sábado, 22 de marzo de 2008

Otra de listas


Hace ya algún tiempo que escribí mis veinticinco películas favoritas. Toca la literatura, en este caso el género de novela. Es esta lista, como la otra, una lista apresurada y poco reflexionada, más orientativa que otra cosa. Ahí va:

1851. Moby Dick de Herman Melville
1859. Historia de dos ciudades de Charles Dickens
1866. El Jugador de Feodor Dostoiesvki
1883. La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson
1887. Drácula de Bram Stoker
1899. El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad
1914. Niebla de Miguel de Unamuno
1925. El proceso de Franz Kafka
1931. La llave de cirstal de Dashiell Hammett
1940. Historias de Pat Hobby de F. Scott Fitzgerald
1942. El extranjero de Albert Camus
1945. Sinuhé, el egipcio de Mika Waltari
1947. El callejón de los milagros de Naguib Mahfuz
1953. El largo adiós de Raymond Chandler
1955. El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio
1960. Todos los caballos del Rey de Michèle Bernstein
1961. Los viejos marineros de Jorge Amado
1962. La conjura de los necios de John Kennedy Toole
1963. Opiniones de un payaso de Heinrich Böll
1964. Juliano, el apóstata de Gore Vidal
1975. La verdad sobre el caso Salvolta de Eduardo Mendoza
1981. Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez
1982. Mi último suspiro (Memorias) de Luís Buñuel
1982. Asesinato en el Comité Central de Manuel Vázquez Montalbán
1996. La arboleda perdida (Memorias) de Rafael Alberti
2003. 2666 de Roberto Bolaño

Faltan, como siempre, otras doscientas. Me he dejado llevar por mis gustos y soy plenamente consciente de que algunas de esas novelas no tienen una altura mayor que otras. Añadiría cualquier otra de Hammett o Chandler, Manhattan Transfer, Nada, alguna de Marsé o de Juan Madrid, La flaqueza del Bolchevique o La sustancia interior de Lorenzo Silva, La ciudad y los perros, El Quijote, La Odisea (pero no es una novela, claro), Agostino de Moravia, El rey Arturo y sus caballeros de Steinbeck, Otra vuelta de tuerca, El vicario de Wakefield, algún Lovecraft, Simenon o Doyle, Justine del Divino marqués, Dublineses o La Biblia, que a causa de mi desconocimiento sobre autor y fecha, ha quedado fuera. En fin, se me olvidan dos mil, pero no tengo ganas de pensar más de lo necesario.
También falta Los tres mosqueteros, pero como aún no me la he acabado, me parecía mal incluirla.

sábado, 15 de marzo de 2008

Paraíso perdido

Hoy echo de menos algunas cosas
Echo de menos la infancia, aquellos partidos de fútbol con chapas en los cuales el balón era un garbanzo y la portería, cualquier caja de zapatos cortada por la mitad.
Echo de menos el colegio, aquellos amigos que se fueron perdiendo en el camino y que siempre recuerdo y siempre siento cerca aunque nada me una ya con ellos.
Echo de menos mi barrio, Aluche, sobre todo en los domingos, cuando salían los gitanos con la cabra, el afilador paseaba en busca de clientes y los churros calientes eran recibidos como el premio final de la semana. También echo de menos ver la calle atestada de gente, los bares soleados de gente amiga y el parque cuajado de niñas que saltaban a la comba dejando entrever las bragas entre impulso e impulso, como promesa de un lugar mejor y más divertido.

Echo de menos aquel tiempo en que los trapecistas estaban en la calle y se besaban en los lugares públicos, demostrando que se amaban.
Echo de menos el pueblo con sus veranos largos y lúdicos, llenos de pajas, fútbol, libros y cartas. Echo de menos las partidas de mus, las fiestas, los primeros tragos de alcohol, el primer cigarrillo y aquel beso, que nunca olvidaré, que nunca nadie ha olvidado.
Echo de menos creerme el cuento de que este mundo es cojonudo, el pensar menos y el vivir más, el estar abierto a todo, desnudo de prejuicios. Echo de menos aquel arroyo que se ha secado, aquella roca donde nos metíamos mano los niños y las niñas y que ahora, es un chalet adosado color melocotón.
Echo de menos disponer de mi tiempo y no tener noción de su concepto y por tanto, usarlo de un modo impúdico, despreocupado y simple.


Echo de menos -dejándome de rodeos- mi infancia. Echo de menos -está muy claro- no echar de menos nada.
Ya sé que esto es un tópico, pero es verdad: lo echo de menos. Y también sé que como dijo un tipo listo, no debemos ser sectarios; porque la infancia puede ser un paraíso perdido, pero también un infierno de mierda. No es melancolía, es que me lo pasé muy bien.
Y una vez más, no tengo la menor idea de a qué viene esto, pero ahí queda. O no.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Vértigo

No voy a hablar de las elecciones, para qué. Los resultados son los resultados y en cierto modo, no me sorprenden, más bien al contrario, casi me seducen en el sentido de que abren un futuro incierto e interesante para la izquierda anticapitalista del estado. Ya veremos.
En otro desorden de cosas, sí quisiera hablar del chikichiki, esa canción absurda y desquiciada que anda sembrando la polémica en todas las cafeterías del país.
Debo de decir que a mí me parece estupendo que de una vez por todas nos tomemos con el choteo debido el espanto hortera que es Eurovisión, que por fin nos demos cuenta de que hay que acabar con las reuniones familiares en torno al Lá-lá-lá de Massiel y que entendamos -ya era hora- que la imagen de nuestra nación (¿qùé es eso?) no queda manchada porque presentemos a un tipo que va para allá a hacer el ridículo y bastante bien, por cierto.

No se me malinterprete, yo no soy un purista de la televisión. Consumo mucha basura, la cual recibo a través de la caja tonta y de otros miles de emisores de idiotez, entre ellos, por supuesto, este blog. La basura me gusta en la medida en que mi cuerpo la tolera. Por eso veo el programa de Curri Valenzuela o escucho de vez en cuando a Fede Jiménez Losantos (una dosis de cabreo e indignación siempre es recomendable), por eso leo los periódicos, por eso veo la televisión y el fútbol, por eso veo en ocasiones contadas algún programa de corazón, por eso me enganché a Hotel Glam y por eso he votado y me emborracho muchas noches. La frivolidad es un grado, no lo olvidemos. Quien no es capaz de ser frívolo es idiota, triste y sobre todo, peligroso.
Sin embargo, como en todo, hay grados. Y lo que mi frivolidad nunca ha sido capaz de tolerar son los concursos de talentos y sobre todo, ese género de programas de triunfo y fama que empezaron con OT y que en los últimos tiempos han experimentado un espeluznante ascenso. Esa basura, ese estiércol infame rebasa con creces mi límite y me produce los escalofríos del que sabe que se están creando monstruos que algún día se nos escaparán de las manos.


Por todo ello, la irrupción del chikichiki me parece una buena noticia que, además, posee una altura musical infinitamente mayor que la canción aquella de Rosa de España y demás chirigotas triunfitas. No se puede aceptar que desde la todopoderosa televisión se perpetúe un mensaje poco menos que aborrecible, como el de que en esta vida lo importante son los "sueños" laborales, el triunfo económico y la fama televisiva. Da vértigo ¿no?
Es el momento por tanto de acabar con Eurovisión, Miss España y el resto de concursos de mediocridad. Y a aquellos que piensan que el chikichiki va a dar una imagen penosa de España les sugiero que reflexionen y se den cuenta de que Eurovisión no representa nada, entre otras muchas cosas porque nadie ni nada puede representar a España, que ya se sabe, es al igual que el resto de países, una palabra hueca y asesina para nombrar un pedazo de tierra y separar de paso a unos de otros con el único fin de competir, esa palabra tan asesina o más que la anterior y a la que algún día, le dedicaré un post de este caótico y telebasuril blog. Que ustedes lo pasen bien.

sábado, 8 de marzo de 2008

Autorretrato en la memoria

¿Quién se murió
cuando te fuiste?
¿Quién sangra
y arroja su sed de nieve
en la mirada?
¿Quién despide a las gaviotas
y en sus lágrimas
siente el batir y el aleteo?
¿Quién se hiere los ojos?
¿Quién a fuerza de morir
nació en la cumbre?
¿Quién de sangre
surca los labios
de su pubis?
¿Quién la escucha?
¿Quién la teme?

Hace ya años
alguien olvidó su casa
entre las manos.
Hace demasiado tiempo
alguien perdió su voz
en el camino.
Años, tiempo ido,
medusas en la piel
y en la luz y en las estrías
del fulgor sobre el agua
y azucenas.

¿Quién al reservar
la noche un canto conocido
pasa de largo
el cierzo y la saliva?
¿Quién recogió los huesos
y molió su sueño
y entregó la sangre al volteo
de los mirlos?

Hundido, niño muerto,
que descubrió el azul y lo retuvo.
Ala, córnea, ceniza de los cuerpos
abrazados en el tiempo y la memoria.
Cíclope cansado, viento a rachas,
efigie desolada.

Y el tiempo pasó.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Un encuentro


Esas situaciones lo incomodaban. En ocasiones semejantes, habiendo hecho lo que sus padres le enseñaron -levantarse, ceder el asiento, agarrarse a la barra y esperar hasta la estación de Urgel-, su acción provocó la ira de dos ancianos y un cojo. Él suponía que veían en el acto un insulto, lo que no era en absoluto su intención.
Sin embargo, aquella vez se trataba de una hermosa embarazada de no más de veinticinco años, que frisaría el octavo mes y que al entrar al atestado vagón, sólo obtuvo la indiferencia de los viajeros.
- Siéntese –dijo él, asumiendo el riesgo de que le mandase a la mierda.
A la embarazada se le iluminaron los ojos y la sonrisa le brotó en los labios acentuando su belleza.
- Muchas gracias.
En ese instante frenó el tren y el cuerpo de la chica se abalanzó sobre su pecho, donde estuvo incrustado diez segundos.
- Disculpe.
Restó él importancia al suceso y observó cómo ocupaba su asiento. Notó un extraño orgullo y sintió alivio.
A las tres paradas descendió del vagón. Al salir se acercó al kiosco y pidió una revista.
Cuando fue a echar mano de la cartera se dio cuenta: alguien se la había robado. Sólo podía ser una persona.
- Cabrona –murmuró.
Y malhumorado, dejó la revista en su sitio y regresó a casa.

viernes, 29 de febrero de 2008

Las mil entradas


Bueno, pues casi, casi estamos en las mil entradas, por lo que supongo que en el fin de semana -tiempo de relajo y abandono del blog por mi parte- llegaremos a esa mágica cifra.
Quién me lo iba a mi a decir cuando puse el contador hace un mes más o menos. Quién me lo iba a decir cuando, contra todo pronóstico, decidí abrir La puta y el Trapecista. Qué cosas... Aunque lo cierto es que de esas mil entradas por los menos cien -seguramente más- serán mías, yo me siento abrumado por el hecho de que gente que no conozco de nada (y la que conozco también) entre en esta página y comparta conmigo mis pensamientos. Para eso escribe uno entre otras cosas.
En fin, que sólo puedo dar las gracias a aquellos que leen las idioteces que se me van ocurriendo y confiar en que no les aburran demasiado mis letras en elm futuro. Muchas gracias y perdonad el coñazo.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Subrealista, que diría una ex profesora mía

Los cuatro evangelistas eran tres: San Pedro y San Pablo. Leo esta frase, escrita como respuesnta en un examen por un alumno de quién sabe dónde y pienso -es curioso- en Luís Buñuel.
Me resulta la frase, una especie de máxima surrealista, xomo aquella de : La mortadela está indudablemente fabricada por ciegos o El mayor acto surrealista es salir a la calle y disparar al azar sobre alguien.
Desde que era un tierno niño que comenzaba a divisar la tiniebla de la adolescencia entre la luz de la infancia, me he sentido atraído por la corriente surrealista. En cierto modo, siempre he querido ser uno de ellos. La razón es simple: me divierten.

De hecho, hace algunos años me propuese refundar la Orden de Toledo, secta extraordinaria creada por Buñuel y de la que formaron parte gentes como Alberti, Lorca, Dalí o el recientemente fallecido Pepín Bello. Aún estoy interesado en ello. Las normas que marcaban el ingreso en la cofradía eran sencillas:

- Vagar durante toda una noche por Toledo, borracho y en completa soledad.
- No lavarse durante la estancia.
- Acudir a la ciudad una vez al año.
- Amar a Toledo por encima de todas las cosas.
- Velar el sepulcro del Cardenal Tavera.

Con estas breves indicaciones, a las cuales en su momento añadí las de vestir de capa, tener prohibido cualquier bebida que no fuese vino El Conquistador y leer pasajes del Cantar de los Cantares en voz alta, tuve el sueño de reconstituir la Orden. No fue posible, pero aún hoy, sigo con esa obsesiva idea y pienso llevarla a cabo.


En cualquier caso, yo quería hablar del surrealismo, aunque sólo sea un poquito. Decía antes que este movimiento me divierte. De todo él, lo que más me divierte son las imágenes religiosas y sexuales y el ánimo de provocación constante contra la burguesía y lo políticamente correcto. También me gusta su poder hipnótico -cómo olvidar el burro muerto sobre el piano en Un perro andaluz-, su perfidia,b su fetichismo, su ánimo alborotador y cómo no, su producción artística, ya sea pictórica, fílmica o literaria.
Siempre he querido ser un surrealista, dejar volar mi mente en busca de conceptos y unirlos sin ningún prejuicio, sin intervención de la razón, la estética o la moral. Como en casi todo, he fracasado. Pero sigo decidido a intentarlo porque es divertido, porque cuando he ejercido de surrealista me he sentido vivo y me he descojonado y porque hace mucho que no voy a Toledo y necesito una excusa.
Vaya... creo que me ha salido otra paja mental.

martes, 26 de febrero de 2008

¿Quién ganó el debate?

Vaya pregunta. Yo creo que está claro ¿no? El debate lo ganó Izquierda Unida. Y UpD, ERC, PNV, CiU y el resto de partidos que no estuvieron en aquel solemne banquete de idiotez, simpleza y palabras huecas.
¡Qué vergüenza! Y uno de estos dos va a ser el presidente. No, si lo que yo digo, que en la democracia hay algo que le falla, algo que no cuadra, algo que no tiene mucho sentido. Me refiero a nuestra Democracia, claro: ese gobierno del pueblo en el que influyen más los anuncios y la astrología que cualquier cosa lógica.
Que nadie se sorprenda, era de esperar. Rajoy es como Don Pimpón, pero con menos gracia, bastante más mala leche y un racismo hitleriano que roza el paroxismo. Zapatero es Espinete, uno de esos tipos que se pone el pijama para dormir y va en pelotas todo el día. No tiene el carisma del monstruo rosa, pero desde luego, comparte con él la falta de perfil ideológico y un mensaje válido y potente para los menores de seis añitos.




Si es que son geniales, oiga. Vamos a ver, dos señores que se pasan dos horas aburriendo al personal, que no dicen nada, que están más pendientes de no parpadear que de sus programas electorales (¿tienen de eso?) y que concitan a más de trece millones de personas frente al televisor, tienen su mérito. A mí, al menos, me preocupa que me quiten el puesto de guionista en un futuro no demasiado lejano.
Por otra parte, lo mejor de todo, fueron los programas de después. Qué cantidad de idioteces. ¿Pero de dónde han salido los periodistas de este país? ¿De una cura de desintoxicación con Maradona? ¿De la madriguera de Winnie the Pooh? ¿De la Feria de Abril? ¿Del coro rociero, olé, olé, olé? ¿De la rondalla de mi pueblo? ¿Del club de fans de Michael Knight en el coche fantástico?
En serio, a mí me parece que esto es espeluznante y descojonante al mismo tiempo. Yo me lo paso bien oyendo al periodista ese de La Razón -el de las gafas a lo Benavides, el pelo lamido por un ñú de la Savannah y la nariz de Cyrano-, a Carmen Gurruchaga -esa tortuga operada- o al viejo verde de Dragó, diciendo soplapolleces sobre cualquier tema. Es cierto, también da miedo pensar que esos mismo generan opinión, pero qué le vamos a hacer. Si alguien se deja influir por semejante coro catecuménico es que se merece el debate de ayer.


Pero lo mejor de todo -a parte, ya digo, de las salidas de tono un pelín racistas de Marianíco el corto- fue comprobar, para nuestra tranquilidad absoluta, que la gente seria, los que saben de verdad, los que podríamos llamar faros de nuestra civilización, gentes como Curry Valenzuela, Fede Jiménez Losantos o Jose Ramón de la Morena dieron como vencedora a la Democracia, que debe ser una desconocida candidata a la Presidencia del gobierno -una señora muy cansada y maltratada- y a la cual, dicho sea de paso, me imagino un poco como Doña Ofelia, asediada por Bacterio (Marianico) y Mortadelo (Zapatero), que no tienen ni un pelo de tontos, por lo menos en la cabeza.
No obstante, no todo van a ser reproches y política desde este blog. Felicito a Javier Bardem y a Raúl Catro desde aquí, desde el profundo convencimiento de que a los dos se la suda mi felicitación. Allá ellos.

viernes, 22 de febrero de 2008

Incluso en estos tiempos o el voto útil

Incluso en estos tiempos -como decía la canción- en los que no hay mucha ilusión por hacer campaña electoral a favor de los que he considerado siempre "los míos", siento ese deber de hacer algo por intentar mejorar las cosas.
Así que ayer, a eso de las doce de la noche, un grupo de irreductibles nos pusimos a pegar carteles y a dar rienda suelta a nuestra imaginación y ánimo socialista en una noche fría y solitaria. Como en Brunete, los de Izquierda Unida "semos diferentes" nos armamos con unos spray y algunos carteles y reclamamos el voto para IU. Mucha gente piensa que poner la hoz y el martillo en lugar de carteles que nadie lee nos resta votos. No sé si será cierto, pero desde luego, si yo estoy cercano a alguna ideología, esa es la del socialismo, comunismo o como se quiera llamar y precisamente por eso, considero absurdo andar escondiéndonos. Si la gente no nos quiere votar que no nos vote, pero somos lo que somos.


Aún así y por primera vez, voy a hacer uso del voto útil, del que siempre fui un detractor. Me planteé muy seriamente votar al PCPE o algún otro partido de la izquierda marginal, sin embargo, debido a laséncuestas y a la peligrosa tendencia hacia un modelo bipartidista entre dos perro iguales con collar distinto, decidí no hacer el imbécil, ponerme las pinzas en la nariz y meter la papeleta que encabezará Gaspar Llamazares en la urna.
Es evidente que para aquellos que hemos dado en llamarnos de izquierdas, Gaspar no sólo se queda corto sino que se mantiene a años luz de lo que debiera ser la instauración del socialismo federal y republicano en España. Porque eso es lo que andamos buscando los que estamos a la izquierda: un movimiento que supere el capitalismo y no una política eco-chaciguay-un poco de aquí-un poco de allá-pro tendencia María Teresa Campos-corriente Juan Tamariz-nacionalista-periférica, que es lo que parece que a Gaspar le mola.
Aún así, ya digo, he decidido al final y tras mucho cavilar, votar a IU, esperando que tras la próxima Asamblea Federal las cosas cambien y demos un giro hacia el socialismo y lo que en tiempos, hace ya mucho, significó la IU de los años 90.



Y es por todo eso que en mi pueblo hacemos lo que nos dá la gana y sacamos la hoz, el martillo, las cervezas, los bocadillos y lo que nos apetece. Supongo que habrá algún militante de IU que estará disconforme con todo ello: que mire para otro lado, a mí me d lo mismo, somos lo que somos y si eso nos quita votos, pues bienvenido sea. Nuestro objetivo no es sacar cien diputados sino cambiar el sistema y si la gente no quiere la transformación, pues entonces sobramos. Pero lo que no podemos hacer es mentir a nadie, escondernos y negar nuestros orígenes, la idea que impulsó nuestro proyecto y el modelo de estado que no sólo queremos sino que además, necesitamos.
Vota IU, a tí que más te da. Vota IU, que les jode. Vota IU, si te apetece.

lunes, 18 de febrero de 2008

El pez, Ramiro Calle y el entrenamiento (Pajus mentalem est)


Por las noches, después de leer un poco, cojo una botella de agua y el paquete de ducados; enciendo la radio, me desconecto un poco y me acomodo frente a la pantalla del ordenador: toca escribir y las palabras trepan por las paredes, escondiéndose en rincones remotos cuajados de telarañas y secretos. La vida es un anzuelo para esas palabras perezosas que se agazapan y rehúyen.
A veces quiero hablar del amor y lanzo mi caña hacia los recovecos de la habitación: pienso en ella -en ellas- y recojo un pez gordo, brillante, de escamas anaranjadas en cuyo interior presumo que se esconde el misterio del amor. Pero tras destripar al pez, lo encuentro hueco, con la sangre huida, las vísceras diluidas y el hedor de la carne muerta. La culpa es mía, claro, porque tengo miedo.
Supongo que nos pasa a todos, cuando queremos decir algo y no nos sale. Supongo además que es parte de la gracia de escribir, de hablar o de estar vivo. Sin embargo, siempre me he preguntado cuál es el dique, por qué no somos capaces de decir las cosas claras, porque nos da tanto miedo estar desnudos y exponernos ya sea ante la hoja en blanco, la mirada de la persona que amamos o ante un Tribunal de Orden Público cualquiera. Nunca he obtenido respuesta y a decir verdad, tampoco creo que la haya.
Sí, sería fácil hablar, por ejemplo, de la herencia cultural, de la moral occidental imperante o de cualquier otra gilipollez por el estilo, pero lo cierto es que todos esos factores son parte de nosotros y -lo siento Ramiro Calle- es absurdo luchar contra ellos.




Pero a veces somos capaces de desvestirnos, olvidarnos de todo y escribir o hablar sin tapujos, como los niños que le dicen al gordo, gordo y al viejo, viejo y al que huele mal, apestoso. Ese es el momento de la magia, el momento en que disfruto de escribir o de hablar y comienzo a divertirme sin la aburrida tara de las ropas, de las cadenas.
Creo que ese instante sólo se alcanza cuando estás tocado no por la inspiración sino por el entrenamiento, la disciplina y el trabajo. Porque para escribir sin tapujos o hablar sin tapujos o vivir sin tapujos hay que trabajar duro en ello. Es entonces cuando vences la pereza, el tedio, las túnicas de la cultura, la razón pura o el estado del bienestar y te lo pasas, hablando en plata, de puta madre. Hasta para follar hace falta.
Sé lo que estará pensando el lector: ¿este tío de qué coño me está hablando? Pues tampoco tengo respuesta, mire usted. Simplemente me lo estoy pasando bien. Espero no haberme puesto denso, que ya tenemos bastante con las elecciones. Perdón (por la tristeza o lo que sea).

martes, 12 de febrero de 2008

La trapecista argentina

No sé por qué he pensado en ti, Dora.
O tal vez sí; son las dos de la mañana y suena una canción que solíamos cantar abrazados y borrachos en el Desván de Manolo. Adivínala, ya sabes.


Esta noche pienso en ti, Dora, y me entrego a la pornofrafía obscena y cursilona de hablarte a través de este blog -red pública de trapecista internauta- y como siempre, aunque ahora me parezca un imbécil, las letras de Sabina me emocionan. Qué le vamos a hacer, todavía sucumbo.
Pienso en ti... y regresan las noches del verano hablando de cualquier cosa al amparo de un güisqui, unos paquetes de cigarrillos e incipientes ganas de reír, cuando los kilómetros no me tocaban los cojones como ahora y con sólo avanzar unos poquitos metros podía llegar a tu casa y estar contigo a la izquierda del roble mientras la ciudad, recuerdas, existía tranquilamente lejos; o cuando llegaba el miércoles y nos trasladábamos a casa de Paca y Óscar y recitabas mejor que nadie los poemas de Benedetti. También recuerdo la última gran fiesta, llena de cariño, amor y una alegría triste de saber que el océano nos iba a robar la mirada y la carne. Aquello eran tiempos.
Luego te fuiste y Brunete se quedó vacío. Te fuiste y de los miércoles sólo quedó el esqueleto raído y mustio de sus letras. Te fuiste y se me fue un pedazo.


Tengo cargo de conciencia contigo, amiga. No te escribo demasiado y paso mucho tiempo sin enviarte noticias de mí. No sé si recordarás aquel poema que decía: lo que quiero que sepas/ es que no te olvido/ es decir/ que te recuerdo/ dormida tan hermosa/ que no podía dejar de contemplarte.
No te lo escribí a ti, claro. Por entonces sólo le escribía poemas a una chica que no me hacía demasiado caso y algunos de ellos, como ese, te gustaban. Hazlo extensivo a ti. No te olvido, siempre te recuerdo, siempre te pienso y siempre, siempre, deseo estar abrazado a ti, cantando, bebiendo y llorando de la risa. Te quiero y quiero. Álvaro

jueves, 7 de febrero de 2008

De una victoria o el triunfo de la involuntad

Para quien no lo sepa, aclararé que los Newellés Sapbis es mi equipo de fútbol sala. Pero que no os engañen las apariencias. Más bien somos un conjunto de cerveceros alegres que, en tres años, no habíamos logrado sumar ni un solo punto y que hasta el sábado pasado, llevábamos en contra más de 80 goles y a favor apenas 10. Sin embargo, la proeza se logró. A continuación, la crónica.

Llovía, el día era gris y el campo presentaba charcos de agua sucia en un campo difícil de drenar por la ausencia de tragantes. Hubo quien pensó que ese no era el día indicado para jugar al fútbol. Se equivocaba.
Los spabis presentaron un equipo mermado por las ausencias pero dispuesto a hacer historia, a convertir el centro deportivo Manuel Becerra en el escenario de una batalla épica que daría pie a la hazaña más importante de los últimos años.
La máquina Spabi se puso a pensar por primera vez y se diseñó una táctica tan sencilla como infalible: los enemigos no nos temen, creen que ganarnos es pan comido, se equivocan, esa es nuestra mejor arma, que el delantero se quede arriba, en posición palomero y de ese modo, les pillaremos al contraataque en cuanto tengamos una oportunidad. Dicho y hecho.
El árbitro, un chavalín con cara de niño y menos carisma que un teletubbie pero muy majo, pitó dando comienzo al encuentro. En apenas dos minutos, Rafa se internó por la banda, dribló a un rival y disparó alojando el balón en las mallas del equipo contrario. La euforia se desató en el campo, la bolsa se desplomó, la monarquía temblaba: los Spabis iban ganando. Nadie podía creerlo, ni siquiera nosotros mismos. El abrazo de todo el equipo certificó el comienzo de algo grande, enorme.
Los rivales sacaron y el partido continuó. Se acercaron un par de veces sin éxito, hasta que el balón cayó en las manos del portero, Álvaro, que sacó rápidamente hacia Javi, el cual se mantenía en su posición de palomero. Cuando el número nueve cogió el balón, la respiración del público se entrecortó, el cielo se abrió y un rayo de sol iluminó a nuestro ariete que se plantó frente al portero, lo regateó y marcó el segundo. Qué zozobra, qué locura, qué extasis, qué de todo. Un 2-0, quién lo iba a decir. La alegría se destó en el campo, las miradas de sorpresa aparecían por doquier en los rostros Spabis, la incredulidad rozaba nuestros corazones impulsando su latido. Sólo había una pena: Jota se nos había lesionado, aún no sé bien cómo.


Pero a los pocos minutos sucedió lo imprevisible. Un balón manso a media altura, que buscaba a uno de los delanteros del Castro Mocho se dirigía a nuestra meta. El portero debía interceptarlo sin problema, pero un resbalón ridículo dio con su cuerpo en tierra y de paso, con el del delantero contrario, por lo que el balón se adentró en la portería sin oposición alguna. El 2-1 no entrubió el ánimo de los Spabis, pero dio lugar a los peores minutos del encuentro, ya que el Castro Mocho se hizo dueño del partido y dispuso de un gran número de oportunidades, hasta que en una de ellas, el número ocho –la gran estrella rival- conectó un disparo raso y al palo ante el que nada pudo hacer el portero, puesto que Rafa tapaba su ángulo de visión.
El empate no nos hizo desanimarnos, pero el Castro Mocho seguía en su mejor momento. De hecho, otro disparo del número ocho fue el origen de lo que sería un nuevo estallido de alegría Spabi. El muchacho golpéo raso y potente, pero Álvaro consiguió parar el balón con el pie, propiciando de ese modo un pase involuntario a nuestro Palomero Javi, que recogió el el esférico, tomó rumbo a la portería y tras aguantar la presión del cierre batió al portero rival por debajo de las piernas en un gol que se recordará siempre por su impecable factura. Era real, los Spabis volvían a ponerse por delante, la gloria estaba tan cerca que podíamos rozarla.
Un par de ocasiones más del rival, entre ellas una cesión peligrosa, cerraron la primera parte. El estado de euforia en el que nos encontrábamos nos hacía creer hasta en la resurrección de la carne, hasta en los Reyes Magos, hasta en la belleza de Yola Berrocal. Nadie podía pararnos.
La segunda parte fue otro cantar. Los Spabis hicimos un trabajo serio, perdiendo tiempo, con inteligencia, manteniendo las líneas defensivas prietas y robustas, tratando de ampliar nuestra ventaja en un nuevo contragolpe. Sin embargo, el empate a tres no se hizo esperar demasiado. De nuevo el número ocho logró un disparo que tras hacer un extraño superó a Rafa, que había ocupado la portería en el segundo tiempo.
Por un momento, un halo de tristeza inundó los ojos de los Spabis, pero la garra, la fuerza, las ganas y las cañas ingeruidas antes del partido pudieron más. Rafá sacó, Eugenio conectó con Luís que abrió el balón a la banda donde Javi recibió y encaró el marco contrario, regateó al defensa, se fue de este y recibió una falta fea e innecesaria al borde del área. Fue el propio Javi el que transformó la falta. Cuando tomó carrerilla los corazones se encogieron. Disparó y… GOL, GOL, GOL, GOOOOOOOL. ¡¡4-3!! Corrió el champán, las gradas se vinieron abajo, los travestis que jugaban al voleibol en la cancha vecina dejaron su partido y vinieron a animar, el árbitro sonreía, Jota lamentaba no haber traído la cámara… El abrazo fue de los de antes, unido, fuerte, vigoroso: SPABI!!!!


Contuvimos el partido y perdimos todo el tiempo que nos fue posible. Los últimos cinco minutos duraron más que una tarde de domingo con resaca, pero hicimos nuestro trabajo. Solamente Rafa nos puso el corazón en un puño con un par de salidas alocadas, al tun-tún que afortunadamente no revistieron ocasiones del rival. Menos mal, le hubiéramos asesinado.
Y así llegamos al pitido final. El árbitro, cansado de nuestras reiterativas peticiones para que diese por concluido el encuentro, terminó por claudicar y dio los tres pitidos consabidos, que nos sonaron a gloria, a música celestial, maldita sea. Ahí se destó el delirio general. El mundo cambió para siempre, se inició una nueva era. Nos juntamos en el centro del campo y reímos y gritamos y nos abrazamos, mientras el derrotado rival se iba hundido hacia los vestuarios. Decidiomos por unanimidad que Javi, debido a su estelar partido fuera proclamado jugador Spabi, con la salvedad de que fuese por primera vez, en la categoría Spabi bueno de la jornada. En cuanto al malo, ese premio queda desierto (claro, no vino Zapatero…).
Y así terminó la jornada que se recordará como la primera en que los Spabis jugaron, vencieron y puntuaron, tres años después de irrumpir en el panorama futbolístico mundial con el destino de hacer histotia. Así fue, amigos: un triunfo de la involuntad, del buen rollo y de la amistad que sólo un Spabi puede sentir. Qué de puta madre, joder.

sábado, 2 de febrero de 2008

Juan Madrid (de Malasaña)


Él no lo va a leer, eso está claro, así que me permito el lujo de hablar un poco, no demasiado, de uno de los escritores más interesantes de cuantos están vivos en España.

Se llama Juan Madrid y escribe como Dios manda. Su estilo, fruto de una profunda reflexión sobre la estructura del relato, la construcción de la intriga y el dibujo de los personajes, es tan directo como el derechazo de un boxeador con ataque de cuernos. Se le conoce como novelista negro; Manuel Vázquez Montalbán, íntimo amigo suyo, dijo en alguna ocasión que en España hay tan pocos escritores de novela negra que Juan Madrid es uno de los dos. No iba muy desencaminado el bueno de Montalbán, a pesar de lo cual, el señor Madrid es mucho más que un escritor de relatos policíacos: periodista incansable y narrador prolífico, posee en su haber libros de viajes, novelas juveniles, colecciones de relatos, guiones de cine e incluso un extraño e inencontrable ensayo.


Por razones que no vienen al caso, en este mes de enero he leído dos novelas suyas: Pájaro en mano y Cuentas pendientes.

Pájaro en mano (Ediciones B) es hasta el momento, la última novela publicada por Juan Madrid. La historia, un fresco coral sobre la corrupción en Marbella, es un relato conmovedor sobre la soledad, el engaño, la mentira, las cuitas no resueltas del pasado, la memoria rota y la violencia desatada por el ansia de dinero, el poder y la fama. El único "pero" es que los personajes cambian demasiado las piernas de posición; una nadería, vaya.

Cuentas pendientes es la quinta novela de la serie Toni Romano y está a la altura de las anteriores (al menos de las que he leído). Hay quien le recrimina a Juan Madrid que su literatura sea demasiado chandleriana y Toni Romano un clon descarado del detective Phillip Marlowe, pero, en honor a la verdad, ni se parece tanto ni eso me parece un reproche aceptable. Puestos a imitar, qué mejor que imitar a los maestros. En Cuentas pendientes nos introducimos en un Madrid postfranquista que se diluye en la selva hortera y mágica de los años ochenta. Se nos propone un viaje por las calles de Malasaña en busca de las cuentas pendientes que nos deben a todos en la vida: el cariño, el sexo, los hijos, la libertad, el pasado, los amigos, los sueños, la ternura de los labios prometidos. Tal vez la vida sea una basura, pero tras los escombros y el hedor, aparecen personajes duros y tiernos, Tonis Romanos que no han renunciado (aunque digan que sí) a la confianza en el prójimo, al viaje de la vida que finaliza en puerto feliz.

Y es que si algo destaca en la literatura de Juan es el viaje, ya sea por ese Madrid que describe como nadie (a pesar de ser malagueño de cuna), o a través del pasado y la memoria de sus personajes. "Creo que todas mis novelas son descripciones de viajes, no sé bien adónde", ha llegado a decir. "Lo que escribo queda como una guía para el lector, quizá como el plano de la Isla del Tesoro, aunque yo nunca haya encontrado el tesoro". Genio y figura.


Conocí a Juanito y a Sara Rosenberg, su compañera, hace ya un año. Fue en Cuba, claro. Me los presentó el insigne guionista y mejor amigo Juan Tébar (el de la camisa roja). No he visto a los Madrid todo lo que hubiera querido, pero a su lado, me he corrido algunas de las juergas más memorables que recuerdo.

Cuando vamos curdas, nos ponemos a cantar flamenco, a hablar de cine, de libros y de política. Disfrutamos de la conversación por la conversación y jugamos a creer en el socialismo y en los cuentos de hadas. Hadas con liguero y lencería negra, hadas de Malasaña, hadas de novela negra: las chicas que -aunque sólo sea para escribir- siempre quisimos Toni Romano, Juan Madrid y yo.

jueves, 31 de enero de 2008

Una de listas

Bueno, pues aunque este tipo de cosas sean una tontería, hace algún tiempo, instigado por el entrañable Josito, armé esta lista de las 25 películas favoritas. No os las perdáis, aunque sólo sea por discutir conmigo algún día.



1925. El acorazado Potemkin
1939. La regla del juego
1943. Casablanca
1947. Retorno al pasado
1949. Ladrón de bicicletas
1952. Umberto D.
1956. Centauros del desierto
1957. El séptimo sello
1958. Sed de mal
1962. El hombre que mató a Liberty Valance
El ángel exterminador
1965. Simón del desierto
1966. Drácula, príncipe de las tinieblas
1967. Edipo rey
1971. El conformista
1972. El Padrino (I, II y III)
1973. El espíritu de la colmena
1976. El desencanto
1978. El árbol de los zuecos
1980. Toro salvaje
1983. El sur
1984. Érase una vez en América
1987. Días de radio
1992. Sin perdón
1995. La mirada de Ulises




Faltan muchas, claro. Falta cualquiera de Billy Wilder (El apartamento, Perdición y La vida privada de Sherlock Holmes, sobre todo), Candilejas de Chaplin, Taxi Driver, alguna otra de la Hammer, A través de los olivos, todas las demás de Buñuel y Erice, El verdugo, Plácido y La escopeta nacional de Berlanga, Vértigo, Los 39 escalones, Cotton Club, Uno de los nuestros, El sueño eterno, Reservoir Dogs, Laura, El vampiro de Düseldorff, Los crímenes del museo de cera, El gran Lebowsky, Europa 51, Los puentes de Madison, Ocho y medio, Amarcord, El último tango en París, Confidencias Verdaderas, El cazador, Cero en conducta, El Atalante, Robin Hood (versión Michael Curtiz), Los sobornados, Ser o no ser, La jungla de Asfalto, alguna de Nick y Nora Charles, La huella, Senderos de gloria... Yo qué sé, DOSCIENTAS MIL MÁS.
En cualquier caso, esas veinticinco son las elegidas y servidor apechuga, entendiendo cualquier tipo de disidencia (excepto en El conformista, qué joya).

viernes, 25 de enero de 2008

La llaman Cuba


Es Cuba, dicen, y tal vez acierten.
Acabo de regresar de mi tercer viaje a ese país, que quiero y siento como si fuera parte de mi sangre. Allí, en mi isla preferida, soy feliz: escribo, tomo ron, salgo a la calle, madrugo, doy clases, disfruto de mi segunda familia, sonrío. Han sido dieciocho días intensos y cuajados de anécdotas. A caballo entre el barrio de La Lisa, La Habana vieja y la Escuela de cine de San Antonio, han pasado los días hasta esfumarse y devolverme a la fría realidad española, tan aburrida, tan endogámica. La crónica vital, personal de mi paso por Cuba arroja unos resultados óptimos.
Luego esta la córonica política, que se me antoja necesaria, a fin de revocar las múltiples mentiras que escupen los medios de comunicación sobre la realidad cubana, las cuales son, en la inmensa mayoría de los casos, tan flagrantes y apestosas que terminan por alojarse en el subconsciente colectivo como verdades irrefutables. Siempre lo digo: en España me paso tanto tiempo desmontando las gilipolleces que la gente dice sobre Cuba, que no me da tiempo de criticar los defectos que pueda tener.




Cuba es un lugar complejo, lleno de contradicciones, pero con la cabeza alta y el pulso firme en su avance inexorable hacia algo mejor. No se pueden ocultar las deficiencias y ranuras del sistema socialista, pero tampoco se deben pasar por alto los avances, las conquistas que la revolución y el socialismo trajeron de su mano y que aún hoy, siguen presentes y crecientes en la sociedad.
No podemos olvidar que estamos hablando de un país tercermundista en cuanto a recursos en el cual, toda la población (y cuando digo toda, quiero decir eso: TODA), come tres veces al día. Un país en el que las necesidades básicas como vivienda, educación, transportes, sanidad, agua, luz, se hayan cubiertas por completo; un país en el que hay una infinita mayor libertad de expresión de la que nos cuentan, en el que existen poderosos recursos de control a las autoridades; un lugar donde el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde hace ocho años, donde la población es culta, donde no existe el analfabetismo, donde la libertad de culto es total, donde las condiciones laborales son óptimas, donde la delincuencia es prácticamente nula, donde los ciudadanos gozan del sexo y el tiempo libre sin tabúes, donde no mueren niños, donde la solidaridad con los demás es recompensada con el cariño.


No lo niego (y además se me nota): me siento muy en sintonía con el sistema socialista cubano. Debo de ser comunista.



También hay fallos, claro. La doble moneda, la perpetuación en el poder o la pena de muerte. No seré yo quien los defienda, pero no se puede juzgar un país ni un régimen únicamente por eso.
En cualquier caso, soy hijo de una experiencia: la mía. Y desde esa perspectiva, la de mi historia con y en Cuba, sólo puedo hablar del cariño que me suscita su gente, su forma de ver la vida, su perpetua sonrisa, su hospitalidad.
Todo eso es para mí Cuba. Es y todo lo demás. Hay quien la llama la Perla del Caribe, otros la llaman Cuba. Yo sólo sé que me siento feliz allí y que por supuesto, espero volver muy pronto. Nos vemos, isla querida.

miércoles, 2 de enero de 2008

Feliz 2008 (pongan ustedes la rima)

Este año me he negado a mandar mensajes de felicitación navideña o anual. No por lo que ganan las compañías de telefonía sino porque estoy sin un duro y sin ingenio para sms. Así que en lugar de mandar un mensaje masivo, impersonal y con algún que otro chiste fácil, me he decantado por no hacer nada más que comer, folgar, beber y dedicarme a la lectura, la trilotgía de El Padrino (pensé que lo había superado) y los regalos. Todo muy divertido.

A mí me gusta la Navidad, qué le vamos a hacer. Me lo paso en grande al reunirme con mi familia y escuchar las anécdotas del año. Imito un rato a Papuchi, llamo a la ambulancia para que asistan de oxígeno a mi tío Ángel y termino discutiendo de política con mi abuelo (sí, es una pérdida de tiempo, pero y qué no lo es). Me gusta el rollo ese de los regalos, el esperar a Papa Noel, pensar que los Reyes Magos existen y comer cordero asado aunque en el fondo lo aborrezca. Son costumbres. La tradición es la ilusión de lo permanente, dijo un judío que hacía un cine cojonudo hasta hace unos diez años. Seguramente sea cierto, pero me divierte.

El año 2007 no estuvo mal. Viajé bastante, conocí gente curiosa, me desligué definitivamente de la Ecam, no fui a la facultad, atravesé un tumultuoso período sentimental, reí, lloré, saqué a la perra y para finalizar tomé las doce uvas. Un deseo por cada una, como manda la tradición. Con que se cumpla el cincuenta por ciento, me doy con un canto en los dientes.
En cuanto al 2008 pues... yo qué sé. De momento empiezo con sobresaliente. El día cinco me voy para Cuba, ese pedazo de la tierra prometida en el que me siento como pez en el agua. Allí es fácil hasta escribir, allí es fácil hasta vivir.


Luego volveré a Madrid y me helaré de frío, votaré en las elecciones a algún partido marginal de extrema izquierda (Llamazares no, gracias), buscaré trabajo, saldré y beberé gim tonic, reiré, lloraré, sacaré a la perra y transcurridos doce meses, tomaré las doce uvas, una por mes como manda la tradición. Y después el 2009. Sólo le pido que empiece con Cuba. Ya lo sé, es demasiado pero al carajo, por pedir que no quede.

Por cierto: Feliz 2008 para todos y cada uno de vosotros. Nos vemos en los bares.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Simplemente ella

Nunca podré agradecerle lo suficiente a Josito Montez el que una noche de copas y risas (una entre tantas), nos revelase a un grupo de elegidos la existencia de un personaje que cambiaría para siempre nuestras vidas, nuestra concepción del mundo. Una mujer que ocultaba bajo el vestido rojo, los labios ampulosos, el aún más ampuloso lenguaje, el cabello rubio de bote, los ojos enormes y desquiciados y la verborrea trash, una de las mentes privilegiadas de nuestro tiempo. Ella no era otra que la siempre diferente, la siempre novedosa, la siempre locaza Manuela Trasobares.
Manuela Trasobares, Lola para su pelotón incondicional de adictos, Loli para su hermano, travelo malo para sus escasos pero evidentes detractores, nos abrió de improviso la puerta de un universo nuevo: el de la locura televisiva llevada a su extremo más acuciado, el de la paraodia y el surrealismo casposo que rebasan sus conceptos para convertirse en arte, en humor definitivo.


A Loli Trasobares le atribuyo los diez mejores minutos televisivos que he pasado en mi vida. En un plató digno del primer Almodóvar y rodeada de fascinantes personajes, expone un alegato definitivo en defensa de la transexualidad, adornado con referencias artísticas y barrocas. Su estado de ánimo comienza a agitarse hasta finalizar en estallido delirante, en sublime muestra de la fuerza que otorga la palabra y la oratoria. Es, sin exagerar un pelo, definitvo.

Muchos pensarán que la Trasobares es una freak. Son idiotas. La Trasobares es mucho más que eso: es una mujer tan inteligente que es consciente de la parodia que representa, de la locura que arrastra. Es tan inteligente que las fuerza y se ríe de ellas quedándose de paso con todo el personal. Es un genio, maldita sea.


Desde que vi por primera vez el vídeo, comprendí que ya nada sería igual y decidí dedicarme a evangelizar a los paganos en el culto de la Trasobares. Sirva este posto como un nuevo tributo en mi interés por dar a conocer a la gran diva de los 90. ¡Viva la Loli! (Lamet dixit)
Ahí queda eso

jueves, 6 de diciembre de 2007

Curso de Guiones Adaptados (Jardín de las letras)

Voy a dar un taller sobre guión en el Jardín de Lola de Castro. Si alguien está interesado o conoce a alguien que pudiera estarlo, puede ponerse en contacto conmigo en el mail faurito@msn.com
El objetivo de este curso o taller es introducir al alumno/a en la dinámica de la adaptación cinematográfica de obras literarias. Para ello se abordarán ejemplos concretos de películas ya existentes, así como la técnica de síntesis y creación que requiere este ejercicio. Del mismo modo, comentaremos obras literarias que hayan suscitado diversas adaptaciones.
A medida que se avance en la profundización sobre el campo de los relatos, se elaborarán ejercicios prácticos que culminarán en la elección de una obra, su análisis y el posterior desarrollo de un guión final, ya sea en forma de cortometraje o largo.


PROGRAMA

- Repaso cinematográfico de las adaptaciones literarias más emblemáticas.
- La novela, el relato y la obra teatral como fuentes de las adaptaciones cinematográficas.
- La elección de la obra. ¿Cuando un relato es cinematográfico?
- La adaptación libre ¿Traición u obligación?
- La técnica de la adaptación: síntesis y creación
- Trabajo final: elaboración de un cortometraje o largometraje adaptado (en función del tiempo).
Lugar: Jardín de Lola Castro (Antón Martín)
Precio: 90 mensuales
Duración: 3 meses
Inicio: Febrero 2008

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Días difíciles


Estamos inmersos en una mala racha en las últimas semanas.

Se nos fue Fernando Fernán-Gómez, ese genio de la escena, la pluma y el ingenio. Con él, perdimos de verdad, de verdad, al último exponente literario de la generación del 98. Esto lo discutiría mucha gente, pero a mí siempre me pareció que el señor Fernán-Gómez era una especie de Azorín barojiano o Baroja Azoriniano con buen corazón, altura ética y talento para la escena.

Por desgracia, en los obituarios y homenajes, primará la faceta escénica y cinematográfica del hombre. No obstante, por lo que sé de él (cosas que he leído y que me han dicho amigos comunes) sus vertientes más relevantes eran la de persona y escritor por este orden. Hace muchos años cayó en mis manos El mal amor, que si no recuerdo mal, fue finalista del Premio Planeta en el año 1987. Pues bien, aquella novela me impactó por lo exquisito de su forma, lo inteligente de su construcción y lo cojonudamente escrita que estaba.
Fernando Fernán-Gómez era un sabio. Descanse en paz, o en cachondeo, según le pille.


También durante estos días, hemos vivido un recrudecimiento de las tensiones en España por cuestiones de terrorismo. Qué cansancio0 y qué hartura.

Es muy difícil que en este país alguien sea serio con las cosas de ETA. Falta perspectiva, sobra fanatismo y existen demasiados lugares comunes. Si la alta política no estuviera en manos de imbéciles, gansteres, leguleyos, empresarios y rapiña capitalista otro gallo (rojo) cantaría. ETA le viene tan bien al PP y al PSOE como a los bancos, a las televisiones y a las marujas de Telemadrid. Les viene tan bien como a la propia ETA. No hay voluntad de acabar con ella, porque tendrían que ponerse a hablar de las cosas serias: la vivienda, el sistema, las desigualdades económicas, la subida de los alimentos, la corrupción, el saqueo inmobiliario, el hambre, la miseria, etc.

Y mientras tanto, nadie sabe muy bien por qué, sigue muriendo gente mientras los políticos, lejos de intentar solventar el problema, mueven peones, se atrincheran, diseñan estrategias, hablan sin decir nada y salen en la foto con el único objetivo de detentar el poder.
Y luego está el fürhercito ese de la AVT, el señor Alcaraz, que lo mejor que podría hacer es añadirle una "t" a su nombre e instalarse allí lejos de todos nostros. A mí me hace mucha gracia que haya gente, que por el mero hecho de ser víctima del terrorismo, se crea con potestad de intervenir en política y pretenda decidirla como si alguien le hubiese cedido esa potestad. Que se dedique a lo suyo, que pida mejoras para su colectivo, pero que no se meta donde no le llaman. Pobre España. Qué cantidad de cafres.
Mucha gente dirá que los únicos responsables de estas muertes son los asesinos que empuñan las pistolas. Es cierto. Pero eso no quiere decir que nadie de los de arriba, y cuando digo nadie es nadie, esté dispuesto a acabar con el asunto. No van a quedarse sin la gallina de los huevos de votos, perdón, de oro.
La verdad es que resulta feo juntar a Fernando Fernán-Gómez y la clase política dirigente en un mismo post. Son la cara y la cruz de un país, la cara y la cruz de España. Quizá esas sean las dos españas de las que hablaba Machado: la lista y la tonta, la republicana y la monárquica, la roja y la azul, la ácrata y la institucional, la izquierdista y la reaccionaria (inclúyase al PSOE que se lo está ganando), la de Fernado y la de Losantos.

Qué hartura. Y siempre se van los mejores...

sábado, 17 de noviembre de 2007

La voz de los locos

Hablemos de literatura.

La poesía, decía Celaya, es un arma cargada de futuro. El verso es hermoso y quizá, en el momento concreto en que lo escribió, podría ser cierto.
Ese tiempo pasó en cualquier caso. Ahora la poesía es el arte más a la baja de todos. No hay lectores ni poetas destacables, salvo algunas honrosas excepciones.
Entre ellas se alza la figura inclasificable de Leopoldo María Panero, aquel alcohólico, ex-convicto y esquizofrénico que denunciaba los complejos de Edipo y Electra en El Desencanto, que rompía con su discurso amorfo y descastado la dulce versión de la familia franquista.
Leopoldo ha escrito algunos de los versos más trágicos, más desloadores, más iconoclastas que leí jamás. La moral desparaece en su poesía, lo intelectual muere al semen, los conceptos se desangran ante la catarata de locura cuerda, las convenciones sociales gimen, violadas por la sinceridad de la pòesía. Es único e incomprendido.

Vi a Leopoldo hace un par de años en una caseta de la Feria del libro de Madrid. Antonio Huerga me invitó a tomar una cerveza con ellos y claro, no puede negarme. Para mí era como sentarme con Rilke y hablar de poesía. La cosa salió mal.

Panero estaba destruido, le habían destruido. Pasó todo el tiempo con la mirada perdida, sin hablar e intentando meterle mano a la camarera. Ni siquiera pudo rubricar el ejemplar de su último poemario que yo había comprado en la caseta.
En sus ojos había algo remoto, un vestigio de tristeza. Pensé, cuando me despedí de ellos y eché a andar por las calles de Madrid, que les debe pasar a todos los genios, a los auténticos artistas. Es como en esa novelita de Balzac, La obra maestra desconocida. Nadie los comprende, les toman por locos y terminan así, sin remedio. Es algo inherente a la creación, puesto que nunca se alcanza el arte puro, porque el arte puro es la vida, el semen, la sangre, todo aquello que Panero siempre ha tratado de expresar y ha rozado con la punta de los dedos como pocos.


El declive físico de Panero es evidente. El declive mental no tanto. Porque los locos por lo general, suelen ser más certeros y más lúcidos que el resto. Porque la voz de los locos es la voz desposeida de ese filtro que no hace sino negar nuestra naturaleza, la invariable sed, la pulsión perpetua. Ese maldito filtro que para ser un artista, para ser un poeta, para ser un escritor es necesario rasgar, ese maldito filtro que llamamos cultura, moral, convicción, religión o ideología. Dejo unos versos suyos, que hablan por sí solos. Unos versos que me persiguieron desde que una tarde me inundaron y agarraron y que nunca me han soltado.

No es tu sexo lo que en tu sexo busco

sino ensuciar tu alma: desflorar

con todo el barro de la vida

lo que aún no ha vivido.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La Gracia de Dios

No me gusta la demagogia. No me gustan, y por ello trato de no caer en sus redes, los argumentos y los personajes demagogos. Padezco una profunda aversión al populismo y a lo popular.

Por todo ello, y a pesar de que en el ámbito de la izquierda política Hugo Chávez sea un personaje que ha logrado cimentar cierto prestigio, jamás he compartido esperanzas en su forma de proceder, su cantinela paranoica y sus constantes payasadas de militar megalómano. Me interesan algunos de los aspectos del llamado "Socialismo del Siglo XXI", pero su vocero, el señor Chávez es, a mi juicio, el mayor escollo para que dicha idea se desarrolle y convierta en una realidad.
Ahora bien, este señor ha sido votado por un pueblo (y con gran porcentaje, dicho sea de paso) y representa los intereses del mismo. Este señor está a la misma altura que cualquier otro Jefe de Estado y no tiene por qué aceptar que un reyezuelo le diga que se calle.
Juan Carlos de Borbón, el principito que fue designado por Franco para sucederle, es también un Jefe de Estado. Eso sí, con la diferencia de que aquí no le ha votado nadie. A Jaime Peñafiel y el resto de "intelectuales" monárquicos les podrá parecer un Rey cojonudo, que lleva muy bien el protocolo, que hace unas exquisitas labores de embajador español en el resto del mundo y que además, la tiene muy larga. Allá ellos.



El problema es que a mí lo que diga Peñafiel me la suda. El problema es que el Borbón no tiene legimitad para representar a nadie, porque nadie ha delegado en él esa potestad. El problema es que me dan naúseas cuando le veo increpando a Chávez, llorando en el funeral de un criminal como Hassan II o haciendo de carabina en el balcón del Palacio de Oriente al lado de su mentor mientras éste justifica ante una muchedumbre de fascistas el fusilamiento de cinco seres humanos. Ni yo ni cualquier otro ciudadano le hemos dado permiso para representarnos de este modo.
En este país, que me gusta, pero que es de pandereta, no se puede hablar del Rey. En este país valen más las portadas del Hola que la historia. En este país no se cuestiona nada porque todo está bien como está. Pues lo lamento, pero yo no lo escondo. El señor Juan Carlos de Borbón me parece un personaje prescindible, que lleva viviendo toda la vida de los réditos acumulados por no apoyar una intentona golpista de cuatro militares y guardia civiles locos. Ya está bien, oiga. Nadie discute que actuó bien, pero es que tampoco había otra forma de hacerlo. No se puede estar por encima del bien y del mal sólo porque un día te guiaste por el sentido común.
Ya está bien, digo, porque la corona, para quien no lo sepa, es una institución feudal, que otorga el mandato de una nación a un señor por cuestiones sanguíneas y por la Gracia de Dios. Y es que Dios es lo que se cree este hombre, que manda callar a Chávez y se ausenta cuando otro Jefe de Estado, Daniel Ortega, denuncia algo tan evidente como que las empresas españolas llevan décadas explotando y saqueando los recursos de las naciones latinoamericanas.

Estoy y espero que se me perdone el lenguaje, hasta los cojones de la familia real, con sus asignaciones, sus portadas de revista, sus cierres de periódicos, sus adictos a la cocaína, sus paralíticos, sus amantes cabareteras, sus nietos, sus leonores, sus premios, sus llantos en funerales, etcétera. Estoy hasta los mismos de la campechanía, la popularidad y el valor que supuestamente han demostrado. Porque no son ciertos, porque si el Rey sale en moto para irse a una casa de putas está en su derecho, pero no significa nada más allá de que es un putero y que le gustan las motos.

Ya está bien, hombre. Que los españoles no somos idiotas por mucho que los periodistas que salen en la televisión parezcan sacados del zoológico. No estoy abogando por la República, porque me parece que estaría de más, estoy abogando porque esta gente se pire de una vez, se meta en los palacios que construyeron con el expolio colonial y no nos ponga más en ridículo.

Por cierto, que todo esto, venía porque Chávez se metió con Aznar. Dios los cría y ellos se juntan, por su gracia, por la Gracia de Dios, que a mí particularmente, no me hace ni puta gracia.
Dejo un link gracioso, para el que quiera disfrutar

viernes, 2 de noviembre de 2007

Halloween

No me suelen gustar las fiestas norteamericanas, eventos como el Día de Acción de Gracias, el 4 de julio u otras manifestaciones festivas de un país sin historia. Sin embargo, Halloween es siempre una excusa perfecta para desempolvar la capa y disfrazarme de uno de los personajes cinematográficos que más me han fascinado desde que era un crío: Drácula.
Sin duda alguna, el personaje encarna su más alta expresión cinematográfica en la versión de la Hammer Film, protagonizada por el seductor y animal Christopher Lee, uno de los mejores actores del género de terror de todos los tiempos.

Recuerdo cuando vi por primera vez Drácula, príncipe de las tinieblas. Tenía seis años y desde entonces, siempre he querido ser el Príncipe Vlad, ese ser alto y delgado que, con su sola mirada, helaba la sangre de las imponentes chicas Playboy de la Hammer.
Luego leí la novela y vi todas las películas que me fueron cayendo en las manos sobre este personaje. Nunca tuve dudas. Christopher Lee era el mejor. No me disgustaban Lugosi, Langella y por qué no, Gary Oldaman. Pero la comunión entre la vertiente animal, sexual y romántica del personaje, brillaba en los ojos de Lee tras morder el cuello, levantar la vista y paladear la sangre con un leve movimiento del maxiliar inferior mientras los ojos se le teñían de rojo.

Aquellos que me conocen saben que soy el defensor más brutal del Drácula de Lee. Ni siquiera en las últimas y delirantes películas (Drácula 73, Los ritos satánicos de Drácula o el Drácula De Jesús Franco) pierde un ápice de la esencia del mito. Un buen amigo me contó que en realidad, el actor británico era un burgués conservador y soso. Debe ser cierto aquello de que si admiras a alguien, lo mejor será que no lo conozcas. De todas formas me da igual. Porque el personaje y su alter ego cinematográfico me han dado algunos de los mejores momentos que he pasado frente a una pantalla.
De vez en cuando, si encuentro una excusa relativamente válida, dejo a Álvaro en casa y me disfrazo de Drácula. Y es que al fin y al cabo, el escritor (permítaseme que me lo considere) es de la misma sustancia que el vampiro; un ser de la noche que aprovecha la sangre de sus víctimas para nutrir su forma de vida, un conde solitario que sale en busca del cuello hermoso de una joven (o de un joven, según los gustos).

martes, 30 de octubre de 2007

Diez razones para escribir

Aquellos que queremos dedicar nuestra vida al oficio de escritor (entre otras muchas cosas) solemos plantearnos muy a menudo una cuestión fundamental: ¿Por qué carajo escribimos? ¿Cuales son los verdaderos motivos que nos impulsan a encender el ordenador y teclear durante horas?
Nunca las he escrito, al menos que yo recuerde. Daré diez razones escogidas al azar, sin excesiva solemnidad y sin pensarlo mucho.
  1. Escribo porque me gusta.
  2. Escribo porque siempre he buscado un lector o mejor dicho, una lectora, que me acompañe en otras lecturas, en otras aventuras.
  3. Escribo porque tengo Ego y muy desarrollado. Me gusta que me den palmaditas en el hombro, qué le vamos a hacer.
  4. Escribo porque es mejor que beber (excepto cuando beber es mejor que escribir).
  5. Escribo porque me interesa la vida, porque tengo mala memoria y porque conozco a tantos personajes y me pasan tantas cosas raras, que si no las escribiera, nunca me lo perdonaría (supongo que esto nos pasa a todos).
  6. Escribo porque me divierte escribir, porque me fascina crear mundos y vidas.
  7. Escribo porque es lo único que, mejor o peor, sé hacer para ganarme la vida dignamente.
  8. Escribo porque al hacerlo me despojo de vestidos morales, intelectuales y sociales y puedo abrir la mente y entender ciertas cosas, que nunca entendería si no las escribiese.
  9. Escribo porque de mayor quiero ser trapecista y no puta.
  10. Escribo porque me gustan los libros, porque desde que era un embrión propenso a la nicotina y los güisquis, he soñado con ir en el metro y ver a una señora fina y de derechas leyendo un libro mío y llorando de emoción.

En fin, todo son pajas mentales.

sábado, 27 de octubre de 2007

Introito interruptus

Lo primero, supongo, es explicar el por qué del título del Blog.

La razón hay que buscarla en un poema que escribí hace ya muchos años que llevaba ese título. El caso es que para mí, la puta y el trapecista representan el amor puro y el no amor, el amor impuro.


Antes, influido por algunos cantautores de dudoso perfil ideológico, pensaba que la prostitución era un oficio mítico y en cierto sentido, hermoso. Ma bastó trabajar en un reportaje periodístico sobre el tema para comprobar mi craso error. No hay nada más triste, más humillante, más horrible y más inhumano que pasar frío en la Casa de Campo esperando que un tipo sudado y feo se pare junto a ti, baje la ventanilla y regatee contigo para conseguir una mamada a buen precio.

Por otro lado, los trapecistas simbolizan la otra cara de las relaciones humanas. Pensadlo: un hombre y una mujer penden del trapecio a veinte metros de altura. Debajo está el suelo. Ella se suelta y él alarga el brazo derecho. Si el tipo no la coge, ella se cae y se mata. Pero confía y sus manos se unen.

Eso es el amor, saltar al vacío esperando que el otro trapecista alargue la mano y no te suelte. Eso es el amor puro, claro está.

Todos somos un poco trapecistas y un poco putas (esto último, sobre todo, los guionistas). Me gustan más los primeros, aunque en mi caso, por si las moscas, saltaría con red. Es decir... con condón.