos giran en torno a calificativos estúpidos, al Gulag y a Yoani Sánchez. Hasta para hacer demagogia hay que tener talento y esta pobre, si exceptuamos la habilidad para contar billetes sucios como bragas de mandriles, carece por completo de esa faceta.
Ni siquiera voy a citar el artículo por no dar publicidad a Doña Ofelia, perdón... cómo se llamaba...



Lo que sí me gustaría es decir un par de cosas:
- Me siento orgulloso de camaradas como Esther López Barcelo, a la que apenas conozco personalmente, pero cuyo comportamiento y sensatez me constan sobradamente.
- Siento vergüenza ajena de ex compañeros de viaje como Elvira Lindo que se han servido de una visión maternalista, estúpida y moralizadora del proletariado para llenarse los bolsillos con las historias de un niño de Carabanchel que no se cree nadie, que se han olvidado de dónde vienen, que ya no soportan el olor de los churros porque no lleva serigrafía de Channel y que se han apuntado al delirio parafascista de UPyD.
Siento profunda vergüenza de alguien que se pretende con la altura moral suficiente para atacar a una persona ejemplar y ganar seiscientos euros con mentiras, frases vacuas, mala leche en dósis siderales y un complejo de idiotez rampante escondido entre la supuesta brillantez de la mercenaria a sueldo del jerifalte corrupto. Que se laven la boca. coño.
Ah, por si acaso no queda claro, la URSS tuvo defectos y muchos. En la URSS se asesinó y se esclavizó, cierto. En la URSS se cometieron tropelías, la mayoría contra buenos comunistas, dicho sea de paso. Nadie lo niega. Pero tampoco se pueden negar los avances espectaculares que se produjeron con respecto a las "democracias occidentales" de entreguerras y posteriores a la II Guerra Mundial.
En cualquier caso, Doña Ofelia, dedíquese a vivir en Nueva York, enamorarse de Mortadelo, conspirar con la T.I.A., ganar mucho dinerito y molar mogollón. Lo único que se le pide es cuando pase a su lado alguien como la compañera Esther López Barceló, mire para abajo y se ruborice mirándose el ombligo, que falta le hace. Es una cuestión de altura moral y de halitosis. Cómo se nota que es anticomunista

viernes, 14 de agosto de 2009

Óxido y salmuera

Vaya verano este, qué poquita cosa. Nunca me ha importado mucho el dinero. Cuando lo tengo lo gasto y no pienso en el futuro, no le doy importancia. Supongo que porque ahorrar no sirve para nada, ya se sabe.
Pero aún así y sintiéndolo mucho, el dinero, la pasta gansa nos permite ciertos lujos que a parte de no ser muy necesarios le aportan sal y azúcar a la vida. Lo que más me jode de no tener manteca es no poder viajar, que para mí es lo más interesante de la vida. Entre Madrid, Brunete y Cebreros me voy a pasar este verano anodino e insulso (vampirismo aparte). No es que me queje, sé que hay gente que lo pasa peor, pero me jode, qué le vamos a hacer.
Aún así, de lo que empiezo a estar seguro es de que pase lo que pase, en septiembre liaré un diminuto petate y me iré a Córdoba, mi ciudad, mi paraíso en la tierra.


Iré por ocio, por política y por vengarme de mí mismo. Las fiestas del PCE, mi partido, se trasladan allí después de suspenderse el año pasado por cuestiones económicas. Cuando me enteré se me hizo un nudo en la garganta. En un principio pensé no ir, porque Córdoba me duele por razones que no vienen al caso. Sin embargo, tras pensarlo con detenimiento, tras sopesar pros y contras, tras entender que me apetecía más que nada en este mundo porque es el PCE, porque es Córdoba, porque me lo merezco, opté por hacer el viaje casi como un peregrino que se convoca a sí mismo para un acto purificador de ruptura con un pasado que le aburre y le tortura sin demasiado sentido. No permitiré que los recuerdos con sabor a metal rancio, a óxido y salmuera, me jodan un sólo minuto más. Ya está bien, coño.
Así que pelillos a la mar, allí estaré. Si alguien quiere verme me encontrará con un mojito, los ojos vidriosos y cantando la Internacional. Aunque también es posible que esté en la Calle de las Flores tomando salmorejo y flamenquines o paseando por el Paseo de Ronda, junto al molino de agua derruido, fumando un cigarro y disfrutando de la mejor de las noches, la que mejor huele, la cordobesa. Venid a la fiesta del PCE, merece la pena, palabra de honor.

jueves, 11 de junio de 2009

La sangre alterada

Los cambios de diversa índole asolan mis días. Verano nuevo, vida nueva: trabajo, soledad, copas con amigos, Auto de fe (recomiendo su lectura), escuelas de letras, mudanza, Aluche, Izquierda Unida, Partido Comunista, póker... de todo, oiga.
Debe de ser cierto aquello de que La primavera (ya muriente) la sangre altera. La sensación es que todo es una tómbola en la que el perrito piloto es el producto estrella y la mini moto (mini qué...) ha pasado a mejor vida. Quedan papeletas de la rifa, pero...
Ayer y anteayer estuve con un amigo (uno de los mejores, si no el mejor) que se halla inmerso en una mala racha pasajera. No me gusta dar consejos porque en esta tómbola cada uno quiere un producto diferente y yo no soy quién para decirle a nadie que el peluche de picachu es una mierda. Lo importante es estar, supongo.


Por eso hoy me apetece darles las gracias a aquellos que están siempre, cada uno a su manera, y les pido disculpas si en alguna ocasión no supe callarme la boca y hacer lo que se debe hacer: brindar apoyo incondicional y punto. Para eso están los amigos.
En estas fechas que anuncian el principio del verano, convocando a la memoria los veranos anteriores en los que siempre algo era distinto, uno se pregunta qué le deparará la época más viva del año. En mi caso parece que vacaciones pocas, que noches divertidas muchas (o eso espero) y que de lo demás (salud, dinero, amor, compra de vaores bursátiles, etc.) no se sabe o no se contesta.
Lo que es seguro es que habrá gente, aquellos a los que llamo amigos, que ahí estarán. A todos ellos, a todas ellas, gracias. Y a aquellos cuya sangre sea alterada por el inevitable cóctel de hormonas, feromonas y hermanos de la misma especie que desatan los efluvios veraniegos... pues paciencia y mi número de teléfono para tomar unas copas, echar unas risas y cantarle al futuro una canción optimista y vengativa con la que mandarle a la mierda en detrimento del presente.

lunes, 8 de junio de 2009

Cursos de verano en guión, narrativa, interpretación y Dirección de Cine


Desde hace algunos meses ando inmerso por completo en un proyecto que no sólo me ilusiona, sino que además supone una de las piedras angulares de mi proyecto de futuro laboral.
Recientemente he fundado junto con Julián Herraiz la Escuela "Forma y Trama. Foro de Creadores". En ella impartiremos cursos relacionados con el mundo del cine, la Literatura y el Teatro.
Si estáis interesados en cursarlos o conocéis a alguien que pueda estarlo, sólo tenéis que escribirnos a formaytrama@gmail.com.
Os dejo el enlace provisional de la escuela.


Espero que os interese.
Un saludo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Europa, Europa

Se acercan las elecciones europeas como quien no quiere la cosa, despacio, sin alterar a nadie, con una importancia sorda que los ciudadanos no estimamos demasiado. Pasamos de puntillas por estos comicios, desmotivados por una clase política a la baja y sin capacidad para articular el horizonte enrojecido que sería deseable.
Yo votaré a IU (vaya novedad) porque es lo que toca. Votaré con algo más de convencimiento que en otras ocasiones aunque me joda sobremanera el hecho de que el número dos de la lista sea de ICV, una formación con escaso perfil político más entregada al gafapastismo y el ecologismo cocopera que a los postulados de la izquierda.

En IU hemos vivido unos últimos meses convulsos: Asamblea Federal con cambio de coordinador y caída de Gaspar (ya era hora), Asamblea Regional de Madrid con salida unitaria (servidor en Presidencia), abandono de Rosa Aguilar en busca de las lentejas avinagradas, sosas e insípidas del PSOE, batacazo en el País Vasco, huida de Kechu Aramburu y un largo etcétera. Me atrevería a decir que todas estas circunstancias (incluido el descenso de voto en Euskadi) son buenas noticias. No puedo por menos que alegrarme del adiós de Rosa Aguilar, ese personaje vacío, oscuro, trepa, pancista y desleal que usaba a IU de una manera descarada para su interés personal.
También me congratulo de que Cayo Lara sea nuestra voz ante la sociedad. Su discurso, comparado con el de Llamazares reconforta a la militancia de bien y supone un soplo de aire fresco para una organización que olía a habitación húmeda y cerrada bajo la losa del gasparismo.
Aún así, preferiría otro candidato que Willy Meyer, preferiría no ir con ICV, preferiría... Pero al menos, y ya es mucho, no me pondré la pinza en la nariz cuando introduzca la papeleta en la urna.


Europa es importante y el hecho de que IU remontase lo sería más. Necesitamos un país con izquierda. El sistema bipartidista americano es una basura que huele a podrido incluso en Dinamarca. El PSOE y el PP han demostrado sobradamente ser el mismo perro con distinto collar. Nos jugamos mucho más que sacar un eurodiputado, nos jugamos que la izquierda siga existiendo. Por eso digo lo de siempre: Vota Izquierda Unida... A ti qué más te da.

Como me ha salido un artículo muy correcto políticamente, me voy a permitir hablar de un tema que me ha sentado a cuerno quemado en las últimas fechas. No es otro que el del vergonzoso intento de ilegalización de Iniciativa Internacionalista. A veces me da vergüenza la estrechez de miras y la soplapollez rampante de la que hacen gala algunos. La sola intención de ilegalizar esa formación es un insulto contra la Democracia. Pero además, para rematar la faena, se ha pretendido desde ciertos sectores criminalizar la figura de un genio, la figura de Alfonso Sastre. Qué vergüenza, no me jodas.
A lo que se agarran los indecentes es a que Iniciativa Internacionalista no condena el terrorismo de ETA. Tal vez sea cierto, ni lo sé ni me importa. Yo lo condeno, como condeno el terrorismo de estado de Israel o EEUU, pero ellos que hagan lo que quieran. ¿O es que por el hecho de pensar distinto de mí les voy a ilegalizar? Eso es fascismo, no se confundan. Yo nunca he oído a nadie del PP condenar el terrorismo, el genocidio, la dictadura atroz del asesino Francisco Franco. ¿Les vamos a ilegalizar por eso? Si mañana se decide ilegalizar la Falange alzaré mi voz en contra. Jamás les votaría pero no por ello creo que se les deba prohibir el sufragio pasivo. seamos más serios que no es tan difícil.

sábado, 11 de abril de 2009

De Madrid al cielo al ritmo del Cachorro

Me quedo en Madrid esta Semana Santa. Cosas de la vida, de la falta de liquidez y de la apatía por viajar al Sur, allá donde estas fechas cobran un significado de incienso, sangre, folclore jondo y hombros reventados por el peso plateresco de los tronos… Allá donde la cera derramada de las velas chirría al día siguiente cuando los coches derrapan por las calles.
Ya lo he dicho aquí en alguna ocasión. La Semana Santa me atrae, no puedo evitarlo. Soy ateo gracias a Dios (bendito Buñuel) y aún así, me quedo embobado con el misterio de los pasos, con el murmullo de los tambores, la pasión de las saetas y la pantomima barroca que evoca la pasión en las viejas de luto y los cofrades escondidos bajo el capuchón de penitentes tras el paso del Cachorro. Todo eso está muy bien, pero como digo, me quedo en casa, en Madrid.


Madrid, como buena capital, vive las fiestas del folclore nacional como de lejos. Le falta chicha, historia, definición cultural (y esa es su mayor virtud). La maravillosa amalgama de culturas y orígenes que confluyen en sus calles la hacen tan impersonal a los ritos ancestrales como personal y distinta en la rutina diaria.
En Madrid nos sobra Gallardón y nos falta pradera de San Isidro, que muere cada año un poco más como casi todas las costumbres endémicas de una ciudad desdibujada que renunció a las gallinejas, los entresijos, las chulapas, los barquillos, las verbenas, los cafésatertuliados y la pronunciación cheli. A cambio uno puede pasear por cualquier calle y disfrutar de la riqueza de otras culturas, que en muchas ocasiones siente más propias que costumbres absurdas (a mi juicio) como las fallas o la tira de la cabra desde el campanario.
Madrid es eso ahora: la ciudad que no pide el carnet de identidad a nadie y acoge al peregrino, la dama de los brazos abiertos, la puta barata que ha envejecido y mejorado con los años para convertirse en un a madre sabia, hermosa y cercana.


Por si no se ha notado, Madrid me encanta, sobre todo en el despoblado verano. Nací aquí y aquí me quedo, como dijo aquel. Viajar es maravilloso hasta en Semana Santa, pero si no se tiene pasta para ello la mejor opción es esta ciudad loca y nocturna que agoniza de vida y palpita de desolación. De Madrid al cielo, que debe de ser La Habana, digo yo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Bandidos

Estoy indignado. Últimamente se habla mucho de la crisis, de las repercusiones financieras de la misma, del horizonte difuso que el sistema capitalista nos arroja y de la refundación del mismo en aras de una depuración económica que permita sobrevivir al bicho neoliberal mientras medio planeta se muere de hambre y el otro medio suda la gota gorda para poder pagar la hipoteca.
En medio de todo esto, los viejos gigantes de la estafa y el pillaje se siguen llenando los bolsillos a costa de la buena fe o la imposibilidad de contestación de la gente. En medio de la proliferación de minuciosos análisis sobre cómo superar la situación actual, las compañías eléctricas abusan de su posición, de la buena fe o la ignorancia del personal y de su indiscutible poder.


Para bien o para mal vivo solo y tengo que pagar el recibo de la luz todos los meses. En enero, como a todos, me arrearon un palo considerable que me sentó mal pero no consiguió del todo moverme a tomar una decisión. Sin embargo, en febrero Unión Fenosa se ha pasado doce pueblos y me ha cobrado una cantidad astronómica que casi cuadruplica lo que había pagado en otras ocasiones. Cómo pueden ser tan vampiros, cómo pueden aprovecharse de las personas de una manera tan descarada, cómo pueden tener la desfachatez de pretender engañar al ciudadano. Todo esto fue lo que pensé en un primer momento. A los pocos segundos una sonrisa brotó en mi cara. Eran preguntas demasiado ingenuas..
Preso del cabreo más absoluto, llamé al número de atención al cliente y una señorita que seguramente estaría muy mal pagada, explotada y aburrida, me informó de que ellos no podían hacer nada más que mandar un técnico para que viese si algún vecino me robaba la luz. Tras aceptar su propuesta, le digo que de todas formas, hay algo más que no marcha, porque conozco a más gente en el mismo caso y no creo que haya habido una ola de delincuencia lumínica a escala nacional. La señorita me dice que si quiero, puedo mirar el contador y ver si ha habido algún error, porque ella no puede hacer mucho más.

Es incréible ¿no les parece? O sea que me toman el pelo, se ríen de mí y encima tengo que bajar yo al cuarto de contadores a riesgo de encontrarme una pareja desfogando sus pasiones. Qué cara hay que tener.
Informé a la señorita de que no pensaba mover un dedo por un error suyo, que ya estaba bien de tanto cachondeo y reiterándole que sabía que ella no tenía la culpa de nada, envié a la mierda a sus jefes y anuncié posibles medidas contra la usura y el descaro de Unión Fenosa.
Mañana voy a la OCU a ver qué pasa. Ya contaré, si me apetece, el desarrollo del asunto.
Sirva de todas formas esta queja para denunciar modestamente a los bandidos que pretenden, a través de medios innobles y vomitivos, aprovecharse de la gente, engañarla y contribuir con su inmundo granito de arena a que esta crisis que ellos han provocado, la paguen los de siempre, los de la clase trabajadora. Cabrones.

lunes, 2 de febrero de 2009

Premios Goya

Ayer se entregaron los premios Goya... y yo con estos pelos. Por primera vez en muchos años eran más las películas que no había visto que las que sí, por primera vez no tenía una favorita (que por cierto nunca gana) y por primera vez en bastante tiempo la gala no me pareció un tostón insufrible.
No es que fuese el paradigma de la diversión y el jolgorio padre, pero tampoco, todo hay que decirlo, estaba al paupérrimo nivel de sus más inmediatas predecesoras (por fin se han llevado a Corbacho, por Dios). La presentadora hizo de presentadora, los chistes fueron los justos (unos mejores y otros peores) y esos chicos de Muchachada Nui, sin ser santo de mi devoción, resultaron aceptables. Tratándose de una gala de premios, yo le daría un holgado aprobado.


No obstante, me gustaría lanzar una pequeña reflexión. En la entrega de premios de ayer se produjo un hecho lamentable. Cuando un tipo calvo y con perilla que había ganado el cortometraje documental se disponía a lanzar el consabido discurso de agradecimiento a papá y mamá (cosa que me parece de lo más normal, dicho sea de paso), la realización del programa decidió cortar su intervención y censurarla.Resulta intolerable que eso ocurra ¿no os parece? O sea, que si Javier Fesser, Penélope Cruz, Benicio del Toro o cualquier otro nos martirizan con nombres que ni nos van ni nos vienen no decimos nada, pero si un completo desconocido, que goza del que probablemente será su único minuto de fama en mucho tiempo, se explaya un poco, metemos la tijera, pasamos a otra cosa y si te he visto no te acuerdo. Es indecente. ¿No somos todos iguales?


He de decir que a mí me parece estupendo que TODO el mundo lance su perorata sobre la ayuda de la prima Pepi y el tito Lolo. Una gala es una gala. Al que no le guste, que cambie de canal. Pero lo que no es de recibo es medir las intervenciones con doble rasero, máxime cuando los que necesitan promoción no son las vacas sagradas precisamente, sino la gente que está empezando. Los Goya se crearon para publicitar el cine español y le hacemos un flaco favor a la industria cuando censuramos a nuestras voces, por muy anónimas que estas sean.
Para terminar, diré que me encantó el discurso de Jesús Franco (enorme personaje) y que vi a Penélope Cruz muy seria. ¿Por qué será, será?

sábado, 17 de enero de 2009

El último encuentro

Hace más o menos un mes, una buena amiga me dejó un libro titulado El último encuentro. El autor era Sandor Marai, un escritor húngaro que pasó de puntillas por el panorama literario durante casi toda su vida, y cuyas obras alcanzaron renombre y notoriedad tras el suicidio del autor unos meses antes de que cayese el Muro. Cuando tomé el libro tenía mucha lectura pendiente, así que lo dejé en la maleta (estaba de viaje) con la intención de leerlo más adelante. A la noche siguiente, antes de ir a dormir, decidí hojearlo para enterarme un poco de qué iba a ir la cosa. Rápidamente el libro me atrapó; ya no supe o no quise dejarlo.


La historia no puede ser más sencilla: dos íntimos amigos se reencuentran tras cuarenta años para cenar juntos, tal vez por última vez, en un viejo caserón de la Hungría imperial. Son ahora dos ancianos que se han mantenido vivos con el único pretexto de encontrarse y vivir la conversación final, el duelo a muerte dialéctico en el que el pasado y la mujer que ambos compartieron se erigen en la espada con la que herir y asesinar al otro.
La novela me impactó. Ha sido una de las sorpresas más gratas con las que me he encontrado en mucho tiempo. En ella Sandor Marai disecciona sin pudor, exento de tapujos y muros morales, la búsqueda de la verdad con mayúsculas, la relación erótica que implica la amistad entre dos personas, el vampirismo casi endémico que sopla su vela, el motor que impulsa la envidia, los celos, la pasión, el amor, la posesión y las pasiones bajas e instintivas del animal humano. Una conversación le basta. La asfixia y la tensión creciente surcan el libro como presencia constante, casi oscura, hasta convertir el relato en un ejercicio insoportable de sinceridad y desnudez. El hombre aparece como una animal sangriento, cazador, que se reconoce en las bestias que aniquila en el campo, que aspira al asesinato y la usurpación como meta vital. Es demoledor.
Recomiendo a cualquiera la lectura de esta enorme obra que a parte de estar cojonudamente escrita, somete al lector a la brutal sacudida de sus cimientos morales. Quizá lo más importante en una novela (además de tener calidad literaria) es provocar preguntas sin respuesta, invitar a la investigación interior, derruir los castillos de naipes que presiden nuestra conducta, conseguir que al cerrar el libro experimentemos una sensación, cualquiera que sea, y sintamos que hemos aprendido algo nuevo del mundo y de nosotros mismos. El último encuentro lo consigue con creces. Me quito el sombrero.

sábado, 27 de diciembre de 2008

¿Nostalgia?

Hace mucho que no escribo aquí, quizá demasiado. En ocasiones me pregunto si no es un poco absurdo tener un blog que no actualizo con la debida frecuencia; otras veces, me planteo simplemente la necesidad de tener un blog; las más, no pienso en La puta y el trapecista.
El año llega a su fin, las calles son invadidas por dulzonas luces navideñas, hace frío, se habla de la crisis, se cena pavo, embutido y marisco, se brinda con champán y cómo no, se elabora esa vieja lista: la de los nuevos propósitos que traerá consigo el año nuevo.
Yo caigo también en eso, como casi todos. Es posible que en el 2009 escriba más aquí, pero como por el momento no tengo internet en casa, pues no me veo capaz de prometerlo. De todas formas... a quién le importa, digo yo.


El caso es que pasada la medianoche me he situado frente al ordenador y como no se me ocurría nada mejor que hacer, me he puesto a escribir estas líneas como quien no quiere la cosa, como un modo distraído y relajado de echar el rato. Debe de ser que me sobra el tiempo en este parón navideño. Debe de ser que antes actualizaba más el blog porque la Navidad duraba todo el año, porque el tiempo me sobraba todo el tiempo (valga la redundancia). Debe de ser que antes era antes...
No soy un tipo que se incline fácilmente por la nostalgia, más bien al contrario...
Y sin embargo, ahora me doy cuenta de que echo de menos tener tiempo, no hacer nada, dejar pasar la vida dulcemente entre un libro, una película o un daiquirí fresquito con su playa y su hamaca en Varadero. Como dice un buen amigo mío, igual es que me estoy haciendo mayor. Qué horror.
Bah, menos llanto y más acción. Me voy a leer un libro. Feliz año nuevo y esas cosas.

martes, 28 de octubre de 2008

Frutos laborales

Ayer arrancó la serie en la que escribo últimamente. Ayer a las 17:05 de la tarde "Estados Alterados. Maitena" tuvo su primera emisión. Las cosas fueron bien. Un 9% de audiencia para una cadena como La Sexta, que está en torno al 6´5%. Para comenzar es muy buen bagaje. Veremos si la cosa marcha igual el resto de la semana y el próximo mes. Sería lo suyo. Ojalá nos renueven.
A todos aquellos que la visteis por amistad o cariño hacia mí, os lo agradezco infinitamente. A los que no la visteis, os invito a hacerlo. A muchos no les gustará, a otros les encantará, pero hay que decir que se ha hecho con cariño infinito y tratando de sacar el mejor resultado.




906.000 personas, según los índices de audiencia, siguieron la serie. No está mal la cifra aunque no dé vértigo.
Y aunque ayer no hubo sketch mío, entendí que cuando lo haya, mi trabajo habrá llegado de nuevo a más gente de lo que nunca soñé. Es la parte buena de la televisión., algo a lo que no me acostumbro. De la parte mala no hablaré, porque no es plan de tirar piedras sobre mi propio tejado y porque la mayoría ya lo sabéis.
En fin, que espero que os haya gustado. Saludos

miércoles, 15 de octubre de 2008

La caída del Imperio Romano

Tarde o temprano, todos los imperios se derrumban. Es ley de vida. Con ellos suele caer algo más que el poder político, territorial y económico; con ellos suele caer, sobre todo, un modo de vida.
Aquí, en Occidente, asistimos en estos días al derrumbamiento del Imperio más poderoso que jamás haya existido.
No me refiero, como muchos supondrán, a los Estados Unidos, país que nunca ha sido el Imperio en sí, sino más bien el encargado de soportar los laureles augustos de este o dicho de otro modo, el César o el Emperador, que regía los destinos de algo mucho más grande: nada más y nada menos que el Capitalismo, el Liberalismo o como lo quiera llamar cada uno.
El caso es que desde la caída del gran enemigo (la extinta y añorada por muchos, Unión Soviética) el Imperio, al verse libre de un contrapunto amenazador, dio rienda suelta de la manera más salvaje a sus íntimas contradicciones, al fondo inhumano de su credo. Caído el sovietismo (que no el comunismo o marxismo), otros enemigos se alzaron ante su rostro. Así, con la tragedia de las Torres Gemelas el Emperador decidió aplastar cualquier movimiento que pudiera amenazar no su poder político o religioso, sino territorial y económico.


Lo que ocurre es que el tiro les salió por la culata y eso que de tiros siempre habían sabido mucho... Un nuevo gigante, que apenas brillaba desde el atraso que se le presuponía, un pueblo Bárbaro, iba trabajando mientras en su intención de suplantar al César y su Imperio. Ese gigante se llamaba China y contaba con algo que el Imperio no tenía: fuerza productiva, mano de obra, trabajo.
El error final del Imperio, el que está provocando un colapso burocrático y financiero definitivo es tan sencillo que no han sabido verlo: el Capitalismo no puede subsistir sin sovietismo, lo necesita. Al vencerlo acabó consigo mismo. El miedo desapareció y con él, desparecieron los frenos que el sistema se había impuesto por miedo a la Revolución. Desde 1991 hasta este preciso instante, Occidente ha creído que el dinero generaba dinero, que la especulación generaba dinero y que la fuerza productiva, la mano de obra, eran algo innecesario. Pensaban que podían sustentar su poder en la superioridad militar únicamente. Grave error. Al quitarse la careta social que le obligaba a llevar el miedo al "comunismo", se precipitó la caída.


No obstante, y por finalizar con el paralelismo romano, no podemos olvidar que en todos los Imperios y especialmente en el que nos ocupa, siempre hubo un poder oculto, un poder que estaba muy por encima del augusto: la guardia pretoriana, es decir, los bancos. La guardia pretoriana siempre ha puesto y quitado emperadores, los ha asesinado a conveniencia apoyándose en el poder militar y ha mantenido una relación preeminente con respecto a las decisiones del Imperio. Una vez más (la historia se repite) es la Banca, los pretorianos del sistema, los que han asestado la puñalada definitva al Imperio.
El mundo ha cambiado, es un hecho. Obama quiere que el estado meta mano, hasta el caudillo neoliberal Bush quiere que el estado meta mano. Ha nacido un nuevo orden en el que los chinos tienen demasiado que decir. El futuro es incierto, pero no podemos olvidar el viejo axioma "A rey muerto, rey puesto". Qué nuevo Imperio, César y guardia pretoriana ocuparán el puesto es lo que falta por dilucidar. Lo único claro es que el viejo orden ha caído y está brotando uno nuevo. A dónde nos conducirá, es harina de otro costal.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Por Ópera

Dirección a Madrid, calle Morería, al lado del Puente de Segovia, cerca del Palacio de Oriente... buen sitio. Alquiler no muy caro a espera de subvención que lo abarate cuanto más, mejor.
Me mudo, otra vez a Madrid. El 1 de noviembre, este trapecista que les habla, escribirá sus post desde su reluciente (no por la luz precisamente) estudio. Ha sido una búsqueda corta en la que he descubierto la especlación de los arrendadores y las dificultades económicas que uno ha de pasar si decide liar el petate y tirar para la capital del reino. Ahora llega la incertidumbre de abandonar un tipo de vida, esa alejada del bullicio en Brunete e iniciar una nueva, en el meollo de los meollos, donde se mueve todo, aunque a un ritmo frenético y poco saludable. Tengo ganas, ganas de Madrid, de cafés, de teatro, de tertulia, de juerga, de cine, de independencia.


No se me malinterprete. Yo con mis padres siempre estuve muy a gusto, pero uno creció y consideró, llegado el momento, volar libre, con las alas desplegadas y la ropa sucia esperando para que conectes la lavadora. En eso sigo y no está mal. Es ley de vida, supongo. Aún queda un mes, pero ya me siento de otra forma, como cercano a esa ciudad que me vio crecer y de la que me escabullí en plena adolescencia para arribar a otras costas de las cuales siempre guardaré un infinito cariño a pesar de los pesares. No me desvinculo de Brunete; sigo teniendo allí un grupo de teatro, una familia, una perra, amigos del alma y muchos recuerdos. Lo que ocurre es que ahora, tendré todo eso, pero cerca de Ópera, desde la cual, todo queda más cerca, incluido Brunete. Los amigos ya lo sabéis: ahora también tenéis casa en Madrid, pero de uno en uno, que el estudio es chiquitín comparado con el piso en que vivía antes.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Cambios

Nada es perfecto, nadie es perfecto... ni siquiera la vida. Hay cosas que están bien o lo parecen y de repente dos paletos que no saben hacer la "o" con un canuto vienen y las joden. Cést la vie, que dirían los franceses.
Me he cansado, al fin, de la vida en Brunete; un pueblo al que he querido y quiero, pero que está tan lleno de serpientes venenosas, tan superpoblado de miserables con lazarillo pistolero, que empieza a resultar un imposible el andar por las calles sin que alguno de esos reptiles te muerda e inyecte veneno. Por demás, la ineficacia de los poderosos, la soberbia de los delincuentes, el tufo a pescado podrido de la guardia pretoriana han colmado la paciencia de este servidor que les escribe. Ahora, por primera vez en mucho tiempo, echo de menos Madrid, mi Madrid, esa ciudad incivilizadamente civilizada en la que ir al cine, respirar cultura o decir lo que venga en gana, está al alcance de la mano.


Desde hace una escasa semana, apenas días, he iniciado ese temido momento que todo joven marca en el horizonte: buscar piso... De alquiler, claro, no vayamos a joder. Los precios andan por las nubes en la capital del reino de España. He encontrado una cosilla por 500 euros, pero no sé si será definitiva: gano bastante y tengo algo ahorrado de otras series, sí, pero no sé cuanto va a durar la nueva: la televisión es así.
No obstante, como decía un genio limpiabotas, nunca se ha escrito nada de cobardes (mentira, claro, como todas las genialidades) y he decidido tirar para adelante. Ya no hay vuelta atrás. El horizonte es difuso, pero es (en el sentido existencial de la palabra) por primera vez en mucho tiempo. Como decía la semana pasada, toca tirarse al ruedo. Madrid me espera y espero que no sea por mucho tiempo. Salud.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Al ruedo

Es muy tarde, más de las cuatro de la mañana. Acabo de terminar un guión para la serie en la que trabajo y llevo un ducados por la mitad. De repente, un pensamiento me sobreviene: hace mucho que no escribo en el Blog. ¿Por qué será? Vaya usted a saber...
El verano muere en las manos del granizo, la lluvia y las fiestas patronales de los pueblos. En Brunete flota un holor de churros, vodka y fuegos artificiales. Artificiales, sí, como todos los fuegos de colores.
Llevo varios días con un pesar hondo, del que en mayor o menor medida he dado cuenta en este blog. Desde que trabajo, desde que cumplo años y voy a la playa a descansar, noto que algo se ha escapado. No diré que la juventud porque eso sería un insulto a los menos jóvenes.


El verano se me ha escapado de las manos como arena fina. Hace algunos años recorría los pueblos de España, las fiestas, las ciudades. Hace no mucho me emborrachaba y vivía de las anécdotas y las locuras estivales durante meses. Hace no tanto -aunque pareciera que son siglos- no paraba. Ahora escribo y escribo. Ahora, a veces, estoy cansado y no me apetece salir. Qué cosas.
En ocasiones siento un gran desasosiego, otras veces experimento cierto orgullo. La pregunta es clara: ¿estoy mejor que antes? Pues lo peor de todo es que no lo sé. Lo único que tengo claro es que estoy en otro estadío; si es mejor o peor que el anterior, sólo el tiempo lo dirá... o no. En cualquier caso ¿qué más dará? Simplemente es lo que toca y con eso hay que avanzar. Ale, al ruedo... llorón. Cigarro concluido. A dormir, que mañana madrugamos.

lunes, 25 de agosto de 2008

Cumpleengaños

Hoy cumplo engaños. Cómo pasa el tiempo, señor. Hace nada era un niño de siete años que jugaba a las chapas y se sentaba en el recreo a ver el color de las bragas de las niñas mientras saltaban a la comba. Los años pasan, todo llega y lo nuestro, como dijo el poeta, es pasar, no sé si haciendo camino sobre la mar, pero caminando.
A mí no me entusiasma esto de añadir números en el carnet de identidad, no me seduce, ni siquiera cuando era menor de edad sentía prisa alguna por hacerme mayor (qué horrible suena eso), pero el 25 de agosto de cada año llega tarde o temprano, no hay más remedio, es así. Luego pasa y ya tienes un año más y lo que deseas es que el próximo agosto se postergue, aun a sabiendas de que eso es una quimera, de que todo se puede detener menos el tiempo.


Me voy unos pocos días de viaje, no por celebrar nada sino porque con lo del curro no he tenido apenas vacaciones y me apetece un poco de distracción, relajo y descanso. La tranquilidad de la playa, el sosegado murmullo del mar, el pescaíto frito y todas esas cosas no están de más, sobre todo si, como es mi caso, me voy a descansar sin abandonar el curro, es decir, que me cambio de enclave laboral pero no dejo de darle a la teclita.
Una de las cosas que más me emocionan, tal vez la única, de esto de los cumpleaños es que hasta ahora, sobre las once y veinticinco de la mañana, me han llamado un montón de amigos y familiares. Que se acuerden de uno siempre es agradable. Muchas gracias a todos. Toca soplar las velas y pedir un deseo .
¿Qué será, será? Cuando lo sepa os lo cuento.

domingo, 10 de agosto de 2008

La canción de Peter Pan

Llevo un fin de semana de encierro, escribiendo mucho aunque no demasiado inspirado. Extramuros hace calor, y no sé por qué en el aire de fuego se ha instalado el silencio. Supongo que la gente sale de casa cuando cae la tarde a tomar una cerveza fresca y unos pinchos, aunque puede que no sea así y este tan sólo sea un verano olímpico separado de sí mismo por un muro infranqueable de hipotecas, crisis, golpes de estado y tristezas varias. Puede ser también que a causa del intenso trabajo en la última serie me haya quedado un poco al margen de la juerga veraniega, que hasta ahora había sido mi segunda residencia.
La impresión que tengo es que la vida se ha serenado y no sé si eso es bueno o malo. Por un lado, noto que fluye mansamente, que disfruto de la escritura, la lectura y el cine. Por otro lado, me da la impresión de que ya no soy un niño encerrado en un cuerpo tardoadolescente y claro, eso me asusta. Dentro de apenas dos semanas, cumpliré años. Qué rápido se pasa el tiempo...


¿Sueno melancólico? Tal vez sí. Sé que muchos pensarán algo así como: Dios mío, no tiene ni treinta años, quién los pillara ¿de qué coño se queja este?
Entiendo ese razonamiento pero todos somos hijos de nuestras circunstancias y las mías son las que son. Siempre me he visto llamado por la canción de Peter Pan, aquel niño eterno que veía cómo los demás se hacían viejos mientras él se dedicaba a volar los fines de semana en busca de su sombra y dejaba los días laborales para esa lucha entre pueril y romántica con el Capitán Garfio, que era algo así como la lucha entre la generación de los hijos y los padres. Cada uno tiene sus complejos: unos se quieren follar a la madre, otros matar al padre, algunos las dos cosas y los de más allá ponerse corbatas porque la tienen pequeña (gilipolleces freudianas). Yo sólo quiero seguir siendo un niño, pero me da la impresión de que, en contra de lo que nos dijeron de pequeños, querer no siempre es poder. Qué pena. Y no os creáis que estoy triste; es sólo que no sabía de qué hablar. Saludos.

domingo, 3 de agosto de 2008

Remedio

El viernes pasado tuve boda. Otra más, después de la del 13 de junio de mi amiga Noemi. Esta vez se casaba Jorge, un buen amigo del instituto con el que hice muy buenas migas y que protagonizó el primer corto que servidor rodó, hace ya cinco añitos (cómo pasa el tiempo).
El caso es que me he dado cuenta de que las bodas y yo somos incompatibles. La jodida barra libre me pierde y claro, me entrego al gin tonic y pasa lo que pasa. Como beber me gusta, he decidido dejarlo durante un tiempo (no para siempre) y madurar un poco, que falta me hace, porque aunque no me arrepiento de mis juergas, me empiezo a cansar un poco de ellas y a descubrir, ahora que las cosas empiezan a irme estupendamente, que en la vida hay otras cosas que también están muy bien, oiga.


Digo lo de que me va muy bien porque hace como cuatro días, (no me gusta estar ni un mes en paro), me nombraron oficilamente guionista de una nueva serie que se está preparando para la sexta. Ya os daré más detalles cuando pueda y os haré firmar un contrato para que no os la perdais nunca. Esta nueva oportunidad laboral me ha dado fuerzas, ha despejado el futuro nebuloso que se dibujaba ante mí (qué le voy a hacer, soy un poco agonías, ya lo sé) y me ha dado un importante chute de optimismo para afrontar los tiempos venideros. Nunca pensé que la ausencia, por muy corta que fuera, de trabajo estable (más o menos estable, tampoco nos engañemos) me haría tanto mal. Escribir series no es mi única meta pero estaba en un momento en que lo echaba de menos, aunque fuese un mes en dique seco solamente.
Este verano está siendo raro y prolífico. Todo parece marchar sobre ruedas, pero luego llega una boda y... ay, señor. No tengo remedio... O sí. En eso ando, en estar más sereno y disfrutar tranquilamente de la vida, porque tiene cosas cojonudas. A por ellas, pues.

miércoles, 23 de julio de 2008

La vida en negro

Ahora que acaba de terminar la XXI Semana Negra de Gijón, aprovecharé para hablar un poquito de ese género, el negro, que tanto me agrada leer y escribir y que tan altos y espectaculares autores ha dado.
Durante demasiados años, la novela negra fue considerada algo así como un folletín barato de kiosco de periódicos. La crítica la relegaba a un quinto plano y rechazaba su estilo directo, violento y a menudo, descarnado. Se prefería la novela de misterio más descafeinada, en la que el crimen era lo importante y descubrir al asesino el objetivo. Se prefería un tipo de novela en el que un ambiente burgués era el telón de fondo, unos personajes refinados y aristocráticos los protagonistas y la estructura narrativa una trampa en la que en el último momento aparecía el cortauñas que delataba al mayordomo. Así Agatha Christie, Poe, Georges Simenon o Conan Doyle reinaban en el panorama policíaco con novelas entretenidas, bastante bien escritas (en algunos casos perfectas), pero simples en cuanto a la disección de la sociedad que les rodeaba. Conste en acta que a mí me divierten mucho ese tipo de novelas y algunas me parecen cojonudas.


Pero a principios de la década de los treinta y finales de los veinte surgió un tal Dashiell Hammett, que revolucionó con su literatura viva, desgarrada y dura el panorama de la novela de crímenes. Con él surgía un nuevo género o subgénero, según el gusto del consumidor, que en un principio, si bien contó con el apoyo del público, pasó desapercibido para los ambientes selectos de la literatura.
No obstante, el tiempo puso las cosas en su sitio y al cabo de unos años aparecieron gentes como Raymond Chandler, James M.Cain y otros, que continuaron la senda abierta por Hammett cada uno por su lado.
La novela negra aportó algo fundamental. A parte de un estilo fuertemente influido por la estética cinematográfica, asuntos como la lucha de clases, la corrupción capitalista, la crueldad humana y los desfavorecidos por la sociedad irrumpieron en la temática novelística como marco en el que se desarrollaba la investigacion del crimen. Este hallazgo, combinado con la técnica narrativa más redonda de la literatura del XX, consiguieron, con ayuda del cine, que la novela negra se instalase en el subconsciente colectivo y alcanzase el lugar que le correspondía.


Los tentáculos de este género fueron expandiéndose hasta llegar, tarde como siempre, a España. De esta forma Juan Madrid y Manuel Vázquez Montalbán son, quizá, los dos máximos exponentes patrios, algo así como el Dashiell Hammett de la Barceloneta y el Chandler de Malasaña.
Ahora la novela negra gana adeptos por momentos, es conmemorada e incluso tiene en la Semana Negra de Gijón un referente español e internacional de gran calado. Para mí siempre ha sido un placer leer novela negra, es el estilo con el que más identificado me he sentido tanto formal como ideológicamente. Quizá por ello, en estos momentos y desde hace unos diez meses, me hallo inmerso en la redacción de una novela negra. El camino está siendo duro pero me lo paso en grande, disfruto como un niño con su primer caramelo y por primera vez encuentro una voz, un género, que me permite distanciarme de mí mismo, reírme de casi todo, ser cruel, ser tierno, parecer cínico, deslizar píldoras de marxismo, enfrentarme a los fantasmas y llenarme de frivolidad. No está mal. La novela negra al fin y al cabo, siempre fue una excusa perfecta para condensar todo lo que a uno le viniese en gana. Ahí está su fuerza, en que el autor sale al mundo y cuenta lo que está pasando con el barniz del entretenimiento. En eso y en que dio bajo mi punto de vista a algunos de los mejores escritores de todos los tiempos.

domingo, 13 de julio de 2008

Crisis

Hay crisis, madre mía. Cojan los fusiles, llenen la nevera, atiborren la despensa de latas de conserva, de spaguetti y de tomate frito marca Hacendado-Mercadona. Enciérrense en el trastero con los hijos, la abuela y la mascota y jueguen al parchís durante los próximos diez meses. Luego salgan, adapten las pupilas al abrasador brillo del sol, desperecen sus miembros, péguense una ducha, compren naranjas y echen un polvito, pervia depilación, perfumación e ingesta de viagra. Es un plan cojonudo ¿no lo creen?


Habrá quien no lo crea, espero. Este blog y el trapecista que lo firma se declaran acérrimos partidarios de cualquier crisis económica o moral, que sirva para acabar con tanta mierda como merendamos a diario. La gente - hablo de la gente corriente, los trabajadores, llámennos pringados - parece muy afectada por las previsiones del señor Solbes y la subida de los tipos, de la comida, de la hipoteca y de la cuenta bancaria de Florentino Pérez. "Qué pena, nos van a quitar lo nuestro, lo que con tanto esfuerzo hemos conseguido" me dijo el otro día la novia de un amigo.
Sin embargo no todo lo que reluce es oro. Quizá esta crisis, como siempre, vaya a putear a los humildes, quizá en un principio estemos abocados a sufrir las inclemencias del temporal económico, quizá. Ahora bien, si intentamos hacer el ejercicio ocular de mirar al fondo del túnel, puede que advirtamos una luz que fulge anunciando tiempos mejores.


Todo esto que digo es una utopía, ya lo sé, pero quizá esta crisis sea tan profunda como imparable y necesaria. Tal vez esta crisis conduzca al caos social, a la desesperación común y los que estamos embobados, decidamos levantarnos a reclamar lo que en buena lid nos pertenece, o más bien, lo que no les pertenece a ellos: los señores del mundo, ese nido de víboras con intenso a olor estiércol que llamamos bancos, grandes empresarios, lobby de poder, ejércitos, capitalistas, asesinos. Tal vez esta crisis esté cavando la fosa del monstruo capitalista... pero no lo creo.
Lo que creo es que me han reducido lo suficiente para no ser optimista. Por eso me da que esto en realidad no es una crisis sino una artimaña del sistema para quitarse los quistes y volver con renovada fuerza ahora que no hay enemigo, una vez la URSS cayó. Creo que no hay contrapoder, que nos han vencido (por ahora) y que si alguien se tirase al monte encontraría allí la última sucursal de McDonald´s, con la hamburguesa de ciervo con salsa de romero a modo de producto estrella. Ojalá me equivoque y todo caiga. Ojalá se desmorone todo y nos despierten y acabemos con esta basura y sea el final de la opresión, que dice el himno.

Ay, tantas palabras y tan huecas. Qué más dará. Ayer fue un día cojonudo y hermoso, con eso me basta de momento. Dichoso yo.

viernes, 4 de julio de 2008

La mordaza

La vida es muy extraña o eso parece. Ayer, después de mucho tiempo me reuní con los amigos de La Tertulia, grupo que formamos hace años un puñado de personas residentes en Brunete hartas de la pasividad del pueblo y la escasez de oferta cultural que padecía y padece.
Ayer vino Rubén, que se fue a vivir hará un par de años a Alicante y con la excusa de verle nos juntamos como antaño los componentes que aún andamos por aquí. Estuvo bien porque recordamos los viejos tiempos y recuperamos aquella complicidad añeja que tantos buenos momentos produjo.
Digo que la vida es extraña porque hoy me he levantado con la reflexión de que en aquella época, contaría yo con diecisiete años, era más activo, me movía más, experimentaba el hambre voraz del aprendizaje y la creación. No es que me haya abandonado ese apetito, pero ahora todo se presenta menos movido, como si una cierta quemazón me anquilosase y redujese las fuerzas y el ánimo; soy víctima de mi propia mordaza en un momento en que debería querer comerme el mundo.


La cosa es cambiar y volver a ser aquel muchacho con curiosidad creciente y ganas irreductibles de dinamitar los cimientos de mi cultura para generar una cultura mayor, el afán creativo, el espacio común.
A veces tengo la impresión de que el sistema me ha vencido y que ahora sólo pienso en ganar un dinerito que me permita pagar los vicios, sufragar los viajes y acaparar libros. Grave error, supongo.
Llevo un mes extraño, con cambios vitales profundos que han ido a morir en una nueva manera de relación con los demás, conmigo mismo y con el medio que me rodea. Hay que aprender a conocerse y a conocer a las personas que quieres y ese conocimiento sólo se puede dar enmarcado en un constante movimiento.
En ello estamos y para ello empiezo a trabajar. Espero que el resultado sea satisfactorio.

lunes, 30 de junio de 2008

Agua de borrajas

Pues ha sido un pelín decepcionante lo de Valencia, para qué negároslo. Ni tiré de la cadena ni salí mucho ni me emborrache ni valencianas ni nada. Muy al contrario, ocupé mi tiempo entre las cuatro paredes de mi habitación del hotel (que eso sí, era muy confortable) escribiendo, pensando, viendo series de televisión y perdiendo el tiempo gloriosamente.
Quizá sea cierto aquello de "al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver" o quizá es que he tenido mala suerte. Todo empezó mal, cuando mi querido amigo Josito Montez (recomiendo la lectura de su blog) se quedó sin habitación y hubo de volverse a Madrid. Para más desgracia esa misma noche, España ganó a Rusia y las huestes descerebradas de los patriotas ultraderechistas valencianos salieron a la calle con sus banderas estampadas de aguiluchos franquistas y demás simbología inframental. Huérfano como estaba, decidí quedarme en Valencia para ver si le daba un arreón a mi novela.



La novela no la toqué mucho, pero el segundo día bajé a la calle y entré en la Casa del libro, donde compré un par de libros, entre ellos el poemario Hebras de sol de Paul Celan, que se desveló como una auténtica joya. El caso es que tras mucho tiempo de abandono mutuo, me reconcilié con la poesía y he vuelto a escribir algunos poemas y a experimentar el intenso afán por crear.
La escritura, en fin, me salvó una vez más del tedio, arrebatándome por momentos de las garras de esta tristeza crónica que parece tener visos de depresión. Es curioso, pero siempre he considerado que la tristeza, la depresión o cualquier forma permanente de decaimiento es algo inmoral, que responde más bien a una pose que vende libros, películas, interés y orgías sexuales. He desconfiado toda mi vida de la gente triste porque me han parecido siempre o malas personas o unos imbéciles con menos interés que las clases de trigonometría. Es decir, que debo de ser un imbécil (mala persona no creo) y poco interesante. Qué más da.


El caso es que me he quedado un poco con la miel en los labios y un viaje que se prometía feliz y vibrante se ha quedado en agua de borrajas. De todas formas, pretendo seguir en el empeño de acabar con esta gilipollez vital que me corroe, levantarme, darme un buen par de hostias para espabilar y echar a andar hacia ninguna parte, que como todos sabemos, es el mejor lugar del mundo, algo así como el paraíso.

martes, 24 de junio de 2008

Que tiemble Valencia

El año pasado, en torno a estas mismas fechas, acudí a una cosa un tanto rara llamada Ibertalent, que, se supone, aspiraba a reunir activos fundamentales para el futuro del incipiente cine latinoamericano. Se trataba del Primer Encuentro de Jóvenes Talentos Iberoamericanos del Cine.
Tras el rimbombante nombre y la presuntuosa intención del Ibertalent se escondía la nada. Aquello era una excusa para gastar el dinero de las subvenciones de la Junta de Valencia y una oportunidad cojonuda para desparramar, beber agua de Valencia y conocer las noches de la Ciudad del Turia. Para más Inri nos metieron en un hotel de cuatro estrellas que era la hostia, nos pagaron el viaje y varias comidas. Los cuatro días que pasamos allí fueron inolvidables. Desde entonces, quise repetir la experiencia.


La vida, a veces, es irónicamente concesiva y como por arte de magia, cayó en mis manos hace poco la oportunidad de regresar a Valencia, esta vez como invitado al Cinema Jove, el festival de cine de la ciudad. Al parecer el hotel es tan bueno como el año pasado, es probable que nos den unas dietas y credencial para ver las películas. Vamos, que es un chollo para un tipo como yo al que le gusta el cine y la juerga y el agua de valencia y el lujo, para qué negarlo. Porque el lujo me gusta, como a todos, si es en vaso corto y a traguitos.
Para allá que voy, con el portátil, un par de libros y la sed de vida desatada, ahora que mi vida no se sabe muy bien si es vida o sucesión de imágenes y recuerdos para el archivo.
Me lo voy a pasar bien porque ya es hora, porque -qué coño- me lo merezco y las tristezas varias se van por el sumidero cuando tenemos la gallardía de tirar de la cadena, cosa nada fácil, pero necesaria. Que tiemble Valencia (como tembló el año pasado).

martes, 17 de junio de 2008

Noches de Bodas

El pasado viernes estuve en una boda. Era esta una boda distinta a las demás porque la contrayente a parte de ser muy buena gente, es mi amiga. Acostumbrado como estoy a bodas de primos terceros a los que jamás he visto o a amigos de parientes, el evento del viernes adquirió un sentido completamente distinto. Es verdad que otra amiga mía, Carmen, se casó hace un par de años, pero aquello fue más bien una reunión de veinte amigos cenando a la salud de otra amiga.
La boda de Noemi fue un lujo. Me lo pasé en grande, aunque bien es cierto que bebí en exceso (cómo no) y de ello resultó un corte en la mano y una terrible resaca no exenta de lagunas de tiempo.


El caso es que para alguien que abjura constantemente de esta clase de compromisos sociales, que se aburre mortalmente con todo lo que huela a burocracia y que considera que lo de casarse es algo más propio de hace cuarenta años que de este momento, la sesión del otro día supuso un severo correctivo. Fui feliz contemplando la felicidad (valga la redundancia) de Noemi, de sus padres y su familia (a la que siento como mía propia) y de los invitados. Les deseo a los novios lo mejor, porque se lo merecen y porque les quiero.
Y a aquellos que como yo, pensáis que las bodas pueden ser un coñazo, os digo que siempre hay excepciones que confirman la regla y que cuando un amigo se va, algo se muere en el alma; pero que cuando se casa, algo florece y los gin tonics saben mejor y en estos días horribles que uno atraviesa, se vislumbra una salida al fondo del túnel.
Por cierto que el sábado, resacoso como ya he dicho, tenía actuación en un pueblecito llamado Quijorna. No salió mal, aunque vino muy poca gente a vernos. No obstante, la noche que sucedió a la actuación, fue sin duda, una de las mejores noches de mi vida, si no la mejor. En estos tiempos de tristeza, este fin de semana supuso un oasis hermoso. Lástima que lo bueno, no sé por qué, no dure más.
Como decía la canción: que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel... Así fueron la del viernes y la del sábado. Dichoso yo.

jueves, 12 de junio de 2008

La conjura de las sanguijuelas

Estoy hasta los cojones, con perdón. Ahora resulta que el Parlamento Europeo quiere que la jornada laboral pueda ampliarse hasta 65 horas semanales.
Es lo que nos faltaba ya por ver. En medio de una crisis absoluta del capitalismo, las polillas de los sillones parlamentarios en lugar de tratar de darle una salida a la situación que defienda a los trabajadores y mejore sus condiciones de vida, optan por acularse en tablas y en lugar de avanzar hacia un modelo económico más social y sostenible, aboga por el regreso a las condiciones laborales de la Revolución Industrial. Por fin se han quitado el antifaz.


Sesenta y cinco horas semanales hacen, en caso de librar un solo día a la semana, una media de más de diez horas diarias de curro. Nos hemos vuelto locos, es evidente. Los derechos conquistados con la sangre de los sindicalistas y el proletariado saltan por los aires mientras los camioneros hacen huelga, el petróleo se dipara y los jerifaltes económico se frotan sus repugnantres manos.
Esta es la consecuencia, quiera la gente o no quiera verlo, del fin de la Unión Soviética. Caído el Muro, las sanguijuelas capitalistas, las hordas de parásitos que se llenan la boca hablando de libertad, tienen vía libre para conjurarse y chuparle la sangre a la gente. Qué vergüenza, qué descaro.
Lo que no puedo comprender es que esta medida no haya suscitado una auténtica Revolución social. Nos están robando, nos están engañando, llevan décadas, siglos, milenios explotándonos y ahora, desarticulados todos los tejidos sociales, han conseguido algo que parecía imposible: dormir a la gente.


Esto es una mierda, señores. aunque por un lado tiene un aspecto positivo para mí. Cuando algún liberal me hable de que cobra poco, de que la sanidad es una mierda o algo por el estilo, le voy a mandar diez calles para arriba, dirección al estercolero. Ya está bien de soplapolleces. Aquí hay que llamarle al pan, pan y al vino, vino; y aquellos que se ponen del lado del explotador, del delincuente, del asesino son cómplices (también serán libreopensadores, no digo que no, pero librepensadores cómplices, qué horror).
Esto cansa y hoy, una vez más, reivindico el socialismo (el comunismo) como único modo de libertad total, de plena emancipación. Y el que me salga con Stalin o con Pol Pot que se entere de una puta vez que eso de comunista tiene tanto como el liberalismo de democrático, es decir, absolutamente nada.

lunes, 9 de junio de 2008

Pablo escribía para amantes del trapecio

A veces, no siempre, lo que otros escribieron parece que lo escribieron por uno. Espero que no se me tenga muy en cuenta el reproducir aquí un poema brutal y hermoso del maestro Pablo Neruda, que refleja lo que este trapecista siente, este cansancio vital.


Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndose de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aulla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de verguenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas
que lloran lentas lágrimas sucias.